Una novela, infinitas conexiones: llega un taller sobre Casa de hojas de Mark Z. Danielewski

El escritor e intelectual argentino Agustín Conde De Boeck dictará un taller sobre el libro "Casa de hojas, de Mark Z. Danielewski. Una forma de desentrañar una "novela de terror vanguardista", que marca a sus lectores.

Por Daniel Medina14 min de lectura
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Una novela, infinitas conexiones: llega un taller sobre Casa de hojas de Mark Z. Danielewski
Una novela, infinitas conexiones: llega un taller sobre Casa de hojas de Mark Z. Danielewski

Resumen para apurados

Hay talleres de literatura que proponen una lectura y hay otros que abren una biblioteca entera alrededor de un libro. El taller sobre La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski, que dictará Agustín Conde De Boeck, pertenece a esta segunda clase. Su propuesta no consiste simplemente en acercarse a una novela de culto, sino en recorrer las múltiples conexiones que la obra establece con Borges, Lovecraft, Levrero, Gibson, Farrés y otras zonas de la literatura y el pensamiento contemporáneos.

Conde De Boeck llega a este curso con una trayectoria especialmente fértil para abordar una obra tan compleja.  Ha escrito libros sobre Alberto Laiseca y, en otro de sus talleres, se internó en la obra de Pablo Farrés, demostrando una combinación poco frecuente de conocimiento, generosidad intelectual y capacidad para establecer conexiones luminosas entre autores, libros, géneros y tradiciones que, a primera vista, parecen distantes. Esa manera de leer —capaz de convertir un texto en la puerta de entrada a muchos otros— es precisamente uno de los atractivos centrales de esta propuesta.

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Ese conocimiento también se plasma en cada una las novelas escritas por Conde De Boeck: libros que atrapan a los lectores y los arrastran al barro del disfrute y la exigencia.

Durante cuatro meses, el taller propone volver sobre La casa de hojas desde distintos ángulos: su estructura, su materialidad, sus juegos tipográficos, sus laberintos, sus vínculos con el terror y la literatura experimental y, sobre todo, la enorme biblioteca que se despliega detrás de sus páginas. No hace falta haber leído la novela ni llegar con respuestas: el objetivo es entrar en ella acompañado por alguien dispuesto a seguir sus pasadizos, detenerse en sus detalles y mostrar cuánto puede esconder un libro cuando se lo lee con verdadera curiosidad. Los encuentros serán quincenales, con modalidad sincrónica y asincrónica, y quedarán grabados para los participantes.

Este taller ha sido la excusa de esta entrevista: poder hablar con el que más sabe con una de las novelas que más he disfrutado en mi vida.

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1. ¿Qué tiene La casa de hojas que hace que, tantos años después de su publicación, siga siendo un libro que genera fascinación y desconcierto? La casa de la novela es físicamente imposible: por dentro resulta más grande que por fuera. ¿Qué te interesa de esa idea como mecanismo literario?

Creo que estamos en un tiempo en que ciertas profecías culturales de los años ochenta y noventa comienzan, recién ahora, a adquirir un estatuto de realidad material, palpable. Hay una carga fóbica hacia la tecnología que comienza en esas décadas de fin de siglo a dar forma a una tesis sobrenatural sobre el fin de lo humano. Mark Z. Danielewski publica la novela en cuestión en el año 2000, en un punto de viraje entre cierta leyenda urbana y cierta cultura oculta (ocultura, como diría Nick Land) construida en torno al VHS y la televisión (la tradición que va de Poltergeist y Videdrome a El proyecto de la bruja de Blair) y un mundo en ciernes, que era el laberinto daimónico de la emergente Internet, esa configuración babélica de espacios virtuales arborescentes, rizomáticos, en estado de permanente autosofisticación, que se siguen recreando y replicando a sí mismos a perpetuidad, dependientes de cada vez menos control humano. Creo que la idea-núcleo de la novela de Danielewski alrededor de la cual gira toda la experimentación formal que plantea, la de una casa más grande por dentro que por fuera, contiene in nuce la hipótesis de que detrás la simulación de la vida, tras bastidores, detrás de lo que experimentamos a través de los sentidos, se despliega una vasta urdimbre fundamental de la realidad, pasible de ser expresada visualmente como un espacio liminal absoluto, una geometría no-euclideana, topológicamente imposible. Y esta idea no sólo bebe de los espacios materiales que el capitalismo tardío fue cimentando y fabricando en serie como parte de la anómica y anónima paisajística minimalista cotidiana (los famosos no-lugares de los que habla Marc Augé: aeropuertos, shoppings, estacionamientos, oficinas), sino que reconduce a una imagen crecientemente arquetípica de nuestra época, acaso antesala de lo que será la tecnosingularidad del futuro inmediato: la de una humanidad reducida a un espacio muerto, purgatorial, donde se juega la infraestructura total de lo que llamamos mundo.El mecanismo literario de la pocket dimension, del bolsillo dimensional, el efecto Tardis, por llamarlo de alguna manera, se ve sobrepasado en la novela por la conjetura, por el vértigo especulativo: un elemento que ya no remite a la eficacia de una trama narrativa, sino a la perpetuación de una imagen recurrente en la que la humanidad pareciera insistir.Creo que esa fascinación que emana La casa de hojas se vuelve todavía más vertiginoso hoy que en su momento de aparición hace un cuarto de siglo. La extraña perpetuación de se imaginario se patentiza en la pervivencia con que insiste como imagen recurrente en cierto cine extraño de la última década, en películas como Skinamarink de Kyle Edward Ball, Vivarium de Lorcan Finnegan o la muy reciente The Backrooms de Kane Parsons. Podría hablarse en este sentido de un terror liminal contemporáneo, que ya en cierto modo estaba anticipado en la iteración que Kubrick hace de El resplandor en 1980.

2.¿Cómo explicarías La casa de hojas a alguien que nunca lo leyó sin reducirlo simplemente a "una novela de terror"?En todo caso se habla de "novela de terror vanguardista", lo cual es en todo caso una nomenclatura simplista y a la vez fatalmente precisa.Es cuestión de abrir el libro y observar la disposición de su diagramación, de su diseño, de sus niveles textuales, de sus paratextos… Es la pesadilla borgeana realizada: palabras en diferentes colores, tipografía mutante, textos escritos al revés, de forma espejada, un aparato de notas al pie absolutamente desmesurado, un montaje aparentemente caótico de material de archivo. En este sentido, es claro que el libro, al proyectar su distorsión a su propia materialidad como objeto, se plantea como un enigma barroco y como un juego de trampantojos, donde resulta difícil determinar la distancia entre signo y objeto… imposible no pensar en el arte nuevo de hacer libros de Ulises Carrión, con todo el fetichismo y el decadentismo que implica.Reducir la radical experimentación de La casa de hojas a su argumento de base (un hombre intenta medir, explorar y explicar un espacio doméstico que viola las leyes de la realidad) es en cierto modo traicionarla y perder de vista lo que la obra está haciendo. Asimismo, si reducir la novela al género de terror redunda en una lectura insuficiente, también es insuficiente reducir el género de terror a un etiquetado de marketing ficcional, cuando se trata de una continuidad directa con el basamento antropológico por el cual el humano busca conjurar la carga fóbica que le produce el mundo material a través de la invención de amenazas inmateriales. La misma cocina psíquica de la que proviene el mito y la religiosidad, es la que informa también la extraña pervivencia del horror bajo la forma de relatos encapsulados, puestos a circular de forma aparentemente inofensiva bajo los códigos de la cultura popular. Es decir, La casa de hojas es una novela de terror… pero es nada más y nada menos que una novela de terror.Johnny Truant descubre y pretende editar el estudio crítico que un tal Zampanò, un viejo ciego, escribe sobre un documental, The Navidson Record, acerca de la casa. Truant no accede al documental, a las imágenes, sino al relato y análisis que de éstas se hacen. Mientras trata de pesquisar la legitimidad de las referencias sobre la casa, incomprobables, la propia vida de Truant va colapsando, porque todo rima, todo está sostenido en un equilibrio precario de fuerzas. El misterio es siempre de segunda mano. Almotasim es siempre inalcanzable, como diría Borges. La forma del libro que nosotros vamos leyendo, donde todos los niveles de esta investigación metafísica se van superponiendo hasta la náusea, reproduce en sí misma el laberinto expansivo e inhóspito de la casa, con habitaciones dentro de habitaciones, corredores escherianos. Y, de hecho, el libro es, en cierto modo, la casa, una casa de hojas, un libro de arena.Ahora, podría decirse que, en cierto modo, La casa de hojas está a medio camino entre lo que podría ser un terror massmediático, de cuño narrativista, transido de todo un instrumental del realismo sucio norteamericano, como lo es Stephen King, y un terror experimental como el de Thomas Ligotti, fuertemente neoexpresionista, del que no en vano se predica ser una suerte de cruza monstruosa entre Lovecraft y Kafka. ¿Podría decirse quizás que La casa de hojas es Lovecraft+Oulipo?En todo caso, en un contexto contemporáneo, esta novela de Danielewski también termina acercándose inevitablemente a las búsquedas del aceleracionismo y el realismo especulativo contemporáneos (pensemos en la categoría filosófica de hiper-caos sostenida por Quentin Meillassoux para explicar lo real) o los tanteos en el horror cósmico y los recursos de hibridación de géneros que ostentan los autores de la llamada new weird, como China Miéville o Jeff VanderMeer. Igualmente, para el argentino que ya ha atravesado los incisos de la Enciclopedia de Tlön o los espacios oníricos de Levrero, la casa-libro de Danielewski va a resultar en cierto modo familiar.3.¿Qué aspecto del libro suele ser malinterpretado o simplificado cuando se habla de él?En todo caso, es de las malas lecturas de donde suele salir la creación de mitos. Creamos mitos interpretando mal. El problema no está usualmente en la mala lectura, sino en la simplificación. Hablar de terror de vanguardia, esperar o exigir eficacias narrativas, fetichizar el hermetismo formal… Es la bidimensionalidad de tales etiquetas, destinadas a conjurar la rareza en lugar de ahondarla. La obra de Danielewski, como toda obra de gran ambición estética e intelectual, tiene sus vicios y virtudes. En el futuro probablemente una hoy inimaginable humanidad lea La casa de hojas, Fanged Noumena de Land, Ciclonopedia de Negarestani o Las series infinitas de Farrés como partes de un mismo gran libro anónimo, de una misma mitología pretérita con la que sus antepasados intentaron construir instrumentos simbólicos para sobrevivir psicológicamente a uno de los mayores vértices civilizatorios de la especie.4. No quiero hablar de boom o de cierto éxito comercial del terror en Argentina o Latinoamérica. Y sé que esto excede el curso: pero qué diferencia notás entre autores hoy de moda en el país, que escriben terror, y La casa de hojas, si es que ves a la casa de hojas como un libro de "terror". ¿Hay autores argentinos dialogando con la literatura de Danielewski? ¿Farrés, quizá?En un máximo nivel de exigencia cognitiva, uno podría decir que, pensando siempre en el contexto de la literatura angloamericana, la distancia entre la new weird y sus antecedentes contemporáneos es abismal. La diferencia entre una novela de China Miéville y un relato de Thomas Ligotti, o entre una novela de Jeff VanderMeer y una de M. John Harrison, marca claramente la cisura que puede registrarse entre una literatura "fina" de mercado, capaz ocasionalmente de arribar a alguna imagen extraña, a algún hallazgo formal, y una escritura sacrificial, martirizada en su propia tiniebla psíquica y que siempre va a operar como una patografía, por usar una expresión de Libertella. En este sentido, Danielewski también está a medio camino… ya hay un sentido de la oportunidad literaria, del kairós, pero también hay una apuesta radical por el gasto inútil, por la exacerbación de un pathos casi privado, de experimento mental, de exploración cognitiva real…Es probablemente ostensible a esta altura que en Argentina hay un sucursalismo de la weird fiction angloamericana, por lo general bastante inofensivo, y, por otra parte, proyectos que, en las antípodas, postulan un plano de experimentación y de extrañamiento, una propensión a escenificar de forma compleja un subsuelo psíquico colectivo y operar ahí una especie de traumatología. En ese sentido señalo, como diálogo potencial con Danielewski (o Ligotti o Negarestani), experiencias de una especie de teoría-ficción especulativa que pueden localizarse, por ejemplo, en proyectos vastísimos como los de la narrativa de Pablo Farrés o las filosofías post-metafísicas de Fabián Ludueña Romandini o Germán Prósperi. Ahí creo que se está jugando algo que ya ni siquiera tiene que ver con la literatura o la filosofía en un sentido material, algo que, dispénsenme la hipérbole, probablemente remita a una cierta revelación ontológica.En este preciso sentido, creo que vale la pena releer La casa de hojas cuando, pasado cierto tiempo prudencial, la novela supera la saturación y caricaturización que tuvo en una primera recepción, y de repente sus premisas comienzan a esbozar nuevas exigencias. Es como si la novela, pasado un cuarto de siglo, exigiera que no se la leyera como literatura, sino más bien en relación con el objeto que construye.5. ¿Qué debería llevarse alguien del curso que nunca leyó la novela?Hay varios ejes de enriquecimiento, por llamarlo de alguna manera, que puede resultar de una lectura colectiva y mapeada de Danielewski. Por un lado, la inevitable biblioteca que, como una red, se tiende sobre la novela. Cómo La casa de hojas puede ser un punto de cruce, hacia atrás o hacia adelante, a otras zonas: a Borges, a Nick Land, a Lovecraft, a Gibson, a Negarestani, a Cartarescu, a Farrés, a Levrero…Por otro lado, está el descubrimiento del proyecto creador del propio autor. Danielewski no insiste en el terror experimental, pero sí en la experimentación. La casa de hojas tiene en todo caso las claves para luego acceder a proyectos ambiciosísimos como lo es la novela por entregas The Familiar. Danielewski tenía la idea de una saga monumental y entrópica de 27 volúmenes. El costo de producción hizo que la editorial se bajara en el quinto volumen, donde se detuvo por ahora la saga. Danielewski creo que entiende en este sentido que el fracaso es el nombre secreto de toda verdadera vanguardia. Por otra parte, está su western titánico, la reciente Tom's Crossing, que yo creo que es su rendición de cuentas con Blood Meridian de Cormac McCarthy.Finalmente hay otra cuestión, que yo creo todavía más cardinal y que quienes vienen haciendo talleres sobre literatura conmigo desde hace años saben que es son mis principales núcleos de insistencia: por un lado, la cuestión del paradigma de la complejidad, la idea de que, ante la simplicidad hegemónica naturalizada en la literatura y el arte en general en el contexto del capitalismo tardío, sólo la multiplicidad de elementos, la densidad simbólica y la autoexigente composición semiológica puede permitir. No se trata de una fetichización de la forma, sino de la pertinencia dialéctica que el laberinto tiene para expresar la incertidumbre con que experimentamos nuestra contemporaneidad. Como decía Leónidas Lamborghini: "alegorías, sí, pero complicadísimas". Entonces, en primer lugar, la apuesta por la complejidad (no en vano La casa de hojas abre en su momento todo un debate acerca de lo que se denominaba literatura ergódica, que en cierto modo anticipa la vindicación actual del maximalismo como respuesta casi situacionista, retaguardista y desaceleracionista ante la disminución ideatoria de este siglo. El otro núcleo sería el del atavismo, el de la pervivencia de la tradición, el retorno de signos arcaicos, de mitos provenientes de la ancestralidad humana y cuya instrumentalidad exhibe siempre una inmortalidad heurística. Toda verdadera vanguardia y los textos complejos y traumáticos que la componen operan en el fondo como sagradas escrituras, exigiendo en la aceptación del misterio, una hipótesis de superstición.6.¿Y qué puede descubrir alguien que ya la leyó y cree que entendió de qué se trata? ¿Cómo se enseña un libro que deliberadamente se resiste a una interpretación única? ¿Hay una manera "correcta" de leer La casa de hojas o parte de su propuesta consiste justamente en que cada lector construya su propio recorrido?La doxa es inevitablemente el punto de circulación de toda lectura. La incertidumbre no se puede disipar en nombre de una virtud hermenéutica. El que cree haber entendido algo, siempre ya entendió algo. Este curso en todo caso puede demostrar que esa comprensión es siempre vicaria, parcial, y que los mapas se abren desmesuradamente hacia puntos cardinales expansivos. La idea es reproducir en el máximo nivel de detalle todos los meandros y matices de la exploración que plantean tanto los personajes como el propio autor ante el hiperobjeto arcano y sublime que encuentran.No se enseña el libro, en todo caso, sino la cartografía liminal que pueda capturar algunas zonas de su complejidad. Suena relativista, por supuesto, suena a ese refugio postmodernos de "no hay realidad, sólo interpretaciones". Yo soy bastante esencialista y suelo evitar los subterfugios sobre la imposibilidad de asir un sentido. Yo creo que se puede asir ese sentido elusivo, sólo que, en determinadas obras desmesuradas de la imaginación humana, parte de ese sentido consiste en experimentar el vértigo del límite, la radical ajenidad siniestra que provoca encontrarse ante lo que San Agustín llamada el grande profundum, el gran misterio.7.¿Por qué decidiste dar un curso específicamente sobre La casa de hojas? ¿Qué te sigue dando el libro que necesitás volver sobre él? ¿Qué te sigue inquietando?Como ocurre con otras escrituras, la sospecha de que Danielewski escribió literatura, pero que la voz daimónica que lo se lo dictó concibió algo que no viene del lugar común de donde viene las palabras.

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