Trabajar y cuidar: el costo invisible de sostener a un familiar
El 75% de quienes cuidan a un familiar también tiene un trabajo remunerado, pero la posibilidad de compatibilizar ambas responsabilidades cambia según la situación laboral. El 44% de las mujeres afirma que el cuidado le impide sostener un proyecto personal.

Cuidar a un familiar no siempre implica dejar de trabajar. En muchos casos significa sumar una segunda responsabilidad que consume tiempo, descanso y posibilidades de desarrollo personal. Un estudio de la Universidad Austral mostró que el 75% de quienes realizan tareas de cuidado también tiene un empleo remunerado.
La situación se vuelve más difícil para quienes no cuentan con condiciones laborales que permitan afrontar esa responsabilidad. El acceso a licencias alcanza al 53,7% de los trabajadores formales, pero cae al 17,1% entre quienes tienen empleos informales y al 9,5% entre los independientes.
El impacto recae especialmente sobre quienes asumen el cuidado como responsabilidad principal. El 60,6% de las mujeres cuidadoras ocupa ese lugar, frente al 44,4% de los varones. Entre ellas, el 44% asegura que el cuidado le impide sostener un proyecto personal y el 54% que no logra descansar lo suficiente.
La carga también tiene una dimensión económica cotidiana: el 54,3% de los cuidadores brinda algún tipo de sustento económico a la persona asistida, además de ocuparse de alimentación, salud, compañía y acompañamiento emocional.
Según la escala utilizada por los investigadores, el 40,8% de los cuidadores principales atraviesa una sobrecarga intensa. La proporción llega al 50% cuando la persona cuidada tiene una discapacidad.
A pesar del desgaste, el 95,7% encuentra aspectos gratificantes en cuidar, principalmente por el cariño y el tiempo compartido. El desafío, plantea el estudio, es que esa tarea pueda sostenerse sin que quienes cuidan tengan que resignar descanso, trabajo o sus propios proyectos.
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