Secuelas del "efecto Lula" en la economía argentina
El escenario más favorable para la Argentina es que el presidente brasileño no solo es crecer, sino evitar una mayor depreciación del Real
Resumen para apurados
La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva de hace una semana ha dejado una estela no sólo política, sino también económica y financiera en América latina, en general, y en la Argentina, en particular. En lo político, está claro que no se pueden predecir los resultados y el mercado ha tomado eso en cuenta para saber qué puede pasar en futuros comicios en la región. El Riesgo País de la Argentina cerró la semana en 787 puntos básicos, una muestra de la intranquilidad bursátil. La gestión del presidente Javier Milei, que en 2027 irá por la reelección, ha tomado nota de ese escenario y, frente a las dudas, reafirma que no modificará el rumbo económico, como tampoco prevé volatilidad cambiaria durante el año electoral.
El "efecto Brasil" tiene implicancias en la Argentina: el principal socio comercial del país crecería a un ritmo moderado en 2027, mantiene desequilibrios fiscales relevantes y, tras el resultado electoral, registró una fuerte depreciación de su moneda. Para la economía argentina, los dos canales centrales a seguir serán justamente esos: por un lado, cuánto pueda crecer Brasil y, por otro, qué ocurra con el real, cuya depreciación le agrega tensión al frente cambiario local, advierte Invecq Consultora Económica. Además, tuvo un impacto inmediato en la plaza bursátil local.
Brasil es el principal socio comercial de la Argentina. En lo que va de 2026 explicó el 16% del intercambio total de bienes: las exportaciones hacia ese destino sumaron U$S 9.789 millones (13% del total) y las importaciones U$S 12.005 millones (21%). Esa participación, sin embargo, es menor a la de otras épocas: entre 2000 y 2015 promediaba el 24% del comercio exterior. El vínculo, además, ha sido históricamente deficitario para la Argentina: desde 2000, el saldo bilateral solo fue positivo en 2000-2002 y 2019, expone la consultora.
La relevancia de Brasil no pasa solo por el volumen, sino también por la composición: más del 60% de las ventas a ese mercado son manufacturas de origen industrial, con vehículos y sus partes como principal producto (44% del total), seguidos de lejos por cereales (9%), lácteos (6%) y combustibles y energía (6%), entre otros. Para varios sectores, además, es un destino difícil de reemplazar: concentra el 65% de las exportaciones argentinas de vehículos y sus partes, el 60% de las de plástico y sus manufacturas, y en torno al 40% de las de lácteos y de aparatos mecánicos. Incluso en rubros de menor escala su peso es casi total, con más del 90% tanto en fibras sintéticas o artificiales discontinuas como en plomo y sus manufacturas. A esto se suma el canal de la inversión: Brasil es el cuarto país con mayor stock de inversión extranjera directa en la Argentina (6,2% del total), mientras que en términos de flujos explicó el 9% en los últimos 12 meses, ubicándose en el séptimo puesto, señala Invecq. "Con esta exposición comercial, lo que ocurra con su nivel de actividad resulta determinante, y allí el frente fiscal aparece como el principal foco de atención", advierte. El correlato es una deuda que gana peso por su propia dinámica: el déficit se financia con más deuda, que a su vez eleva la carga de intereses, subraya Invecq.
El desafío para el nuevo mandato de Lula será sostener el crecimiento en un contexto de tasas todavía elevadas, sin profundizar los desequilibrios fiscales. Las proyecciones para 2027 muestran una economía que seguiría expandiéndose, pero sin demasiado dinamismo: el relevamiento de expectativas del Banco Central do Brasil (BCB) estima 1,3% para el año que viene y 1,8% para este, cuando venía de crecer 3% en promedio durante 2022-2025. Para la Argentina, esto supone que el canal comercial debería seguir aportando demanda -en particular para las manufacturas industriales-, aunque difícilmente pueda esperarse un gran impulso. Al mismo tiempo, la posibilidad de una política fiscal expansiva enfrenta una restricción evidente: con deuda elevada y un costo de financiamiento alto, un deterioro adicional de las cuentas públicas podría mantener las tasas altas por más tiempo y terminar limitando el propio crecimiento brasileño.
El segundo canal, y el que mostró una reacción más inmediata al resultado electoral, es el cambiario. Al día siguiente del balotaje, el Real se depreció 8,8%, a R$ 5,35 por dólar y cerró la semana en R$ 5,47. Más allá de la sobrerreacción inicial del mercado, la dinámica cambiaria será una variable relevante para la Argentina: un Real más débil reduce la competitividad de las exportaciones argentinas frente a la producción brasileña, presiona sobre sectores que compiten con importaciones y afecta el turismo, fundamenta. Así, el escenario más favorable para la Argentina no depende simplemente de que Lula consiga sostener el crecimiento, sino de que pueda hacerlo sin profundizar el desequilibrio fiscal y sin que esa incertidumbre termine traduciéndose en una depreciación persistente del Real, finaliza Invecq.
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