¿Salir corriendo o quedarse en el lugar?: la manera de actuar ante un terremoto

Ante la reciente actividad sísmica registrada en la región en este 2026, la tentación de evacuar a toda velocidad puede resultar más peligrosa que el propio temblor.

Por Luisina Acosta4 min de lectura
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¿Salir corriendo o quedarse en el lugar?: la manera de actuar ante un terremoto
¿Salir corriendo o quedarse en el lugar?: la manera de actuar ante un terremoto

Resumen para apurados

Son muchos los factores que pueden aumentar la fragilidad ante un terremoto y que van más allá de su intensidad o profundidad. La estructura de las viviendas, la planificación urbana, la gestión estatal y la reacción individual durante la contingencia resultan decisivos para marcar la diferencia entre la supervivencia y una tragedia. Ante la actividad sísmica registrada recientemente durante este 2026 en la región sudamericana —con episodios en Venezuela, Colombia y Perú—, conocer los protocolos reales de actuación se vuelve indispensable.

Para quienes nunca han experimentado una sacudida de gran escala, la referencia suele reducirse a la ficción cinematográfica. Sin embargo, en la vida real, intentar evacuar en medio del remezón o tomar decisiones impulsivas puede ser una trampa mortal. ¿Conviene correr hacia la calle apenas empieza a temblar la tierra o es mejor buscar refugio bajo un mueble seguro?

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Las recomendaciones del Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci) de Perú —país de alta sismicidad en la placa sudamericana— aclaran que la respuesta no es única, sino que depende de la fuerza del movimiento y debe abordarse en tres momentos clave.

La primera reacción instintiva de muchas personas suele ser huir hacia la salida. Sin embargo, si el movimiento es violento, correr inmediatamente hacia la calle es un error recurrente. La prioridad absoluta durante los primeros segundos debe ser ubicarse en un área segura interna previamente identificada dentro del inmueble (como el encuentro de columnas y vigas o bajo mesas sólidas).

La explicación física es simple: durante un terremoto fuerte, mantener el equilibrio resulta sumamente difícil o casi imposible. Intentar bajar escaleras, cruzar pasillos o atravesar puertas mientras el suelo tiembla expone a la persona a desplomes graves, cortes por vidrios rotos o el impacto de objetos que colapsan. Si el sismo impide caminar erguido, la indicación es desplazarse agachado o gateando hacia el rincón seguro más cercano.

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Una vez que el remezón principal se detiene, comienza la segunda etapa: la desocupación del lugar. Es en este instante donde sí corresponde abandonar la vivienda o el edificio, utilizando rutas de retiro que deben estar despejadas con anterioridad.

Cabe señalar que el repliegue posterior tampoco debe transformarse en una carrera desesperada. Es fundamental mantener la calma, coordinar el descenso en orden y priorizar la asistencia de niños, adultos mayores, personas con movilidad reducida y mascotas. El uso de ascensores debe descartarse por completo durante y después del evento sísmico ante posibles cortes de energía o fallas mecánicas.

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Llegar a un perímetro seguro externo (plazas, parques o áreas despejadas lejos de cables y estructuras altas) no marca el fin de la urgencia. El tercer momento consiste en permanecer en el sector exterior y esperar las indicaciones de las autoridades.

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Uno de los mayores peligros posteriores es el retorno apresurado a las viviendas. Aunque un edificio parezca intacto por fuera, puede haber sufrido daños estructurales invisibles a simple vista o quedar expuesto ante las habituales réplicas. El reingreso solo debe realizarse cuando los organismos competentes confirmen que el entorno es seguro.

Además de las fallas en la salida de los inmuebles, existen falsas creencias populares sobre la sismicidad. Una de las más extendidas es pensar que la acumulación de sismos leves o moderados "libera la energía" y evita la llegada de un terremoto mayor.

Especialistas en gestión de riesgo aclararon en este 2026 que los temblores menores no liberan suficiente energía para contrarrestar la deformación de las placas tectónicas en zonas de silencio sísmico. Por lo tanto, un temblor pequeño no invalida la posibilidad de un evento de gran escala en el futuro.

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Ningún protocolo resulta efectivo si no se ha planificado con anticipación. Un terremoto puede sorprender a la familia de madrugada, durante la jornada laboral o cuando los niños están en la escuela.

Por ello, se insiste en estructurar un plan familiar de urgencia que responda a distintos escenarios y horarios. Este debe definir a los encargados de asistir a familiares vulnerables, fijar puntos de encuentro fuera del hogar y mantener lista una mochila de imprevistos personalizada (con medicación específica, insumos básicos, agua y alimentos no perecederos). Identificar los puntos débiles del hogar y realizar simulacros periódicos son los pasos fundamentales para que, ante la crisis, la reacción instintiva sea la correcta.

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