RollingCode abrió sede propia en Buenos Aires para dictar comisiones presenciales
La escuela de programación que nació en Tucumán en 2019, sin inversores detrás, ya formó a más de 500 egresados que trabajan en tecnología. Esta temporada sumó una sede propia en Buenos Aires y lanzó una promo de invierno con 50% OFF para arrancar el segundo semestre.

Walter Juárez Rivas, Pablo Frías y Juan "Jhonny" Guzmán se conocieron estudiando Ingeniería en Sistemas. Después cada uno tomó caminos distintos, hasta que el destino los volvió a cruzar en un proyecto conjunto. De ahí en más empezaron a trabajar cada vez más juntos, y en 2019 decidieron dar un paso más: crear algo propio. En el camino se habían topado con un problema muy concreto: no conseguían desarrolladores calificados para contratar. Decidieron resolverlo de la manera menos obvia: en lugar de seguir buscando el talento, formarlo ellos mismos. Así nació RollingCode, que hoy ya formó a más de 500 egresados que trabajan en tecnología y que esta temporada sumó una sede propia en Buenos Aires para dictar clases presenciales, además de su base histórica en Tucumán y su modalidad online para todo el país.
Franco Ruiz fue uno de los primeros becados de RollingCode en Tucumán. Antes de encontrar su lugar en la programación probó varias carreras universitarias y trabajos distintos, en un entorno donde no tenía referentes tecnológicos cerca. Dice que lo que más le aportó la escuela no fue solo lo técnico, sino el acompañamiento: entender los desafíos reales de la industria, aprender a trabajar en equipo y animarse a medirse con otros, algo que lo ayudó a perder la sensación de estar solo en el proceso. Desde ahí construyó una carrera que pasó por Mercado Libre, Globant y Platzi, hasta llegar a su puesto actual como Senior Software Engineer en Amperity, una compañía de software con sede en Washington, Estados Unidos. Hoy aconseja a quienes recién empiezan a no temerle a la Inteligencia Artificial sino usarla como una herramienta más, y recuerda que programar no es un don sino el resultado de la práctica constante. Ver su historia completa.
Agustín Indarte y Nahuel Flores son amigos desde chicos, de Monteros. Se conocieron en la Escuela Técnica N° 1 de esa ciudad, donde eligieron informática en un contexto en el que la mayoría se inclinaba por electromecánica. En una visita escolar a RollingCode se imaginaron por primera vez trabajando en tecnología. Años después, cuando Agustín detectó que faltaba automatizar procesos en una organización donde trabajaba, llamó a Nahuel para encarar juntos ese primer proyecto, recién recibidos y sin experiencia previa armando un sistema de gestión complejo. Cuentan entre risas que al principio no sabían ni cotizar su trabajo —arrancaron presupuestando "un pancho y una coca"— hasta que, apoyados en la comunidad de RollingCode, aprendieron a valorar lo que hacían, a documentar y a gestionar clientes de forma profesional. Ese proyecto se convirtió en Cefindex, la empresa de desarrollo de software que hoy tienen entre los dos. Ver su historia completa.
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Andrés Cuello tiene 25 años y es de Tucumán. Venía de una tecnicatura en electrónica cuando, en plena pandemia, empezó a mirar tutoriales de programación por su cuenta y terminó anotándose en RollingCode en abril de 2020, con una computadora tan limitada que tuvo que instalarle Linux para poder trabajar. Se recibió de FullStack y hoy destaca que lo que más le sirvió no fue solo el lenguaje técnico, sino aprender a pensar con lógica frente a problemas reales, en equipo, con metodologías ágiles. Después de sus primeros pasos como desarrollador mobile, pasó por una consultora vinculada a Microsoft especializada en IA y servicios en la nube, y hoy integra el equipo que desarrolla un asistente para la aplicación de Naranja X. Su consejo para quienes están por arrancar: la falta de oportunidades es un mito, el trabajo llega para quienes se mantienen en movimiento y no dejan de aprender. Ver su historia completa.
Son perfiles distintos entre sí, de distintas edades y puntos de partida —un becado que llegó a Estados Unidos, dos amigos de Monteros que armaron su propia empresa, un chico que estudió con una computadora prestada en plena pandemia— con un mismo punto en común: pasaron por RollingCode y hoy trabajan en tecnología, muchos de ellos sin haber tenido que dejar su ciudad para conseguirlo. Es lo que en la escuela llaman el "sueño tucumano": acceder a trabajos de nivel internacional sin tener que emigrar. Con la nueva sede, esa posibilidad ahora también está disponible en Buenos Aires de forma presencial.
Es una pregunta que Juárez Rivas viene respondiendo hace tiempo, en más de una nota de este diario. En octubre de 2025 lo planteó con una comparación directa: "La inteligencia artificial potencia todo lo que uno sabe. Si no tenés las bases, no te va a servir de nada" (nota completa acá). Meses después, durante Encuentros LA GACETA Educación 2026, lo resumió con otra fórmula: "Tu resultado es igual al conocimiento que tengas multiplicado por la inteligencia artificial" (nota completa acá).
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Es la misma lógica que atraviesa hoy los cursos de RollingCode: usan IA todos los días para escribir código más rápido y mejorar la productividad, pero sostienen que frente a un problema complejo, sigue siendo necesario entender cómo funciona todo por detrás. Por eso la escuela no dejó de enseñar las bases técnicas, incluso mientras suma formación específica en Inteligencia Artificial para desarrolladores a su oferta de cursos.
Nada de esto arrancó con una gran inversión detrás. RollingCode nació en Tucumán en 2019, de una necesidad muy concreta y con recursos limitados. Sus propios fundadores describen esos inicios como una etapa "kamikaze": se lanzaron sin gran estructura, pero con una visión clara de lo que querían construir. Sin fondos externos ni respaldo corporativo: fueron ellos mismos quienes pusieron el capital inicial, dieron las primeras clases y armaron la escuela con lo que tenían a mano.
Siete años después, tres de ellos siguen al frente de las operaciones: Walter Juárez Rivas, Pablo Frías y Jhonny Guzmán. El cuarto, Diego Flores, dejó las operaciones hace más de dos años para dedicarse a otros negocios.
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Entre los tres llevaron ese primer piso alquilado en pleno centro de San Miguel de Tucumán y extendido a Buenos Aires a un ecosistema con tres patas: la escuela (School), un estudio de desarrollo de software para clientes (Studio) y un espacio de coworking (Work).
Ese ecosistema tiene una pata que no es un detalle menor: RollingCode Studio (www.rollingcodestudio.com), la empresa de software del grupo, que desarrolla proyectos para otras compañías —incluidos sistemas de control aplicados a pozos petroleros en Vaca Muerta—. Es lo que le da a la escuela buena parte de su ventaja: RollingCode enseña en las aulas lo mismo que hace todos los días en Studio para sus clientes. Los mejores egresados de la escuela pueden sumarse directamente a Studio y trabajar en esos proyectos de alta complejidad. Es, en cierto modo, la explicación de por qué la escuela funciona: no enseñan programación en abstracto, enseñan su propio oficio.
"Nunca tuvimos un gran inversor detrás. Lo que tuvimos fue la convicción de que si a nosotros la programación nos había cambiado la vida, podíamos ofrecerle lo mismo a otra gente. Cada egresado que consigue trabajo es la prueba de que esa apuesta a pulmón funcionó."
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— Walter Juárez Rivas, cofundador y CEO de RollingCode School
Desde el día uno, RollingCode se puso un objetivo que en 2019 sonaba desmedido: formar al menos 10.000 desarrolladores y llevar la propuesta a las ciudades más importantes del Norte argentino. La apertura de Buenos Aires es un paso en esa dirección, pero no el único: la escuela también apuesta a un "círculo virtuoso" propio de la región, en el que sus egresados primero consiguen trabajo en grandes compañías y, con el tiempo, vuelven a fundar sus propias empresas de base tecnológica.
Es la misma idea que atraviesa hoy la promo de invierno: cuantas más personas se sumen, más rápido se mueve esa rueda.
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Con esa misma lógica de bajar la barrera de entrada, RollingCode lanzó su promo de invierno con 50% OFF, válida hasta fin de julio, en todos los cursos y modalidades: Tucumán, Buenos Aires y online. La idea es simple: que más gente pueda dar el salto a la industria tecnológica justo cuando arranca la etapa del año en la que más se decide un cambio de rubro, y que ni el precio ni la distancia sean la excusa para no animarse.
Válida hasta fin de julio de 2026, en todos los cursos y modalidades (Tucumán, Buenos Aires y online). Inscripciones en web.rollingcodeschool.com.
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