Perdón, pero Argentina-Inglaterra ya es el monotema
En pleno festejo, antes de hablar de la clase obrera albiceleste que anoche fue al paraíso, hay que aterrizar en el futuro inminente. De lo que será el monotema de aquí hasta el miércoles. Argentina-Inglaterra…

En pleno festejo, antes de hablar de la clase obrera albiceleste que anoche fue al paraíso, hay que aterrizar en el futuro inminente. De lo que será el monotema de aquí hasta el miércoles. Argentina-Inglaterra en las semifinales de un Mundial es literatura de altísimo vuelo; música sinfónica de primera; la mejor película de Hitchcock. Si hasta aquí la Selección fue un sufrimiento que no podemos parar, ¿qué nos deparará "el" partido? Justo 40 años después de la obra cumbre de Diego vuelve, como un imperativo de nuestro destino futbolero, el cara a cara más especial de todos.
No podía ser de otro modo en esta Copa en la que Argentina tiene prohibido avanzar si no es a costa de sangre, sudor y lágrimas. Yendo a un suplementario con Suiza más por culpas propias que por brillos ajenos. Tacañería pura, comodidad, baja de decibeles... póngale el rótulo que más apropiado considere. Fue necesario el empate de los suizos y la inesperada expulsión de Embolo para sacar al equipo de esa falsa zona de confort y lanzarlo hacia adelante. Ya había sucedido contra los egipcios: ¿hacen falta tantos pinchazos para motivar la reacción?
Entonces entra en escena Julián. Pasaban los partidos y Julián parecía con la cabeza en otra galaxia, hasta que bajó a tierra en el instante preciso y regaló belleza. Pocas cosas tan exquisitas como la parábola de una pelota que se empecina en meterse en el ángulo, mientras el arquero vuela y el tiempo queda suspendido. El golazo coronó la actuación que se esperaba de Julián, con el bonus track que implicó robarle la ilusión a Xhaka con una barrida y generar el 3 a 1.
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En fin, a no engañarse: ganó bien Argentina. Debió haber resuelto todo con mucha anticipación, pero está claro que la música no es la misma de Qatar. Lo dijo el propio Scaloni; no siempre se puede jugar así. Por eso la importancia de MacAllister marcando como lo hizo más de una vez en Liverpool, o de Lautaro definiendo como le es habitual en Inter. Si el 10 no alcanza las prestaciones de costumbre, pues bien, son sus escuderos los llamados a dar la cara. Y respondieron. Sin Messi, son jugadores de élite en ligas top; con Messi al lado, pasan a ser la clase obrera que lo secunda. Fue la clave del campeón de 2022, será fundamental para lo que viene.
Y lo que viene es "el" partido. Ya se habían cruzado en Mundiales después de la gesta maradoniana del Azteca. Fue victoria por penales en los octavos de final de Francia 98 y derrota en la primera ronda de Japón-Corea 2002. Pero ahora hay algo distinto. Será por el aniversario redondo de México 86; será que Diego lo verá desde otro plano; será que Argentina-Inglaterra en una semifinal mundialista amenaza con aniquilar 48 millones de corazones. O será que para Messi su last dance puede trascender la épica hasta zonas insospechadas.
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