Messi y la moda: la camiseta que todavía falta en su archivo

Coordinación editorial: Fernanda Bringas @muy_fer_Durante veinte años, el pelo largo, los trajes discutidos, los botines y las camisetas de Lionel Messi fueron marcando las etapas de una carrera. Nunca…

Por Sol Garcia Hamilton8 min de lectura
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Messi y la moda: la camiseta que todavía falta en su archivo
Messi y la moda: la camiseta que todavía falta en su archivo

Resumen para apurados

Coordinación editorial: Fernanda Bringas @muy_fer_

Durante veinte años, el pelo largo, los trajes discutidos, los botines y las camisetas de Lionel Messi fueron marcando las etapas de una carrera. Nunca necesitó construir un personaje alrededor de la moda. Primero se convirtió en Messi y, desde entonces, todo lo que llevó puesto adquirió una historia. Hoy, frente a España, una nueva camiseta espera su lugar en esa memoria.

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La camiseta que Lionel Messi usará esta tarde ya tiene el número 10 en la espalda, el escudo de la Selección, las tres estrellas y el diseño elegido para el Mundial de 2026. Lo único que todavía no tiene es una historia.

Puede quedar asociada a una celebración, a una derrota, a un abrazo entre compañeros o a una fotografía que todavía nadie pudo tomar. Por ahora es apenas una prenda deportiva. Después de la final contra España, puede convertirse en una de las piezas más reconocibles de una carrera que lleva veinte años atravesando Mundiales.

¿En qué momento una camiseta deja de ser solamente una camiseta? La respuesta suele estar en aquello que sucede mientras alguien la lleva puesta. En el caso de Messi, además, cada prenda termina conectada con una versión anterior de él: el adolescente de pelo largo y número 19, el ganador del Balón de Oro vestido con lunares, el capitán de barba que levantó la Copa en Qatar. Sin haberse propuesto construir un personaje desde la moda, cada etapa de su imagen terminó convertida en archivo.

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En junio de 2006, Messi entró a la cancha durante el segundo tiempo del partido entre Argentina y Serbia y Montenegro. Tenía 18 años, llevaba el número 19 y todavía usaba el pelo largo que hoy permite identificar aquella época incluso antes de mirar la camiseta. En pocos minutos dio una asistencia y convirtió su primer gol mundialista.

Fuera del campo, su imagen respondía a los códigos de los primeros años del nuevo milenio: jeans amplios, zapatillas deportivas, buzos y remeras que no parecían elegidos para iniciar una conversación sobre estilo. En las primeras ceremonias, muchas veces se veía a un futbolista que había aprendido a moverse entre defensores antes que entre fotógrafos. La alfombra roja todavía parecía una obligación incluida en el premio.

No había en ese Messi una identidad pública construida alrededor de la ropa. Eso no significa que desconociera la moda ni que no existieran marcas trabajando con su imagen. A diferencia de otros deportistas que hicieron de cada llegada a un estadio una pasarela, él parecía reservar su capacidad de expresión para otro lugar.

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Lo resumió hace poco, después de uno de los partidos de este Mundial: "A mí me gusta jugar al fútbol". La frase no contiene una estrategia de posicionamiento ni una definición sofisticada de su legado. Contiene, apenas, aquello que Messi siempre pareció querer hacer.

La relación más visible de Messi con la moda comenzó a cambiar alrededor de 2010, cuando Dolce & Gabbana lo incorporó a sus campañas y empezó a vestirlo para distintas apariciones públicas. Los diseñadores explicaron entonces que les interesaban su historia, su crecimiento y la determinación que mostraba al jugar, más que su cercanía con el modelo tradicional del futbolista convertido en maniquí.

En los años siguientes, las ceremonias del Balón de Oro tuvieron una pequeña competencia paralela. Estaba el premio y estaba el traje de Messi. En 2011 apareció con terciopelo; al recibir el galardón correspondiente a 2012 eligió un esmoquin negro con lunares blancos; un año después llegó vestido de rojo. Algunos diseños fueron celebrados, otros produjeron memes y más de uno consiguió disputarles espacio en los titulares a sus récords deportivos.

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Sería fácil mirar aquellas fotografías desde 2026 y convertirlas en un ranking de errores. También sería poco interesante. Los trajes permiten contar algo mejor, que cada uno quedó asociado a una etapa. Los lunares ya no son solamente un estampado, son una coordenada temporal. El rojo devuelve a un año, un escenario, un peinado y una manera distinta de habitar la fama.

Messi no consiguió que una generación de hombres saliera a comprar esmóquines de lunares. Pero tampoco hacía falta, esas prendas entraron a su iconografía porque él las usó mientras acumulaba premios y se convertía en una figura global. No fueron necesariamente tendencia, pero sí memoria.

La imagen del adolescente fue desapareciendo de manera gradual. Se acortó el pelo, llegaron los tatuajes, la barba ocupó un lugar estable y, durante un breve período, también apareció un rubio platinado que parecía confirmar que hasta Messi podía atravesar una fase de experimentación capilar. La ropa cotidiana se volvió más ajustada; los trajes, salvo algunas excepciones, más sobrios.

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No hay pruebas suficientes para atribuir toda esa transformación a un plan minucioso. También puede leerse como algo más natural: el paso de los años, la exposición constante y el aprendizaje inevitable de una persona que lleva desde la adolescencia delante de las cámaras. En algún momento dejó de parecer un chico al que habían vestido para recibir un premio y empezó a llegar a las ceremonias con una imagen reconocible.

Por otro lado, los tatuajes introdujeron otra clase de archivo. Allí aparecen vínculos familiares, referencias personales y símbolos ligados a su recorrido. En vez de conservar la historia únicamente en camisetas, fotografías y trofeos, parte de esa biografía comenzó a acompañarlo sobre la piel. No hace falta descifrar cada dibujo para entender la diferencia entre el cuerpo casi infantil de 2006 y el capitán que hoy está listo para otra final del mundo.

Su estilo adulto tampoco se construyó desde la extravagancia. Alterna ropa deportiva, jeans, remeras, zapatillas, relojes y piezas de lujo sin convertir cada aparición en un escenario. Porque Messi, incluso cuando la prenda más barata de su look podría llegar a salir más de mil dólares, conserva cierta normalidad. La sofisticación llegó, pero no borró del todo al hombre que está pensando que, después de las fotografías, todavía hay un partido que jugar.

Hay futbolistas que utilizaron la moda para ampliar su identidad. David Beckham transformó los cortes de pelo, las campañas y la moda en partes centrales de su conversión en celebridad. Cristiano Ronaldo incorporó el cuerpo, el lujo y la exposición a una marca personal construida durante décadas. Jude Bellingham Y Erling Haaland pertenecen a una generación en la que las redes, las colaboraciones y la ropa forman parte desde el inicio de una carrera.

Pero Messi tomó otro camino, porque no necesitó presentarse como experto en moda para que la moda quisiera estar cerca suyo. Algunos jugadores se vuelven reconocibles por su estilo; en su caso, el estilo se volvió reconocible porque ya lo era él.

Eso es lo que significa decir que, también en términos fashion, "Messi es Messi". No se trata de una explicación mágica ni de afirmar que cualquier prenda que se ponga se convertirá automáticamente en tendencia. Significa que su identidad posee un peso anterior al vestuario. Puede volver memorable una camiseta sencilla, instalar un botín dentro de la historia del deporte o conseguir que una fotografía publicitaria sea reconocida en lugares donde ni siquiera se comparte el mismo idioma.

Louis Vuitton entendió esa capacidad en 2022. La casa reunió a Messi y Cristiano Ronaldo frente a un tablero de ajedrez armado sobre un maletín Damier y encargó la fotografía a Annie Leibovitz. Ninguno necesitó llevar un conjunto experimental, el valor estaba en reunir a las dos figuras y trasladar su rivalidad a los códigos del lujo. Meses después, Messi protagonizó en soledad la campaña de equipaje Horizons Never End, fotografiada por Glen Luchford. Ya no aparecía únicamente como deportista invitado por una marca, sino como parte natural de su narrativa sobre viajes, permanencia y legado.

En mayo de 2026, Kith y Adidas presentaron una colección dedicada a los veinte años del debut mundialista de Messi. Kith, fundada en Nueva York por Ronnie Fieg, construyó buena parte de su identidad a partir de colaboraciones, relatos personales y una manera contemporánea de trabajar con la nostalgia. Era, por lo tanto, un socio bastante lógico para entrar en la historia del número 10.

La propuesta no fue solamente imprimir su apellido sobre una remera. Recuperó el número 19 de 2006 y lo colocó junto al 10 actual; cruzó camisetas deportivas con denim, camperas, zapatillas y hasta sastrería. El Messi adolescente y el de 39 años quedaron reunidos dentro de una misma colección. Según Kith, Fieg y el futbolista trabajaron durante un año para elegir y ajustar las piezas.

Adidas profundizó la misma operación con El Último Tango, presentada en junio. La colección recupera la silueta de los botines F50.6 TUNIT de los primeros años de su carrera y suma una remera inspirada en las camisetas argentinas de sus seis Mundiales. La marca la anunció como un homenaje a su última participación en el escenario mundialista, algo que no equivale a confirmar cuál será su último partido con la Selección.

FOTO 13

La moda futbolística atraviesa, además, un momento dominado por las camisetas retro, las reediciones y las prendas que convierten el fanatismo en vestuario cotidiano. Durante este Mundial, las casacas antiguas aparecieron en tiendas especializadas, producciones de moda, looks de celebridades y colaboraciones que ya no necesitan llegar a un estadio para encontrar sentido. Lo vintage ofrece algo que una prenda nueva todavía no puede garantizar: una historia conocida.

Y es que el caso de Messi tiene una particularidad, las marcas ya revisitan su pasado mientras él todavía sigue produciendo imágenes nuevas. Hoy puede sumar otra a todas las que ya conocemos.

Mientras esperamos descubrir qué historia llevará puesta, queda también un deseo menos relacionado con la moda y mucho más fácil de explicar: que, cuando esa camiseta sea recordada, tenga una cuarta estrella.

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