Martín Kohan: "La literatura tiene recursos para incomodar, desafiar e inquietar"

El escritor y ensayista brindó la conferencia inaugural del XXIII Congreso Nacional de las Literaturas de la Argentina, que se desarrolla en la Universidad Nacional de Santiago del Estero. Durante dos horas habló sobre las palabras, su sentido político y las…

Por Neri Casazola6 min de lectura
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Martín Kohan: "La literatura tiene recursos para incomodar, desafiar e inquietar"
Martín Kohan: "La literatura tiene recursos para incomodar, desafiar e inquietar"

El escritor y ensayista brindó la conferencia inaugural del XXIII Congreso Nacional de las Literaturas de la Argentina, que se desarrolla en la Universidad Nacional de Santiago del Estero. Durante dos horas habló sobre las palabras, su sentido político y las formas en que pueden ser manipuladas. Luego, en diálogo con EL LIBERAL, reflexionó sobre la literatura, la polarización, el oficio de escribir y la necesidad de preservar la complejidad frente al pensamiento binario.

Martín Kohan

Por Neri Casazola

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Martín Kohan: "La literatura tiene recursos para incomodar, desafiar e inquietar" Martín Kohan: "La literatura tiene recursos para incomodar, desafiar e inquietar"

Durante casi dos horas, en el Paraninfo de la Universidad Nacional de Santiago del Estero , el escritor, ensayista y docente universitario Martín Kohan  convirtió una conferencia titulada "Las palabras" en una extensa reflexión sobre aquello que hacemos con ellas y, sobre todo, aquello que otros pueden hacer con ellas cuando consiguen torcer su sentido. Y una compenetración que abordó toda su ponencia: literatura y política.

El auditorio estaba colmado. Investigadores, docentes, estudiantes, escritores y lectores llegados desde distintas universidades del país asistieron a la apertura del XXIII Congreso Nacional de las Literaturas de la Argentina, que este año propone pensar "Bajo el signo de lo múltiple: literaturas de la Argentina, lenguas, territorios y culturas".

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Kohan habló de las palabras demonizadas, estigmatizadas o cargadas de significados que terminaron deformando su sentido y/oa la inversa. Habló también de la responsabilidad de quienes trabajan con el lenguaje y de la necesidad de no entregar las palabras a quienes pretenden reducirlas a consignas. Pero hubo algo más profundo en su intervención: una defensa de la palabra como herramienta para pensar.

No se trató solamente de una conferencia académica. Kohan habló desde la literatura, pero también desde una tradición intelectual de la que se reconoce heredero: recordó su formación junto a Ricardo Piglia, Beatriz Sarlo y David Viñas, y evocó también a escritores como Sergio Chejfec . En ese recorrido apareció una concepción del intelectual que no se limita a producir conocimiento dentro de los claustros universitarios.

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"Hay que disponerse a hablar e intervenir en la vida pública y política, pero evitar el opinionismo", sostuvo. Para Kohan, el aporte específico de quienes trabajan con las palabras no consiste en sumar una opinión más al ruido público, sino en poner en juego aquello para lo que se han formado: "indagar, analizar, y la formación que tenemos nos ayuda porque estamos preparados para analizar discursos, formular conceptos y narraciones".

La intervención crítica, dijo, puede producirse también fuera de la universidad, especialmente en un escenario político y social como el actual. Y allí apareció una de las preocupaciones que atraviesan buena parte de su pensamiento: la simplificación.

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Después de su exposición, ya en una conversación mano a mano con EL LIBERAL , Kohan retomó esa cuestión al ser consultado sobre la polarización política y su posible efecto sobre nuestra capacidad de pensar.

Su respuesta fue casi una pequeña clase de literatura y pensamiento. "Toda reducción binaria es reductiva", afirmó.

Y enseguida llevó la idea a un ejemplo tan elemental como contundente: "Ni siquiera el día y la noche pueden reducirse estrictamente a dos momentos. El amanecer no es el mediodía; el mediodía no es la tarde; el comienzo de la noche tampoco es igual a su momento de mayor intensidad. Es difícil pensar en cualquier instancia de la realidad del mundo y de la vida que quepa en una dualidad de solamente dos términos", explicó.

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"Eso no significa negar la existencia de contradicciones o antinomias. Algunas oposiciones pueden ser necesarias para definir posiciones fuertes. El problema aparece cuando esa herramienta termina convirtiéndose en una forma de reducción permanente", aclaró. En tal sentido, para explicarlo recurrió a Domingo Faustino Sarmiento y su Facundo. Allí encontró un ejemplo extraordinario: "La oposición entre civilización y barbarie funciona como una estructura central del libro, pero el propio desarrollo de la obra termina desbordando la dualidad. Incluso cuando se sostiene una contraposición drástica la realidad termina siendo más compleja que el esquema que pretende explicarla".

Para entender su intervención en Santiago del Estero, Martín Kohan reivindicó la literatura y el pensamiento como espacios donde "todavía es posible demorarse, matizar, formular preguntas y resistir la comodidad de las respuestas inmediatas".

Borges, el escritor argentino

En su conferencia también apareció Jorge Luis Borges, "la gran figura de autor" de la literatura argentina. Hizo una distinción provocadora: Borges es probablemente "más conocido y admirado que leído". En su obra, sostuvo, existe una dimensión nacional y también se dirime una cuestión central de la literatura argentina: la presencia de lo popular.

La pregunta llegó después, ya en la mano con este diario:

P: ¿La literatura conserva todavía la capacidad de incomodar o incluso la provocación terminó convertida en contenido de consumo?

R: La literatura tiene esa capacidad, sin dudas, en la medida en que resista, en que logre resistir el gesto vacío de la provocación y la tendencia fuerte a que sea lo que sea pueda terminar reducido a objeto de consumo. Creo que la literatura tiene recursos para incomodar, desafiar, inquietar, sin caer en ninguno de esos riesgos, porque como bien advertiste en la pregunta: en las condiciones existentes ya desde hace mucho tiempo, incomodar, inquietar puede ser una práctica de consumo también y la provocación ha perdido la radicalidad de lo que mueve, de lo que sobresalta para pasar a ser, como se dice hoy preponderantemente, chicana y bardeo.

P: ¿Qué es más difícil, encontrar una buena historia o encontrar la forma correcta de contarla?

R: La literatura no transcurre en una separación de formas y contenidos; o pensando independientemente la historia que se cuenta de la manera en que se la cuenta. La forma constituye el contenido. La mejor de las historias posibles va a estar estropeada si la forma de narrar es inadecuada o falla.

P: Si pudieras volver a encontrarte con aquel Martín que todavía había publicado su primer libro ¿qué le advertirías sobre el oficio de escribir?

R: Me diría algo que ya le dije cuando yo mismo tenía 26 años, que es la premisa básica del impulso con la literatura: que disfrute de escribir sin que otras instancias, como el reconocimiento, los libros que se publican o se traducen, los premios que llegan o no llegan, están en juego. Que la premisa del vínculo con la literatura pase por la pasión y por el deseo. Y es lo que me diría ahora, todavía a mis casi 60 años.

Cuando terminó la conferencia, el auditorio lo despidió con un largo aplauso. Después de dos horas hablando sobre las palabras, Kohan había conseguido algo que quizás sea una de las mayores virtudes de la literatura: hacer que quienes escuchaban salieran de allí mirando de otro modo hacia donde todos usamos todos los días y que, justamente por eso, muchas veces dejamos de mirar.

Las palabras.

"Pueden nombrar, ocultar, tergiversar, herir, convencer, manipular. Pero también pensar. Como docentes e investigadores, que vivimos una época muy difícil, enseñemos eso, desde la universidad para afuera", cerró

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