Marina Senestro, de AmCham: "La ventana de oportunidades está abierta, pero no va a ser permanente"
La directora de Asuntos Gubernamentales de AmCham Argentina analizó el renovado interés de las empresas estadounidenses por invertir en el país, los sectores con mayor potencial y las condiciones que todavía faltan para transformar ese interés en proyectos concretos.

La directora de Asuntos Gubernamentales de AmCham Argentina analizó el renovado interés de las empresas estadounidenses por invertir en el país, los sectores con mayor potencial y las condiciones que todavía faltan para transformar ese interés en proyectos concretos.
Marina Senestro, directora de Asuntos Gubernamentales de AmCham Argentina. Analizó las oportunidades de inversión en el país.
Después de años de desequilibrios macroeconómicos, la Argentina volvió a estar en el mapa de los inversores. Para Marina Senestro, directora de Asuntos Gubernamentales de AmCham Argentina, la corrección del déficit fiscal, la inflación y otras distorsiones acumuladas modificaron el punto de partida y volvieron a poner al país en el radar de las empresas estadounidenses.
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La ejecutiva destaca el potencial que ofrecen los recursos naturales, la base productiva y el capital humano, aunque advierte que todavía hay condiciones por construir para que el interés se transforme en inversiones concretas. En ese sentido, señala la necesidad de avanzar en infraestructura, conectividad y una revisión de los esquemas tributarios, además de generar consensos que permitan sostener las reglas en el largo plazo.
En diálogo con Ámbito, Senestro repasó las oportunidades que aparecen para Argentina, el comportamiento de las empresas que ya operan en el país, el impacto de la apertura comercial y la convivencia entre una mayor estabilidad macroeconómica y un consumo todavía retraído. También destacó el potencial de la economía del conocimiento y el agro como sectores capaces de generar crecimiento, empleo y exportaciones.
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Periodista: Hace un año muchas empresas analizaban cómo reducir su exposición en Argentina y hoy se habla de un renovado interés por invertir. ¿Qué cambió realmente y qué falta para que ese interés se traduzca en proyectos concretos?
Marina Senestro: Lo que cambió es el punto de partida. La corrección de los desequilibrios macroeconómicos, el déficit fiscal, la inflación y las distorsiones acumuladas por años de intervención en la economía es la razón principal por la que la Argentina volvió a estar en el mapa como destino de nuevas inversiones.
Nuestro país cuenta con activos que pocos países reúnen en simultáneo. Somos una de las economías más grandes de América Latina, con recursos naturales abundantes, una base productiva diversificada y capital humano con capacidades reconocidas a nivel regional e internacional.
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Está claro que entre el interés por invertir y la decisión concreta hay condiciones en las que todavía hay trabajo por hacer. Por eso, creo que la pregunta es cómo hacemos para que este interés se transforme en oportunidades para todos y cómo construimos esas condiciones para lograrlo.
En ese sentido, desde AmCham vemos que, si bien la Argentina está recuperando previsibilidad y avanzando en nuevos acuerdos internacionales —como el ARTI—, todavía es necesario construir los consensos que permitan impulsar el desarrollo de infraestructura y conectividad, reducir las brechas territoriales y revisar los esquemas tributarios, de manera que el crecimiento económico se traduzca en más empleo y mejores ingresos para toda la sociedad.
Porque la ventana está abierta. Aprovecharla dependerá de nuestra capacidad para garantizar y sostener las condiciones que permitan consolidar inversiones, impulsar la competitividad y generar un desarrollo federal genuino.
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P: ¿Qué sectores concentran hoy las mayores consultas de empresas estadounidenses? ¿Dónde ve las mayores oportunidades de inversión en los próximos años?
MS:Estados Unidos sigue siendo el principal inversor extranjero en la Argentina, con presencia en sectores estratégicos como la industria manufacturera, la energía, la minería y los servicios financieros. Hoy, las mayores oportunidades de inversión se concentran especialmente en energía y minería, dos sectores con gran capacidad para impulsar el crecimiento, generar empleo y aumentar las exportaciones.
En energía, el potencial es enorme. Vaca Muerta, el desarrollo del GNL y las energías renovables posicionan a nuestro país como un actor relevante en el escenario internacional de inversiones. De hecho, se estima que, en 2026, la inversión energética global alcanzará un récord estimado de u$s3,4 billones, un 5% más que en 2025. De ese total, alrededor de u$s2,2 billones se destinarán a energías limpias, redes y electrificación, mientras que cerca de u$s1,2 billones se orientarán a petróleo, gas y carbón.
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La minería también ocupa un lugar destacado en la mirada del inversor. Su potencial ya lo comenzábamos a observar en los resultados del sector en 2025, con un récord de las exportaciones mineras por u$s6.037 millones, según el INDEC, y con la proyección de ubicarse entre u$s15.000 y 18.000 millones anuales en la próxima década.
Desde AmCham observamos que la combinación de reservas naturales, junto con la creciente demanda internacional y el apoyo de Estados Unidos para el desarrollo en nuestro país, posiciona a nuestro país como uno de los actores con mayor potencial de crecimiento dentro del mercado global.
P: En los últimos meses crecieron las compras y ventas de compañías, mientras que los anuncios de nuevas plantas o proyectos productivos son más puntuales. ¿Hoy es más fácil atraer inversores para adquirir activos existentes que para desarrollar inversiones desde cero?
MS: En AmCham representamos 42 sectores de la economía y vemos que la previsibilidad es un factor clave para cualquier tipo de inversión. Tanto un inversor que compra como uno que construye se hacen las mismas preguntas sobre el país, lo que cambia son los plazos de ejecución. Por eso, se necesita un marco regulatorio estable y un horizonte claro para el largo plazo.
Además, hay un punto que no hay que perder de vista: la Argentina no crece de manera significativa desde 2011. Recuperar esa productividad va a requerir las dos cosas, capital que reactive lo que ya está y capital nuevo que amplíe la productividad. El desafío no es qué tipo de inversión llega primero, sino sostener las condiciones para que lleguen ambas.
P: Muchas empresas destacan una mejora del contexto macroeconómico, pero al mismo tiempo señalan que el consumo sigue mostrando debilidad. ¿Cómo analiza esa convivencia entre estabilidad y una demanda todavía retraída?
MS: En AmCham vemos cómo en los últimos meses comenzaron a observarse señales positivas y niveles de estabilidad que nos permiten pensar en un cambio hacia el desarrollo de nuestro país.
De igual manera, estamos convencidos de que el crecimiento económico no puede estar disociado de mejoras para el conjunto de la sociedad. Los elevados niveles de pobreza, informalidad laboral y desigualdad siguen siendo uno de los principales desafíos estructurales de Argentina.


Un modelo de crecimiento sostenible debe traducirse en mayor empleo formal, un incremento del ingreso real y ampliación de oportunidades.
P: ¿Cuáles son hoy las principales preocupaciones de las empresas que ya operan en el país? ¿Qué temas aparecen con mayor frecuencia en las conversaciones con los CEOs de las compañías socias de AmCham?
MS: Tanto para las empresas que operan en nuestro país como para las nuevas que puedan ingresar, es clave garantizar niveles de previsibilidad, reglas claras y una visión mancomunada a largo plazo. Es el tema que atraviesa todas las conversaciones e industrias.
Otros asuntos relevantes son la simplificación del esquema tributario, los costos logísticos y de infraestructura, y la necesidad de un marco que permita planificar a diez o quince años, que es el horizonte de los proyectos productivos.
El RIGI, por ejemplo, se convirtió en un instrumento clave para resolver, de cierta manera, el problema del largo plazo. Por eso, resulta central expandir sus capacidades para mejorar el clima de negocios, impulsar las inversiones y garantizar más oportunidades y empleo para toda la ciudadanía.
P: En los últimos meses se observa una mayor apertura comercial. ¿Qué desafíos y oportunidades plantea este escenario para las empresas que producen en Argentina?
MS: En línea con lo anterior, el mayor desafío es garantizar un marco regulatorio estable y consensuado que rompa con el péndulo. Y ese marco debe estar acompañado de una simplificación de los esquemas tributarios en todos los niveles de gobierno.
Si logramos resolver esos desafíos, las oportunidades son enormes. El mundo está atravesado por conflictos y por políticas comerciales que llevan a las empresas a reconfigurar su entramado productivo y a establecer cadenas de valor confiables. En ese movimiento, la Argentina tiene mucho que ofrecer: recursos, capacidades y una relación bilateral en su mejor momento.
De hecho, frente a los últimos anuncios de Estados Unidos sobre el nuevo esquema arancelario, la Argentina mantuvo uno de los tratamientos más favorables. Lo que implica una señal concreta para el fortalecimiento del vínculo y una ventaja competitiva para nuestro país.
P: En sectores como energía, minería, economía del conocimiento y agroindustria se concentran gran parte de las expectativas. ¿Hay alguna actividad que hoy esté siendo subestimada y que pueda convertirse en un nuevo motor de inversiones?
MS: Como hablamos anteriormente, la energía y minería son hoy los sectores que concentran las expectativas. Sin embargo, en AmCham vemos de cerca el potencial de la Economía del Conocimiento.
Las exportaciones de servicios basados en la Economía del Conocimiento alcanzaron los u$s9.600 millones en 2025, un 8,1% más que el año anterior y el valor más alto registrado, según el INDEC. El impacto en el empleo es igual de relevante. En 2025 el sector superó los 285.000 puestos formales, con 9.000 empleos más que el año anterior y 17.000 más que en 2023, según datos de la Subsecretaría de Industria y Economía del Conocimiento del Ministerio de Economía. Son puestos de trabajo altamente calificados y distribuidos federalmente.
El otro caso es el agro. Históricamente, fue uno de los principales motores de desarrollo de nuestro país y hoy sigue siendo nuestro principal impulsor de exportaciones y divisas, con una fuerte capacidad para generar empleo y crecimiento a nivel federal. De hecho, en el primer semestre de 2026, las exportaciones agroindustriales alcanzaron un récord histórico de 63 millones de toneladas, un 15% más que en el mismo período del año pasado, por un valor superior a los u$s27.400 millones. No solo eso, sino que 37 complejos exportadores, que representan el 70% del volumen total, mostraron mejoras respecto de 2025.
Si bien no podemos decir que el agro es una actividad subestimada, tampoco podemos correr el foco de los desafíos que todavía tiene por delante. Para consolidar su crecimiento y maximizar su potencial, es clave generar mayor valor agregado, industrialización y diversificación, siempre y cuando alcancemos condiciones de competitividad que permitan sostenerlo.
Y aquí, tampoco podemos desasociar la discusión sobre UPOV 91, un acuerdo internacional que fortalece la protección de la propiedad intelectual sobre las nuevas variedades vegetales y estimula la inversión en investigación y desarrollo genético. De ese modo, favorece la incorporación de nuevas tecnologías genéticas capaces de elevar la productividad, mejorar la resiliencia climática y potenciar la calidad de los cultivos. Incluso, forma parte del ARTI, por lo que es una discusión que se tiene que dar en el Congreso Nacional.
P: En paralelo a los anuncios de inversión, también se multiplican los concursos preventivos, las reestructuraciones y las ventas de empresas. ¿Cómo explica esta convivencia entre sectores que muestran dinamismo y otros que todavía atraviesan una situación muy compleja?
MS: Los sectores vinculados a la exportación y a los recursos naturales están en un momento muy distinto al de los sectores más orientados al mercado interno, que enfrentan a la vez una demanda todavía retraída y una estructura de costos desafiante.
Lo que estamos viendo, en buena medida, es parte del dinamismo propio de una economía que se está reacomodando después de más de una década sin crecimiento. En ese proceso, también estamos viendo una reconversión de los modelos de negocio, es decir, empresas que están revisando sus estrategias, adaptando sus estructuras y buscando nuevas formas de competir en este nuevo contexto. De igual manera, lo importante es promover las condiciones para dinamizar la innovación, la inversión y la creación de empleo, acompañando la transformación de los modelos de negocio y generando un entorno que permita a las empresas adaptarse, crecer y volver a competir.
P: Si tuviera que mirar a los próximos dos años, ¿qué condiciones deberían darse para afirmar que Argentina volvió a consolidarse como un destino atractivo para la inversión privada de largo plazo?
MS: La condición principal es la previsibilidad, es decir, consensos que trasciendan ciclos políticos. A partir de ahí, es necesario un marco regulatorio estable; una simplificación tributaria en los tres niveles de gobierno; y atender los déficits de infraestructura y conectividad que hoy condicionan el desarrollo federal.
El desarrollo es posible cuando existe una visión de largo plazo y un compromiso conjunto del sector público y del sector privado. En AmCham, apostamos a una Argentina que vuelva a crecer, que genere oportunidades en todo su territorio y que se integre al mundo con una propuesta productiva sólida y sostenible.
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