Lula dio vuelta la elección en Brasil y prometió hacer el mejor gobierno de su vida
El mandatario revirtió la ventaja que había conseguido Flávio Bolsonaro en la primera vuelta. Tras el histórico resultado, atribuyó el triunfo a la defensa de la democracia y anunció cambios en la forma de gobernar.
Resumen para apurados
"No fui yo quien ganó estas elecciones. Lo que ganó fue la honradez, el nacionalismo, la democracia y el futuro que ustedes quieren para sus hijos", afirmó Luiz Inácio Lula da Silvaante sus seguidores, después de imponerse en el balotaje frente a Flávio Bolsonaro. Con esa definición, el presidente buscó darle un sentido político a una victoria que revirtió el resultado de la primera vuelta y volvió a poner en primer plano la profunda división del país más poblado de América Latina.
Las calles brasileñas se tiñeron de rojo pasadas las 21. Banderas, cánticos y abrazos comenzaron a multiplicarse entre los seguidores del mandatario, que salieron a festejar una remontada electoral que hasta hacía unas semanas parecía difícil de asegurar.
A las 21.08, hora de Brasilia, con el 97,69% de las secciones electorales totalizadas, el Tribunal Superior Electoral (TSE) dio por definida matemáticamente la elección, con Lula al frente con el 51,74% de los votos (62.641.973), frente al 48,26% (58.436.437) del opositor.
El triunfo tiene un valor histórico. Por primera vez desde el retorno de la democracia en el vecino país, en 1985, un candidato que había terminado segundo en la primera vuelta consiguió imponerse en el balotaje. El antecedente inmediato de esta elección había dejado a Lula en desventaja frente a Bolsonaro, que el 4 de octubre había obtenido el 47,03% de los votos válidos contra el 45,16% del presidente.
La remontada se produjo en una campaña marcada por la polarización, las discusiones sobre el costo de vida y la seguridad pública, y el peso político de Jair Bolsonaro, padre del candidato opositor y expresidente condenado por su participación en una trama golpista.
La disputa no solo definía quién ocuparía el Palacio del Planalto, sino también la orientación política de Brasil para los próximos años.
La votación había comenzado con una competencia ajustada y estuvo marcada por dificultades que llevaron a las campañas a reclamar cambios en el horario de cierre. Durante la tarde se denunciaron problemas en el transporte público de distintas ciudades, con reportes de reducción de la frecuencia de colectivos y dificultades para que los electores llegaran a los centros de votación.
Lula pidió ampliar el horario electoral ante las denuncias sobre obstáculos para trasladarse a votar en varios estados. Flávio Bolsonaro también solicitó una extensión en algunas zonas, aunque por razones vinculadas con las condiciones meteorológicas.
La controversia derivó en una decisión judicial de último momento. El ministro del Supremo Tribunal Federal Cristiano Zanin ordenó extender dos horas la votación en todo el país, hasta las 19. La resolución llegó cuando algunos centros ya habían cerrado y ciertas urnas electrónicas habían emitido sus reportes finales, lo que generó confusión sobre cómo aplicar la medida y obligó a interrumpir temporalmente la publicación de los resultados.
La discusión sobre el acceso a las urnas adquirió una dimensión política porque las dificultades se registraron en territorios donde ambos candidatos tienen distintos niveles de apoyo. El oficialismo sostuvo que los problemas podían afectar el derecho al voto, mientras que desde el espacio opositor surgieron cuestionamientos sobre la decisión de extender el horario y sobre sus efectos en el proceso electoral.
Cuando el recuento confimró la ventaja del mandatario, las celebraciones comenzaron a extenderse por las calles. La escena contrastó con la incertidumbre de las primeras horas y terminó de darle forma a una noche que quedará registrada por la remontada electoral.
Pero Lula no se limitó a celebrar el resultado. En su discurso, presentó la victoria como una derrota del negacionismo y la mentira, y agradeció especialmente a los jóvenes, las mujeres y los adultos mayores que participaron de la elección. También reivindicó el papel de quienes salieron a las calles para defender la democracia y de los votantes que, pese a las dificultades para trasladarse, llegaron hasta las urnas.
El presidente electo para un nuevo mandato advirtió, además, que el resultado no elimina las diferencias políticas que atraviesan a Brasil. "Nadie está obligado a apoyar al presidente electo, pero fue elegido para gobernar a todos", planteó al referirse a la relación con el Congreso, donde anticipó que deberá negociar con una composición más conservadora.
Uno de los anuncios más enfáticos estuvo dirigido a las plataformas digitales. Lula cuestionó la influencia de las grandes empresas tecnológicas en el proceso electoral y reclamó una regulación que permita tratar los delitos cometidos en internet con la misma seriedad que los que ocurren fuera del entorno digital.
El cierre del discurso estuvo marcado por una promesa personal. A pocos días de cumplir 81 años, Lula aseguró que dedicará su próximo mandato a gobernar para los 215 millones de brasileños, sin distinciones por región o religión.
La victoria le permitirá continuar al frente del país, con el desafío de traducir sus promesas en políticas concretas y construir acuerdos en un escenario político que sigue dividido.
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