Ludopatía desde el celular: "El Mundial fue una puerta de entrada a las apuestas"

La psicóloga Débora Blanca habló sobre el avance de las apuestas online entre niños y adolescentes

Por Redacción LA GACETA3 min de lectura
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Ludopatía desde el celular: “El Mundial fue una puerta de entrada a las apuestas”
Ludopatía desde el celular: “El Mundial fue una puerta de entrada a las apuestas”

Resumen para apurados

Un Mundial que reúne a las familias frente al televisor también puede abrir la puerta a un problema: las apuestas digitales avanzan cada vez más rápido y ya alcanzan a chicos de apenas 11 años. Ese fue uno de los puntos de partida de la conversación que Federico van Mameren mantuvo anoche con la psicóloga Débora Blanca en el programa Panorama Tucumano, por LG Play. La especialista, que trabaja desde hace más de dos décadas con personas con problemas de juego, describió un fenómeno que ya no se limita a los casinos: chicos cada vez más jóvenes que apuestan desde el celular, se endeudan y empiezan a tratar el azar como una forma de ganar dinero.

"Ese Mundial fue apodado el Mundial de las apuestas". Para la psicóloga, el fenómeno no fue una exageración: el torneo significó un aumento de personas que comenzaron a apostar y también provocó recaídas en quienes ya habían dejado de hacerlo. Pero Blanca advierte que el problema excede a este evento deportivo. El vínculo cada vez más estrecho entre fútbol, publicidad y apuestas deportivas genera una exposición permanente, incluso entre quienes todavía son niños. La especialista explicó que las apuestas online abrieron las puertas a una población que antes permanecía alejada de los casinos: "En nuestro país están apostando desde los 11, 12 años. Yo hace 23 años que trabajo en el campo, pero lo que estoy viendo en los últimos años es tremendo", sostuvo.

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La terapeuta remarcó que el fenómeno se observa principalmente entre varones y lo relaciona con la publicidad, el deporte y una idea que, según su mirada, atraviesa a muchos jóvenes: ganar dinero rápido. "Los varones quieren ser millonarios, quieren ganar plata. Este es el mandato de la época, esta es la marca de época: hay que ser millonario como sea, muy pronto, muy rápido, de manera inmediata y sin esfuerzo", explicó.

Las redes sociales y los influencers también forman parte de ese escenario. A eso se suma la existencia de sitios ilegales, donde los controles de edad son menores y el acceso puede ser extremadamente sencillo. Para describirlo, Blanca planteó un circuito de apenas tres pasos: "Con el primer clic entran al casino, aparece alguien que se llama cajero o cajera. A partir de ahí transfieren de la billetera virtual, es el segundo clic, y ya empiezan a apostar. Y cuando empiezan a complicarse las apuestas, el tercer clic es para pedir un préstamo".

La ludopatía, explicó, casi siempre termina dejando huellas económicas y familiares. "Siempre implica pérdidas, implica endeudamiento, implica mentiras, implica engaños, implica préstamos", enumeró la profesional. En ese recorrido aparecen los créditos bancarios, los ofrecidos por billeteras virtuales y los prestamistas de barrio.

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El primer indicador puede ser económico: falta dinero en la casa, aparecen deudas o un adolescente llega con algo que compró y cuyo origen no puede explicar. En los chicos, la psicóloga recomienda prestar atención a los cambios de comportamiento. "Se los va a ver tristes, preocupados, duermen mal, dejan de hacer actividades que antes les producían placer, dejan de salir con sus amigos, están mucho más encerrados, bajan el rendimiento académico o abandonan la universidad", explicó.

El problema es que, incluso cuando los propios adolescentes cuentan que están apostando, los adultos pueden llegar a naturalizarlo. Para la psicóloga, una de las primeras barreras para tratar la ludopatía es la forma en que se la entiende. "La ludopatía no es un vicio. Es una adicción. Y si es una adicción, es una enfermedad", explicó. La diferencia no es menor, pensarla como un vicio facilita el juicio sobre quien la padece, mientras que reconocerla como una enfermedad permite pensar en un tratamiento y en la recuperación.

El problema, por lo tanto, se inicia mucho antes de la primera apuesta. Comienza en una sociedad que impone la inmediatez, el dinero fácil y el uso constante de pantallas. Es por esto que la contención excede a las familias y tal como lo explicó la terapeuta, requiere legislaciones para una industria que encuentra cada vez más formas de acercarse a las juventudes.

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