Los trabajadores humanos perderán más que su salario si son reemplazados por la inteligencia artificial
Garantizar que las personas tengan suficiente dinero para vivir si la IA les quita el trabajo es un gran problema. Brindarles autoestima sería igual de difícil.

Garantizar que las personas tengan suficiente dinero para vivir si la IA les quita el trabajo es un gran problema. Brindarles autoestima sería igual de difícil.
¿Cuál será el futuro de la cultura del trabajo?
A veces, uno se embarca en un proyecto y se da cuenta de que ha juzgado mal las cosas. Para su horror, comprende que es demasiado tarde para dar marcha atrás. Así que sigue adelante con la esperanza de evitar la catástrofe. Pero basta de hablar de Mark Zuckerberg bebiendo Guinness. Otros peces gordos de la inteligencia artificial albergan profundas dudas de otro tipo: sobre los posibles efectos de la tecnología que están desarrollando.
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El 18 de octubre, Anthropic, un laboratorio de IA, anunció que planea destinar el 5% de sus acciones a un fondo de beneficencia pública que podría terminar distribuyendo dinero a personas afectadas por la crisis económica. Un día después, Elon Musk se comprometió a dar una acción de SpaceX a cada niño de Estados Unidos.
Todavía no hay indicios de un apocalipsis laboral provocado por la IA. Pero si esta tecnología destruyera muchos más empleos de los que crea, la cuestión de la importancia del empleo remunerado, no solo para los ingresos de las personas, sino también para su felicidad y dignidad, se volvería crucial.
Existen respuestas optimistas a esta pregunta. Algunos señalan que la historia está repleta de sociedades que no se organizaron en torno al trabajo remunerado. Los datos de las encuestas muestran que la mayoría de los estadounidenses jubilados se declaran satisfechos con sus vidas. En otras palabras, si se resolviera el insignificante problema de cómo financiar una vida sin trabajo, todos podrían pasar sus días felizmente cultivando tomates premiados o haciendo cruceros fluviales.
La realidad, inevitablemente, es mucho más compleja. Una revisión de la literatura académica sobre bienestar y trabajo, publicada el mes pasado por Stephanie Chan y otros investigadores de Google DeepMind, otro laboratorio de IA, nos recuerda que el empleo remunerado ofrece beneficios que van mucho más allá de los ingresos, y que el camino hacia un buen resultado en caso de una verdadera crisis económica sería muy estrecho.
Consideremos los beneficios del trabajo. Marie Jahoda, una académica influyente, identificó cinco beneficios latentes del empleo: la estructura que impone a la rutina diaria; el contacto social que conlleva; el sentido de propósito colectivo; el estatus que otorga el trabajo; y el impulso que supone para alejarse de la inactividad y fomentar la actividad. (Existen otros beneficios: un estudio reciente de Noah Kouchekinia, de la Universidad de California en Irvine, y sus coautores halló evidencia de que el deterioro cognitivo se acelera entre los adultos que abandonan la fuerza laboral antes de la edad de jubilación).
Incluso quienes tienen muchas opciones parecen recelar de una vida de ocio. No son muchos los multimillonarios de Silicon Valley que lo dejan todo para dedicarse a sus aficiones. En este mismo sentido, un estudio de Bengt Furaker y Anna Davidsson, de la Universidad de Gotemburgo, analizó cómo reaccionaron los ganadores de la lotería en Suecia ante su buena fortuna. Si bien un premio mayor aumentó la probabilidad de que los ganadores se tomaran un período de licencia sin goce de sueldo y redujeran su jornada laboral, solo una pequeña parte de ellos dejó de trabajar por completo.
Claro que algunos trabajos son mucho menos gratificantes que otros. Y es posible obtener beneficios latentes en otros ámbitos, como el cuidado de personas dependientes o el de padres que se quedan en casa. Un estudio de Michelle Jongenelis, de la Universidad de Melbourne, y sus coautores analizó los efectos del voluntariado en el bienestar de los jubilados australianos. Incluso una cantidad mínima —tan solo una hora a la semana— produjo mejoras notables en los niveles de satisfacción y propósito vital.
Pero esto no consuela a quienes desean y esperan trabajar. En otro estudio, Clemens Hetschko, de la Universidad de Leeds, y sus coautores analizaron el bienestar que los adultos alemanes manifestaron tener al jubilarse. La satisfacción vital de las personas empleadas no varió mucho tras abandonar el mercado laboral. Sin embargo, quienes habían estado desempleados durante largos periodos al llegar a la edad de jubilación reportaron un notable aumento en su bienestar.
A primera vista, esto parece extraño. Quienes habían estado trabajando casi con toda seguridad habrían experimentado mayores trastornos en sus rutinas diarias e ingresos. La teoría de los autores es que las personas desempleadas han cambiado de categoría social, pasando de una categoría indeseada durante su vida laboral a una respetable al llegar a la edad de jubilación.
En otras palabras, quien afirme con ligereza que se puede sustituir un empleo remunerado por otras actividades ignora la realidad. Algunos trabajos son deprimentes. Pero, por el momento, ningún otro ofrece la misma gama de beneficios psicológicos y económicos de una forma tan socialmente aceptable. Garantizar que las personas tengan suficiente dinero para vivir si la IA les quita el trabajo es un gran problema. Brindarles autoestima sería igual de difícil.
© The Economist Newspaper Limited., 2026
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