"Lo invisible" del aire: el humo de los ingenios, las quemas y el tránsito

En el foro de META, representantes del Estado, la producción y la salud analizaron las distintas fuentes de contaminación y cómo afectan el aire que respira la población.

Por María José Monteros3 min de lectura
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“Lo invisible” del aire: el humo de los ingenios, las quemas y el tránsito
“Lo invisible” del aire: el humo de los ingenios, las quemas y el tránsito

Resumen para apurados

¿En Tucumán se quema menos caña que antes o este año hubo menos incendios porque llovió más? La pregunta abrió el panel sobre el impacto de las quemas en la salud, el ambiente y el territorio, durante el foro "¿Tucumán respira?", organizado por META.

Las respuestas mostraron que el problema no tiene una sola causa. El Estado destacó la caída de las quemas y sus acciones de prevención; desde la investigación agroindustrial señalaron que el clima puede cambiar el panorama de una temporada a otra. La mirada sanitaria, en tanto, puso el foco en las partículas que no se ven y en la necesidad de medir qué respira la población.

Facundo Moreno Majnach, de la Subsecretaría de Medio Ambiente, comparó los registros actuales con los de hace una década. Según explicó, entonces se quemaba entre el 60% y el 70% de la superficie cañera. En 2024, la proporción fue del 14%; en 2025 llegó al 18% y, hasta septiembre de este año, rondaba el 3,3%.

El funcionario advirtió que las cifras también dependen del clima. El año pasado, más seco, el fuego se extendió hacia el final de la zafra, con la llegada de vientos calientes. Este año, en cambio, fue más húmedo y el porcentaje registrado hasta septiembre resultó menor. "El clima es muy condicionante del año", afirmó.

Moreno Majnach describió dos líneas de trabajo del Estado: la prevención y las sanciones. En materia preventiva, mencionó capacitaciones ambientales para docentes, el trabajo con productores y el mantenimiento de las instalaciones eléctricas para reducir riesgos. También destacó la cosecha de caña sin fuego y las certificaciones de buenas prácticas.

El control, sin embargo, tiene obstáculos. El funcionario explicó que muchas veces cuesta identificar al responsable de una quema en una propiedad rural. Después, la notificación puede demorar por los trámites necesarios para ubicar al titular y determinar quién tenía a cargo el campo.

Juan Fernández de Ullivarri, de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc), coincidió en que la quema disminuyó de manera significativa respecto de años anteriores. También advirtió que la sequía y las heladas pueden aumentar el riesgo de incendio: cuando la vegetación está seca, el fuego puede avanzar no solo en los cañaverales, sino también en pastizales y banquinas.

El cambio, dijo, no depende únicamente de que los productores conozcan los efectos de la quema. Para los cañeros más pequeños, pasar a una cosecha mecanizada puede ser difícil de sostener. Una máquina integral corta y procesa la caña, pero requiere combustible y tiene costos que pueden absorber la ganancia de una producción familiar.

Por eso, Ullivarri planteó que una solución no consiste simplemente en entregarles una máquina grande. El tamaño de algunos campos y los costos de operación también cuentan. Durante el panel se mencionó la posibilidad de buscar equipos de menor porte y de mejorar la representación de los pequeños productores para facilitar el acceso a alternativas.

Rodrigo Marañón, médico de la Facultad de Medicina de la UNT, llevó la discusión al impacto sobre la salud. "El problema es lo que no se ve, lo invisible", dijo sobre las partículas finas que quedan en el aire. Algunas pueden atravesar las defensas de las vías respiratorias y llegar a zonas profundas de los pulmones.

El equipo en el que trabaja estudia la calidad del aire y releva síntomas respiratorios y oculares en 12 escuelas de la zona agroindustrial cercana a la ruta 38. Para comparar los registros, también tomó dos zonas que, según explicó, no reciben el mismo impacto: Tafí del Valle y Ushuyaco.

Marañón contó que durante la zafra observaron aumentos de material particulado y que el viento puede llevar esas partículas a zonas alejadas de los focos de quema. El médico aclaró que todavía hacen falta más estudios locales para precisar los efectos y construir respuestas adecuadas para Tucumán.

La exposición también puso el acento en quiénes pueden ser más vulnerables: niños, adultos mayores, embarazadas y personas con enfermedades crónicas. Así, el panel sumó a las cifras de hectáreas quemadas otras preguntas: cómo se sostiene el cambio para los productores, qué puede hacer el Estado y qué información falta para entender el impacto sobre la población.

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