Las lecciones de Brasil agitan el 2027: Javier Milei, el cambio y los cálculos de los gobernadores
La remontada de Lula en Brasil abre interrogantes para la carrera presidencial argentina. Una encuesta revela que el 57% quiere un cambio, aunque Milei lidera la intención de voto. Las PASO, el peso de los gobernadores, la campaña del miedo y la disputa entre redes y territorio,…

La remontada de Lula en Brasil abre interrogantes para la carrera presidencial argentina. Una encuesta revela que el 57% quiere un cambio, aunque Milei lidera la intención de voto. Las PASO, el peso de los gobernadores, la campaña del miedo y la disputa entre redes y territorio, bajo la lupa de cara a 2027.
Para la oposición la victoria de Lula fue aventon que los hace ilusionar.
La remontada de Luiz Inácio Lula da Silva y el resultado de la elección brasileña dejaron tela para cortar de este lado de la frontera. Más allá de los coletazos del Bolsonarogate y de la fuga que agitó la política del país vecino, dirigentes argentinos comenzaron a examinar una experiencia que ofrece algunas pistas para la disputa presidencial de 2027.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Desde ya que los paralelismos tienen sus límites. Los contextos económicos, los sistemas electorales y las propias características de los liderazgos son diferentes. Tampoco existen fórmulas que puedan trasladarse de un país a otro con garantías de éxito. Por ahora, buena parte de estas lecturas se mueve en el terreno de las especulaciones, cuando todavía falta un año para la aventura reeleccionista de Javier Milei.
No obstante, algunos hechos pasaron por el prisma local, acaso como mero entretenimiento en medio del clima electoral anticipado. La capacidad de revertir un resultado adverso, el peso de los gobernadores, la articulación entre redes sociales y territorio y la utilización del miedo como herramienta electoral aparecen entre las primeras lecturas. Pero, en especial, hay una cuestión que atraviesa tanto al oficialismo como a la oposición: quién conseguirá apropiarse de la idea de cambio.
Un relevamiento reciente de CB Global Data, una de las pocas consultoras que advirtieron que la remontada de Lula no era una quimera, aporta un dato que podría encender alarmas en la Casa Rosada. "El 57% de los argentinos quiere un cambio". La conclusión surge de una encuesta que midió el escenario electoral de 2027 y dejó una paradoja: pese a esa demanda mayoritaria, Milei aparece como favorito frente al peronismo, tanto en primera vuelta como en un eventual balotaje.
No es una contradicción menor. Milei llegó a la Casa Rosada en 2023 como la expresión más radical del cambio. La motosierra condensó el hartazgo con la política tradicional y la promesa de terminar con un sistema que, para buena parte de la sociedad, había dejado de ofrecer respuestas. Pero el libertario ya no será una novedad en las próximas elecciones. Habrá completado cuatro años de gestión y deberá defender los resultados de su propio gobierno. La oposición, mientras tanto, intentará arrebatarle una bandera que hasta ahora parecía patrimonio exclusivo de La Libertad Avanza (LLA).
El cambio, como significante vacío en términos semiológicos, puede llenarse incluso con significados contradictorios. Los estrategas de Lula, entre ellos la agencia Nordx y el ministro de Comunicación Sidônio Palmeira, pusieron en disputa el término en la pulseada contra Bolsonaro y, como comentaron en una presentación ante un reducido grupo de medios argentinos, entre ellos Ámbito, esa discusión fue una de las claves para revertir el resultado en el balotaje.
En cuanto al concepto del cambio, Mauricio Macri lo utilizó en 2015 frente al kirchnerismo. Alberto Fernández prometió modificar el rumbo económico de Cambiemos, la marca electoral que se había apropiado hasta del término. Luego, Milei llevó en 2023 la impugnación al sistema a otro nivel. La cuestión es que ahora el libertario deberá intentar que la continuidad de su gestión sea percibida como la profundización de una transformación todavía inconclusa y que un cambio significa regresar al pasado. Sus adversarios buscarán instalar que el verdadero cambio consiste en reemplazarlo y, como hizo Lula, convencer a la sociedad de que el cambio en sí mismo no dice nada si no se explicita a dónde lleva.
La campaña brasileña dejó enseñanzas sobre cómo afrontar ese dilema desde el oficialismo. Como señaló la agencia Nordx, el equipo de Lula entendió que no alcanzaba con reivindicar los logros históricos del PT. La reducción de la pobreza, la movilidad social y la ampliación de derechos no constituían argumentos suficientes para garantizarle otro mandato. El legado debía funcionar como un "trampolín hacia el futuro", como dijo el consultor Rafael Marroquim, de Nordx, a este medio.
Algo parecido le ocurrió al kirchnerismo en la Argentina. Las conquistas económicas y sociales de sus primeros años fueron perdiendo capacidad de movilización a medida que se incorporaron a la mesa cotidiana. Milei podría enfrentar una dificultad similar con la inflación. La fuerte desaceleración de los precios es uno de los principales activos de su gestión, pero a medida que la estabilidad comienza a formar parte del paisaje económico, otras preocupaciones ganan terreno. Los salarios, el empleo, el consumo y las dificultades de los sectores que quedaron relegados podrían imponerse como demandas.
El Presidente tiene, de todos modos, una carta. Así como Lula logró convencer a los electores pendulares de que el regreso del bolsonarismo podría cercenar derechos, Milei podrá insistir con que el retorno del kirchnerismo podría significar, también, el regreso de la inflación. La incógnita es si conseguirá convertir la estabilización en una promesa de futuro.
La campaña brasileña también dejó en evidencia que el rechazo al adversario conserva una notable capacidad de movilización. Lula consiguió subir a Milei al ring. La motosierra argentina fue utilizada como una advertencia sobre el ajuste que podría aplicar Flávio Bolsonaro, en una estrategia que buscó trasladar a Brasil los temores asociados con las políticas libertarias.
Curioso: Milei había apostado por la derrota de Lula y terminó convertido en un argumento para su victoria. La campaña del miedo, tantas veces cuestionada por el propio Presidente, encontró en su figura uno de sus principales recursos. En la Argentina de 2023, el libertario había conseguido algo comparable: el rechazo al kirchnerismo fue uno de los motores de su victoria, especialmente en el balotaje frente a Sergio Massa.
Milei había apostado por la derrota de Lula y terminó convertido en un argumento para su victoria.
¿Podrá volver a utilizar esa herramienta en 2027 o el peronismo conseguirá invertir la lógica? ¿El miedo será al regreso del kirchnerismo o a la continuidad de Milei? Buena parte de esa disputa se jugará en el terreno económico, aunque también dependerá de la capacidad de cada espacio para imponer los términos de la discusión. Con una dificultad adicional para Milei: el término "casta", el gran acierto de 2023, ya quedó desgastado entre la gestión, las torpezas y las picardías.
Hay otro dato de la elección brasileña que comenzó a despertar interés en la política argentina. Lula llegó al balotaje después de perder la primera vuelta y consiguió revertir el resultado en apenas tres semanas. No fue una remontada menor. El presidente brasileño pasó de una desventaja de más de dos millones de votos a imponerse por más de cuatro millones, luego de reorganizar su campaña y salir a la caza de los ausentes.
El antecedente abre un interrogante para la Casa Rosada, que insiste con la eliminación de las PASO. ¿Hasta qué punto le conviene a Milei prescindir de una instancia electoral que podría servirle para medir fuerzas, detectar debilidades y recalibrar su estrategia de cara a octubre? No se trata, desde ya, de mecanismos equivalentes. Pero el propio libertario conoce las ventajas de una competencia en etapas. En 2023 ganó las primarias, retrocedió en las generales y terminó imponiéndose en el balotaje.
La discusión tiene claroscuros. Una derrota en las PASO podría precipitar una crisis de expectativas y condicionar el tramo final de la campaña, como ocurrió en otros procesos electorales. Pero también podría ofrecerle al Gobierno una oportunidad para corregir errores y afinar las tácticas. El ejemplo está más cerca, no hace falta cruzar la frontera: las elecciones bonaerenses de 2025, que funcionaron como una suerte de primaria. En la local, LLA perdió por 14 puntos; en la nacional, ganó con lo justo.
Por lo pronto, la Casa Rosada tampoco tiene garantizados los votos para suspender las PASO. La buena sintonía que exhibieron funcionarios nacionales y gobernadores durante la reciente cumbre de Rosario, con el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) como principal punto de encuentro, no alcanzó para disipar las diferencias en materia electoral. Los mandatarios mantienen reparos y no existe una posición homogénea. Algunos se muestran dispuestos a discutir una nueva suspensión, mientras otros defienden la continuidad de las primarias.
El Gobierno necesita a los gobernadores para avanzar con su agenda legislativa, pero también para construir acuerdos electorales de cara a 2027. Los jefes provinciales, por su parte, buscan garantías de que Karina Milei no les pondrá competidores en sus distritos, al tiempo que intentan preservar margen de maniobra frente a la volatilidad política del oficialismo.
La remontada de Lula dejó otra enseñanza, acaso menos favorable para las aspiraciones de la Casa Rosada. Flávio Bolsonaro llegó al balotaje con el respaldo de buena parte de los gobernadores elegidos en primera vuelta, incluidos los de los tres principales distritos electorales. Sin embargo, ese poder territorial no alcanzó para garantizarle la victoria.
El caso más llamativo fue Minas Gerais. Allí, Cleitinho Azevedo, de Republicanos, consiguió la gobernación en primera vuelta, mientras Bolsonaro se impuso en la elección presidencial. Tres semanas después, Lula logró revertir el resultado y terminó ganando el estado. Durante ese período, el gobernador electo mantuvo una participación más discreta de la que esperaba el bolsonarismo.
¿Se relajó la militancia territorial después de conseguir el principal objetivo provincial? En San Pablo, por ejemplo, Tarcísio de Freitas mantuvo una participación activa en la campaña presidencial y tampoco consiguió trasladar todo su caudal político a Bolsonaro.
El antecedente acopla con una de las tesis que circulan estos días. Los gobernadores que acompañen la avanzada reeleccionista de Milei llegarán hasta la primera vuelta, cuando se definan los cargos legislativos, analizan en la mesa política del Gobierno. Inclusive, una abrumadora mayoría espera resolver antes el pago chico en un calendario desdoblado que comenzará en abril. En un balotaje nacional, escenario más probable con las encuestas de hoy, será difícil arrear a los jefes provinciales para que activen a la militancia. Es decir, una vez resuelta la disputa por el poder local, el compromiso con una candidatura presidencial puede quedar sujeto a otros cálculos.
Otra de las claves de la remontada brasileña estuvo en la articulación entre la comunicación digital y la militancia territorial.
Otra de las claves de la remontada brasileña estuvo en la articulación entre la comunicación digital y la militancia territorial. Nordx, según mencionó en su presentación en estas pampas, apostó a integrar ambas dimensiones dentro de una misma campaña. El trabajo incluyó la utilización de WhatsApp como canal de comunicación y movilización, la circulación de mensajes entre comunidades digitales y su traducción en acciones territoriales. Las redes alimentaban la actividad en las calles y el despliegue militante contribuía, a su vez, a amplificar los contenidos digitales.
Una experiencia que podría resultar útil para La Libertad Avanza, donde ambas dimensiones todavía funcionan bajo lógicas diferentes y, en ocasiones, enfrentadas. La provincia de Buenos Aires ofrece el ejemplo más evidente. El armado territorial que conduce Sebastián Pareja, bajo el paraguas de Karina Milei, mantiene una disputa con los sectores digitales referenciados en Santiago Caputo, especialmente con Las Fuerzas del Cielo. Una interna que atravesó el reparto de candidaturas, los espacios de poder y la construcción política del oficialismo en el principal distrito electoral del país. Tras un periodo de cierta calma, estas semanas volvió el fuego cruzado.
En el fondo conviven dos concepciones sobre la organización del espacio libertario. Una apuesta a consolidar estructuras partidarias más tradicionales, dirigentes locales y presencia territorial. La otra reivindica la comunicación digital y la identidad ideológica que acompañó el ascenso de Milei, al tiempo que denosta los armados con la lógica del peronismo. ¿Podrán compatibilizar llegado el momento? ¿O la interna se impondrá al pragmatismo?
El peronismo presenta, en cierta medida, el problema inverso. Conserva intendentes, gobernadores, organizaciones sociales y estructuras territoriales, especialmente en la provincia de Buenos Aires, pero todavía encuentra dificultades para convertir ese despliegue en una narrativa capaz de trascender a su propio electorado.
La victoria de Lula ofrece un antecedente alentador para quienes imaginan una recuperación del PJ en 2027. El brasileño consiguió imponerse después de una campaña adversa y en medio de un escenario regional favorable a las derechas. Pero el resultado también expone los límites de las comparaciones automáticas. Lula contaba con una candidatura definida, una conducción inobjetable y una estrategia electoral que consiguió ordenar a los distintos sectores del oficialismo. El peronismo argentino, en cambio, todavía debe resolver quién encabezará su propuesta y, sobre todo, qué proyecto ofrecerá como alternativa a Milei.
Axel Kicillof aparece como uno de los principales aspirantes, aunque su proyección nacional sigue condicionada por las disputas internas del PJ y por la relación con Cristina Kirchner, que en estos días volvió a tensarse, más allá de reuniones en casa de La Pampa o de cualquier otra casa.
Otros dirigentes, entre ellos gobernadores que buscan construir una alternativa federal, también comenzaron a mover sus piezas. En ese terreno también intentan encontrar espacio los sectores que imaginan una tercera vía, desde gobernadores hasta dirigentes del PRO que resisten la absorción por parte de La Libertad Avanza. Su apuesta consiste en ofrecer una alternativa que no implique regresar al kirchnerismo ni continuar con Milei. Pero deberán demostrar que existe un electorado dispuesto a acompañar esa propuesta.
La polarización brasileña dejó una advertencia para todos ellos.
- #politica
- #las
- #lecciones
- #brasil
- #agitan
- #2027
- #javier
- #milei
- #cambio
- #los
- #calculos
- #gobernadores
- #n6340160
- #buenos aires + caba