La historia del "Loco" Salinas: fue campeón del mundo y tuvo una fortuna, pero los excesos lo llevaron a perderlo todo
El tucumano brilló en Boca, convirtió un gol histórico, fue campeón de América y del mundo. Llegó a tener siete departamentos y dos BMW, pero después perdió casi todo, estuvo preso y atravesó sus últimos años lejos de aquella gloria.

Resumen para apurados
Karlsruhe, Alemania, 1 de agosto de 1978. Boca le ganaba 2 a 0 a Borussia Mönchengladbach y estaba a un paso de conquistar la Copa Intercontinental cuando Carlos Salinas recibió la pelota, avanzó entre los defensores alemanes, dejó rivales en el camino y sacó un remate cruzado que terminó en la red.
El tercer gol del "Xeneize", el que terminó de sellar aquella noche histórica, fue de un tucumano nacido en La Ciudadela, a pocas cuadras de la cancha de San Martín, que apenas unos años antes había llegado al fútbol grande buscando un lugar en River.
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Salinas acababa de convertirse en campeón del mundo con Boca. Probablemente, sin saberlo, había llegado a la cima de una vida que después iba a tener muchos otros caminos, algunos tan extraordinarios como aquel y otros mucho muchísimo más difíciles.
El martes por la noche, a los 70 años, murió uno de los mejores futbolistas que dio Tucumán y, al mismo tiempo, uno de los personajes más singulares que produjo el fútbol argentino. Su historia no puede contarse solamente a través de los clubes en los que jugó ni de los títulos que ganó. Porque el "Loco" conoció prácticamente todos los extremos posibles: pasó por River y por Boca, fue campeón de América y del mundo, convirtió un gol inolvidable en Alemania, ejecutó el penal que confirmó el descenso de San Lorenzo, ganó mucho dinero, y llegó a tener siete departamentos y dos BMW. Pero después perdió casi todo, estuvo preso y atravesó una vida muy diferente a aquella que parecía prometerle el fútbol cuando jugaba los mejores partidos de su carrera.
Su recorrido había comenzado en Tucumán, aunque el fútbol lo llevó rápidamente a otros lugares. River lo incorporó y allí debutó en Primera, pero no encontró la continuidad que esperaba. Después apareció Chacarita y ahí sí tuvo el espacio para mostrar el talento que terminaría llamando la atención de Boca y de Juan Carlos Lorenzo. "Toto" lo quería para su equipo y él no tardó en convertirse en una pieza importante de aquel Boca que en 1978 conquistó la Libertadores y la Intercontinental.
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Aquella noche de Karlsruhe terminó siendo la gran postal de su carrera. Su gol llegó a través de una jugada que resumía bastante bien las condiciones que tenía como futbolista: velocidad, gambeta y decisión para aparecer cerca del arco. El chico de La Ciudadela estaba en Alemania, jugando para Boca y convirtiendo un gol que todavía forma parte de una de las páginas más importantes de la historia "xeneize".
Pero el "Loco" nunca fue sólo aquel jugador de talento que había llegado a la cima. Su carrera también estuvo atravesada por un temperamento que le dio sentido a su apodo. En Boca protagonizó uno de los episodios más recordados cuando agredió al árbitro Abel Gnecco después de ser expulsado en un partido contra Huracán y recibió una suspensión de 25 fechas.


Después de Boca llegó Argentinos, en el marco de la operación que llevó a Diego Maradona al "Xeneize", y allí protagonizó otro de esos momentos que lo dejaron definitivamente asociado a la historia del fútbol argentino. El 15 de agosto de 1981, el "Bicho" enfrentaba a San Lorenzo y necesitaba un resultado favorable para evitar el descenso.
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Salinas se hizo cargo de ejecutar un penal en un momento en el que otros compañeros no querían asumir esa responsabilidad. No falló; Argentinos se salvó y San Lorenzo descendió, convirtiéndose en el primer grande del fútbol argentino que perdía la categoría.
A esa altura, Salinas ya había vivido más de lo que muchos futbolistas pueden contar después de una carrera completa. Sin embargo, lo que vino después terminó convirtiendo su historia en algo mucho más complejo. Se retiró joven, a los 31 años, y con el paso del tiempo empezó a contar cómo había ganado y perdido una fortuna. "Tuve siete departamentos y dos BMW", recordó en una entrevista. Durante algunos años el dinero parecía formar parte natural de una vida en la que también estaban la fama y la popularidad. Pero todo aquello fue desapareciendo.
Después llegaron las dificultades económicas y los problemas judiciales. Estuvo detenido y pasó por la cárcel de Devoto. También reconoció que su vida había cambiado radicalmente después del retiro y que muchas de las cosas que había conseguido gracias al fútbol terminaron desapareciendo. "Estoy más solo que los suplentes de los Reyes Magos", dijo, en modo jocoso, alguna vez.
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Quizás sea allí donde la vida del "Loco" adquiere una dimensión que excede al fútbol. Porque la gloria deportiva puede quedar congelada para siempre en una imagen (en su caso podría ser la de la pelota entrando en el arco alemán con los jugadores de Boca festejando), pero después de esa fotografía la vida siguió. Y siguió con decisiones equivocadas, excesos, pérdidas y problemas.
El chico que salió de La Ciudadela llegó a jugar en los dos clubes más grandes del país y fue campeón del mundo. Tuvo dinero, fama y reconocimiento, pero después conoció la cárcel, las dificultades económicas y el olvido. Salinas vivió, probablemente, mucho más de lo que le alcanza a vivir a la mayoría de los futbolistas. La diferencia es que a él le tocó conocer todos los extremos: la cima y la caída, los grandes estadios y el silencio que llega cuando las luces se apagan.
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