Hay otro camino

La sociedad mostró su valoración por la gestión de Lula, quien sacó más votos que en 2022.

Por Pablo Roesler6 min de lectura
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Hay otro camino
Hay otro camino

Por: Carlos Heller
@CarlosHeller

Por: Carlos Heller

El resultado de las elecciones celebradas enBrasilel 25 de octubre representa un hecho de suma relevancia, con efectos que derraman en toda la región.

Luiz Inácio Lula da Silva le ganó el balotaje a Flávio Bolsonaro, pero aún más importante es que le ganó al candidato por el que apostaban los grupos más concentrados.

Con el 51,79% de los votos, respecto del 48,21 de Bolsonaro, Lula revirtió los resultados del 4 de octubre, es decir en apenas tres semanas. Desde que existe balotaje en Brasil (1989) que no ocurre un hecho de este tipo.

La diferencia de 2,2 millones de votos a favor de Bolsonaro en primera vuelta se transformó en una ventaja de 4,4 millones de sufragios para Lula en la segunda. Lula incrementó su caudal en 10,4 millones de personas, mientras que Bolsonaro lo hizo en 3,7 millones.

La movilización y la toma de conciencia jugaron un papel fundamental. De hecho, acudieron a las urnas unos 3 millones de brasileños/as más que el 4 de octubre. Sin embargo, la principal causa que explica la masiva acumulación de votos en segunda vuelta es la llegada a votantes que en primera instancia se habían inclinado por otros candidatos y que luego optaron por Lula. A su vez, una gran parte de los votos en blanco o nulos fue a engrosar las filas del actual presidente.

Producto de los votos de la primera vuelta, queda un Parlamento más adverso para el oficialismo, lo cual demandará un continuo esfuerzo de negociación con el denominado Centrão. Esta situación no empaña en lo más mínimo los resultados.

La sociedad mostró su valoración por la gestión de Lula, quien obtuvo casi 4 millones de votos más que en el balotaje de 2022. No acusó el desgaste propio de toda gestión e incluso mejoró su resultado con relación a cuando ganó siendo opositor.

Las enseñanzas de la elección son relevantes en muchos otros planos. Por ejemplo, se derribaron las ideas instaladas respecto de que "la oposición siempre gana" o que "el campo popular está perdiendo todas las elecciones".

Si bien las repercusiones se irán percibiendo con el correr del tiempo, lo ocurrido constituye un contrapeso para el avance de la derecha en América Latina. Se logró poner cierto freno a la pretensión de Trump de una "América para los americanos" (doctrina "Donroe"), proyecto de imposible concreción si no están dentro Brasil, México y Canadá.

El discurso de Lula luego de haberse conocido la victoria no tiene desperdicio. Lejos de frases grandilocuentes o de criticar a su oponente, describió algunas de las medidas que tomará el Estado para profundizar lo que se hizo hasta ahora.

Entre otras cuestiones, anunció la universalización de las escuelas primarias de jornada completa y el "Pé-de-Meia", un incentivo para estudiantes de instituciones públicas que se extendería a los niveles secundario y universitario. "Para que no dejen la escuela porque tienen que trabajar", señaló Lula.

Su mensaje tuvo un contenido político en el que destacó que Brasil no acepta "ser el patio trasero de nadie". "Queremos dejar de ser un país periférico, queremos ser un país central en las decisiones políticas y económicas y en las decisiones por la paz", agregó.

En cuanto a los recursos naturales, Lula señaló: "tenemos que aprovechar el potencial energético de un país que puede tener la mayor capacidad de energía renovable para traer aquí los centros de datos necesarios para acumular nuestros datos", en concordancia con sus recientes declaraciones en la ONU. Un claro contraste con el discurso, en el mismo organismo, de Javier Milei, quien transmitió la idea de que los recursos están "disponibles", y las corporaciones sólo deben venir a buscarlos.

Las palabras de Lula tras ganar las elecciones poseen una clara impronta progresista que se contrapone con las políticas de los gobiernos conservadores de la región. Marca la dirección que su gestión intentará seguir para mejorar la calidad de vida de la población. Es un reflejo de la puja entre los dos modelos.

Respecto de la Argentina, el personal técnico del Fondo aprobó la tercera revisión del acuerdo firmado en abril del año pasado, lo que permitiría acceder a un desembolso de aproximadamente U$S 900 millones, una vez que el directorio del organismo la trate –y seguramente la apruebe— a principios de diciembre.

A través de un comunicado, el FMI señala que "las prudentes políticas fiscales y monetarias adoptadas han ayudado a que continúe el proceso de desinflación y han fortalecido considerablemente la posición externa y los colchones de Argentina". Con otro estilo que el del gobierno (que se jacta de tener una "bazuca de dólares"), pero con el objetivo de tratar de llevar tranquilidad para que el rumbo no se modifique en 2027, el organismo enumeró los apoyos financieros de los que el país dispone. También hizo referencia a los máximos volúmenes de exportaciones y mencionó los dólares de las inversiones aprobadas en el marco del RIGI (más de U$S 76.000 millones).

En lo esencial, el comunicado del FMI transitó por los carriles habituales. Primero felicita por lo hecho: el programa "continúa arrojando resultados impresionantes", y luego pide por su profundización. Según la vocera Julie Kozack, lo más recomendable es que Argentina "continúe aplicando sus políticas con firmeza y siga ejecutando el programa tal como lo ha venido haciendo hasta ahora".

La vocera hizo alusión a la necesidad de "aumentar la flexibilidad del mercado laboral para favorecer la creación de empleo en el sector privado". Una "sugerencia" que representa más de lo mismo que se ha hecho hasta el momento, con muy malos resultados para los/as trabajadores/as. Desde la entrada en vigencia de la "Ley de modernización laboral", a principios de marzo de 2026, alrededor de 50.000 asalariados privados registrados perdieron su trabajo.

En materia fiscal, por caso, el FMI aboga por "la continuidad de la disciplina en el gasto y las reformas de los marcos tributario y fiscal, (que) reforzarán aún más los esfuerzos de consolidación, y permitirán a la vez proteger el gasto prioritario en materia social y de infraestructura".

Cabe señalar que el superávit primario acumulado durante los primeros nueve meses del año se ubicó en el 1,2% del PIB, en tanto que el financiero ascendió al 0,3%. A pesar de los recortes del gasto que se efectuaron durante septiembre en el ítem "Otros programas sociales" (-40% en términos reales), en las prestaciones previsionales (-2,5%) y en la partida salarial (-7,2%), aún no se llegó al objetivo establecido por el FMI, del 1,4% de resultado primario. Para cumplir con la meta fiscal, en una economía que no marcha de acuerdo con lo esperado (lo cual repercute negativamente en la recaudación), hay que compensar por la vía de mayores recortes del gasto.

Producto de la evidencia, el gobierno y el FMI han empezado a reconocer que las cosas no resultan según habían previsto, aunque las medidas barajadas no se mueven un ápice de sus habituales recomendaciones.

La Argentina se encamina hacia una "recesión técnica". Las proyecciones anticipadas de las consultoras del mercado ya sitúan la variación de la actividad económica de septiembre muy por debajo del 8,5% requerido para no entrar en recesión.

Además, el viernes el riesgo país cerró en 790 puntos, una fuerte suba respecto de los 707 de una semana atrás. No parecen alcanzar ni el RIGI, ni los significativos apoyos del exterior.

En la lógica del gobierno y del FMI el ajuste nunca acaba, como así tampoco las reformas. Es prácticamente imposible que profundizando la actual senda se obtengan distintos resultados. Se precisa un cambio de modelo.

Brasil

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