Entrevista a Javier Sinay: la tragedia del Chapecoense

En El silencio de los sobrevivientes, Javier Sinay reconstruye la caída del avión que, hace casi 10 años, trasladaba a un equipo de fútbol para jugar una final. "Quienes se salvaron, quedaron en medio de un infierno del Dante", dice el autor.

Por Miguel Velardez8 min de lectura
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Entrevista a Javier Sinay: la tragedia del Chapecoense
Entrevista a Javier Sinay: la tragedia del Chapecoense

Resumen para apurados

Por Alejandro Duchini

Para LA GACETA - BUENOS AIRES

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El 28 de noviembre de 2016, el avión que trasladaba al plantel del equipo brasileño de fútbol Chapecoense, que iba a jugar el partido de ida de la final de la Copa Sudamericana ante Atlético Nacional de Medellín, Colombia, se quedó sin combustible y cayó en el Cerro Gordo cuando le faltaban menos de cinco minutos para llegar al Aeropuerto Internacional José María Córdova. Hubo 71 muertos y 6 sobrevivientes. Entre ellos, tres futbolistas, de los cuales sólo uno siguió jugando profesionalmente. De los otros, a uno le amputaron su pierna derecha y otro debió desistir de jugar por los dolores. Un periodista, una azafata y un mecánico también se salvaron.

La historia fue impactante en su momento; y vuelve a serlo ahora, porque se puede leer en las 322 páginas de El silencio de los sobrevivientes (Tusquets), el libro de reciente publicación escrito por el periodista Javier Sinay, quien durante los últimos años leyó archivos y entrevistó a sobrevivientes y allegados a los hechos. Visitó la zona montañosa en la que cayó el avión del vuelo 2.933 de la firma venezolana-boliviana LaMia y recorrió las instalaciones del Chapecoense, club de origen humilde fundado en 1973 y que al momento del incidente atravesaba su mejor momento histórico.

El pase a la final del Chapecoense estuvo a punto de caerse cuando, ya sobre la hora, su arquero, Danilo, tapó una pelota impresionante del defensor de San Lorenzo Marcos Angeleri, que si era gol clasificaba al conjunto argentino. "Cuando cayó el avión, yo trabajaba como corresponsal de temas de Argentina y de Brasil para El Universal, de México. No lo cubrí, sino que hice un par de notas. Cuando encontré una entrevista que le dio Angeleri a Folha de San Pablo, que se titula "¿Y si hubiera hecho el gol?", quedé impactado porque entendí que detrás de la tragedia había una pregunta casi metafísica o filosófica: ¿fue azar o destino? ¿Por qué sobrevivieron estos seis y no otros seis? Siempre me fascinaron esos temas. Empecé a juntar links, notas, a leer sobre historias contrafácticas, sobre aviones, accidentes, el Chapecoense, busqué a los jugadores de San Lorenzo que estuvieron en ese partido… Entonces entendí que ahí había un libro".

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-¿Ahora creés más en el destino o en el azar?

-No sé si hay destino, no sé si hay azar, lo que sí es claro es que una cosa provoca a la otra. Después hacemos una interpretación de esos eslabones que van ocurriendo en el caos de la realidad y cada uno se cuenta una historia a sí mismo. En la primera versión del libro había mucho sobre eso, sobre qué historia nos contamos, si acaso el destino no es algo que ocurra no afuera sino en nuestras cabezas. Pero después entraron otros testimonios que le dieron un perfil periodístico al libro, que finalmente va de lo filosófico a lo judicial.

-¿Qué te quedó de las conversaciones que tuviste con algunos de los sobrevivientes?

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-El testimonio del mecánico, Erwin Tumiri, es increíble. Me dijo que ver a toda esa gente muerta era terrible porque estaban golpeados, lacerados, había partes de personas separadas de los cuerpos, y que era como caminar en una carnicería. Me pareció que debía ser una especie de infierno del Dante. Está la azafata, Ximena Suárez: el avión impacta, se parte en dos y se arrastra 100 metros más. Cuando se queda quieto, esta mujer atrapada intenta salir porque piensa que va a explotar todo, pero no había combustible, entonces no explota nada, pero tenía una desesperación total y se cortó las manos agarrándose de restos de fuselaje, restos de ventanas. Me contaban que escuchaban gritos que se volvían respiraciones dificultosas y que después se convertían en silencio. Gente que iba muriendo. Gente que sobrevivió y que gritaba por ayuda.

-¿De qué manera te resumen lo vivido?

-Quienes se salvaron vivieron algo que es muy impresionante; y lo vivieron sin buscarlo. Fue difícil entrevistarlos porque por ahí no sabían qué responder. De hecho, la azafata me dijo que tenía que ser un ejemplo. Y yo le dije, ¿un ejemplo de qué? No sé, quizás de resiliencia, me contestó. O sea, no lo sabe. Bueno, tampoco tiene por qué saberlo. Después de esto, el mecánico aéreo se acercó más al cristianismo y me dijo que el Señor debía tener planes para él. ¿Cuáles?, le pregunté. La verdad no lo sé, me dijo. O sea, él tampoco lo sabe. Después entrevisté al sobreviviente de otro accidente de avión y me dijo que directamente dejó de buscar las respuestas a tantos porqué. Lo que me parece es que son personas que pasaron por experiencias límite o más allá del límite y queremos preguntarles cosas, pero la verdad es que no tienen por qué saber las respuestas. Y si las saben, no tienen por qué decirlas.

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-Imposible de describir.

-Es que se genera mucha expectativa para un periodista cuando entrevista a esta gente, pero después simplemente creo que el periodista tiene que aceptar que los humanos somos pequeños, ¿no? Al final tenemos un conocimiento pequeño sobre estas grandes preguntas. Una cosa es leerlo, otra es vivirlo y a veces uno le pregunta al que lo vivió para intentar acercarse o meterse dentro de esa persona y tener por lo menos una aproximación a lo que sintió, a lo que pensó, a lo que vivió.

-¿Cómo entraste y cómo saliste del libro?

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-Respecto a estas historias horribles, los periodistas tenemos una especie de coraza, que es el dato. A veces uno se protege del dolor y del horror buscando datos e información fría, esa coraza está ahí.

-¿Qué pasó con esa coraza cuando llegaste al lugar en el que cayó el avión?

-En el cerro había restos muy pequeños, como pelotitas de metal o de color gris, que los levanté; recuerdo que se sentían fríos en la mano, y había muchos. El guía me dijo que eran restos del avión. Me impresionó mucho tener aquello en mi mano.

-¿Y cuándo ingresaste al estadio del Chapecoense y hablaste con vecinos de Chapecó?

-Hablar con la gente del club me hizo ver que de alguna manera siempre hay que seguir. La historia marcó al club y a la ciudad. Cuando fui, en 2024, se hablaba del tema con dolor, con luto. Es algo que los marcó para siempre. A la vez, uno se va diciendo no voy a caer en el lugar común de decir que es un club que murió y revivió, pero cuando se está ahí adentro uno entiende que es un poco así. Te das cuenta de que palabras como resiliencia a veces están muy gastadas, a veces no significan nada y a veces sí.

-¿Messi viajó en ese avión un tiempo antes?

-Sí. Yo no lo sabía, fue antes de (Claudio) Tapia, cuando la AFA estaba intervenida y los jugadores se quejaban de los vuelos. Habían hecho un par de posteos, creo que incluso Messi había hecho uno. Lo dramático es que Rafael Henzel, el relator que sobrevivió, cuenta que en ese vuelo un colega le pidió que le cambie el lugar porque quería viajar en el mismo asiento que Messi. Ese tipo murió, y Henzel sobrevivió, hasta que en 2019 murió de un paro cardíaco mientras jugaba un partido de fútbol.

-Leyendo El secreto de los sobrevivientes uno entiende también que detrás del lujo que se ve en los equipos de fútbol puede haber empresas que no cargan nafta para gastar menos.

-Lo que vemos de parte del club es que contrata a la firma LaMia por un servicio que salía 130.000 dólares contra los 312.000 que pedía Gol. Para Chapecoense, un club muy humilde, era un gran ahorro. Por ahí uno veía que el Chapecoense era un buen equipo que llegaba a la final de la Copa Sudamericana pero, como en el iceberg, debajo hay cosas que no se ven: pocos recursos y un poco de ingenuidad, me parece.

-En tiempos en que parte del periodismo resuelve a través de la web, decidiste visitar cada uno de los lugares implicados en el vuelo. ¿Por qué?

-Si bien este tipo de historias se pueden resolver sin viajar, uno sabe que una vez que fuiste al lugar de los hechos te introducís en otro mundo. La historia puede ser la misma, las entrevistas que hagas por Zoom pueden ser las mismas, pero en tu cabeza son dos mundos distintos si fuiste o no. Una vez que fuiste a los lugares entendés realmente cuál es la historia, cuál es la textura humana de esa historia. En este caso entendí, entre otras muchísimas cosas, lo difícil que habrá sido bajar a los heridos esa noche en el cerro.

-¿Qué te contaron los testigos de esa noche?

-Me permitieron ver todas las actitudes del ser humano. Esa noche en el cerro, después del accidente, mientras muchos morían y otros eran rescatados, algunos trataban de ayudar a las víctimas. Estaban los vecinos que llegaron primero y también ayudaron. Estaban los vecinos que subían con sus motos y que, en medio de tanta muerte, agarraban cosas para vender. Increíble. El ser humano, ¿no? De la A a la Z.

© LA GACETA

Perfil

Javier Sinay (Buenos Aires, 1980) es periodista. Publicó Camino al Este, Los crímenes de Moisés Ville (nominado a Libro del Año en los CrimeCon C.L.U.E. Awards; elegido entre los mejores libros de 2022 por CrimeReads) y Sangre joven (Premio Walsh en la Semana Negra de Gijón). En 2015 ganó el Premio García Márquez por su crónica «Rápido. Furioso. Muerto», publicada en Rolling Stone.

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