El hundimiento del mercado interno pone en jaque el plan económico de Milei y Caputo
En la cabeza de los libertarios era la condición necesaria para bajar la inflación junto con el dólar barato. Con la recesión declarada, saltan las voces de alerta que reclaman un cambio de rumbo.

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Randy Stagnaro@randystagnaro
Por: Randy Stagnaro
¿Qué tienen en común Miguel Ángel Broda, Alberto Ades, Carlos Melconian, Martín Uribe, Marina Dal Poggetto, el JP Morgan, la consultora Invecq, Aldo Abram, la analista internacional BCA Research y un largo listado de nombres? Que todos sugieren que el gobierno nacional debe flexibilizar su política monetaria porque de lo contrario pone en riesgo todo: por el bajón económico, Javier Milei podría perder desde la gobernabilidad en el corto plazo hasta la posibilidad de una reelección en las presidenciales del año que viene.
Pero el planteo es una estocada al corazón del esquema macroeconómico que a duras penas logra sostener el presidente y su ministro de Economía, Luis Caputo. Por eso Milei ha sido enfático en su rechazo a esta flexibilización. En la Casa Rosada evalúan que los riesgos señalados por los economistas e instituciones, caracterizados por la mirada ortodoxa de la economía, pueden ser esquivados por medio de conejos de galera (las diferentes "bazucas" de dólares que no están) e intentos de crear expectativas (un 2028 deslumbrante).
Todo con tal de no tener que abrir la canilla de los pesos. No se trata solo del temor a contradecir su propia retórica económica -algo que Milei ya demostró que le importa poco: sigue teniendo los dos brazos- sino de algo más tangible, como la posibilidad de una pérdida de control de los precios, especialmente del dólar.
El bajón económico es muy fuerte, mucho más de lo que ya comienza a admitir el propio Milei, quien el jueves pasado aceptó que ni la desinflación ni la actividad económica "están saliendo como lo habíamos previsto". La frase trata de suavizar algo que vienen advirtiendo todos los mencionados y otros más, como el Fondo Monetario y el Banco Mundial, en el sentido de que la actividad económica está en claro declive a pesar de la expansión superlativa de la minería y la energía. El mes que viene, el Indec confirmará la recesión sobre datos del trimestre julio-septiembre. Los analistas del Relevamiento de Expectativas de Mercado que publica el Banco Central prevén que el derrape continuará en el último cuarto de este año.
Hay un vínculo estrecho entre el esquema económico oficial y la depresión económica en curso. La hoja de ruta oficial apunta a sostener los dos compromisos con el capital más importantes que asumió Milei: el pago de la deuda pública y la recomposición de las tarifas. Todo lo demás, valor del dólar, control de cambios, impuestos, actividad, ingresos de las personas, quedó sujeto a estos objetivos. Para alcanzarlos, el diseño del gobierno se basó en un ajuste brutal del mercado interno: con menos demanda, los precios deberían tender a detener su marcha alcista y, en el mejor de los casos, retroceder (es decir, una deflación). Y, al mismo tiempo, ese proceso dejaría margen para que las tarifas pudieran subir sin que su impacto se sintiera en la inflación.
Las herramientas para ello fueron, principalmente, un tremendo golpe inicial (la devaluación del peso del 52% respecto del dólar el 12 de diciembre de 2023), luego la apreciación del peso contra el dólar y el apretón monetario. A ello se le agregó el RIGI y la liberalización del mercado de hidrocarburos para potenciar las exportaciones e incrementar los dólares disponibles en el mercado.
Pero el hundimiento del mercado interno llegó a un punto tal que ya impacta en forma determinante en ese esquema. Por ello se reduce la recaudación, lo que pone en riesgo el pago de la deuda pública (los intereses, en pesos y dólares, se pagan con el superávit). El malestar social crece y pone en riesgo la gobernabilidad y la posibilidad de reelección «del modelo», como gusta decir la senadora oficialista Patricia Bullrich y cuya seguridad desvela a los inversores. Broda lo dijo con todas las letras esta semana: «Que no se pierda esta oportunidad». Milei dijo en una entrevista el jueves en Radio Rivadavia que cuando el círculo rojo busca «mileísmo sin Milei» es porque no le agradan sus insultos, pero en realidad es porque ve que por el desastre económico, la población puede convencerse de que la mejor salida para sus problema vitales es dar vuelta la página liberticida y retrotraer las enormes concesiones al capital que esta administración ha concedido.
En este escenario, soltar los pesos al mercado podría aceitar el movimiento económico, pero sin inversión productiva mediante, también sería el alimento para una nueva corrida al dólar, como en 2025. En las actuales condiciones, equivaldría a un suicidio oficialista. Ese es el dilema de Milei y Caputo. «
Los últimos datos económicos muestran una economía en recesión.
La pérdida de empleo se acentúa. Sólo en agosto cayeron en 11.300 los puestos de trabajo registrados. Las empresas industriales y comerciales le dijeron al Indec que no piensan contratar más personal hasta fin de año al menos.
La recaudación viene en baja. Creció un 3,7% real en septiembre solo porque hubo un pago extraordinario del Impuesto a las Ganancias. En los primeros nueve meses del año cayó un 3 por ciento.
El consumo masivo sigue para abajo. Scentia marcó un retroceso del 1% en septiembre, mientras que el Indec dijo que en agosto las ventas de supermercados retrocedieron un 3,2% interanual.
La capacidad instalada ociosa de la industria ascendió a casi el 45% en septiembre, marcando nueve meses en los que se mantuvo siempre por encima del 40%: cuatro de cada diez máquinas está parada.
En este escenario, el riesgo país se estabilizó arriba de los 700 puntos básicos, marcando la desconfianza de los financistas en la posibilidad de que el gobierno pague sus deudas.
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