El desafío de detectar a tiempo el cáncer de mama: qué revela el primer Mapa Mamográfico de Argentina

El relevamiento federal identificó 404 mamógrafos en 375 establecimientos públicos de 23 provincias y permitió conocer por primera vez el estado de los equipos, la disponibilidad de profesionales y el nivel de digitalización de la red sanitaria.

Por Juan Manuel Rovira6 min de lectura
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El desafío de detectar a tiempo el cáncer de mama: qué revela el primer Mapa Mamográfico de Argentina
El desafío de detectar a tiempo el cáncer de mama: qué revela el primer Mapa Mamográfico de Argentina

Resumen para apurados

En Tucumán, como en el resto del país, el acceso a una mamografía no depende solamente de que exista un equipo disponible. También entran en juego la cantidad de turnos, el estado de la tecnología, los profesionales que realizan e informan los estudios y la capacidad del sistema para acompañar a una paciente desde el primer control hasta la confirmación de un diagnóstico. Ese entramado quedó expuesto en el primer Mapa Mamográfico del sector público de Argentina, presentado esta semana por la Asociación Civil Surcos y la Fundación Instituto Natura.

El relevamiento, realizado en 23 de las 24 provincias argentinas, constituye el primer registro federal que permite dimensionar la capacidad instalada del sistema público para la detección temprana del cáncer de mama. Hasta ahora, el país no contaba con un registro unificado de mamógrafos que permitiera saber con precisión dónde están los equipos, en qué condiciones funcionan y qué posibilidades reales tienen de traducirse en acceso para las mujeres.

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El estudio identificó 404 mamógrafos distribuidos en 375 establecimientos públicos. De ese total, 328 estaban operativos al momento del relevamiento. Es decir, la red pública cuenta con una infraestructura importante, aunque una parte de los equipos no se encontraba funcionando.

El dato adquiere relevancia frente a una de las principales conclusiones del informe: el desafío no pasa únicamente por incorporar nuevos equipos, sino también por aprovechar mejor los recursos que ya existen.

El mapa encontró que 29 establecimientos públicos cuentan con dos mamógrafos funcionando simultáneamente, una situación que, según las organizaciones responsables del estudio, representa una oportunidad concreta para ampliar la cantidad de turnos disponibles sin necesidad de sumar equipamiento.

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También existen diferencias en el nivel tecnológico. El 26% de los mamógrafos públicos fueron incorporados entre 2020 y 2024, mientras que el 66% de los centros relevados tiene sus controles de calidad y habilitaciones al día.

En cuanto a la tecnología utilizada, el 47% de los equipos funciona con tecnología digital indirecta (CR) y el 39% con tecnología digital directa (DR). Esta última permite obtener imágenes de mayor calidad y trabajar con una menor dosis de radiación.

Pero contar con un mamógrafo tampoco garantiza por sí solo que una mujer llegue a realizarse el estudio. La organización de la demanda es otro de los puntos centrales. De acuerdo con el relevamiento, la mitad de los centros participa regularmente en programas de tamizaje, es decir, estrategias destinadas a realizar controles en personas que no presentan síntomas con el objetivo de detectar la enfermedad en etapas tempranas.

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Detrás de cada estudio hay además un equipo de profesionales. El informe señala que el 71% de las mamografías son informadas por médicos especialistas en Diagnóstico por Imagen, mientras que el 53% de los establecimientos cuenta con licenciados en bioimágenes.

Sin embargo, el estudio también detectó dificultades en la organización del trabajo. En el 49% de los centros existe polifuncionalidad técnica, lo que significa que parte del personal rota entre distintas áreas y no tiene dedicación exclusiva a la realización de mamografías.

Para las organizaciones que elaboraron el mapa, este punto es importante porque ampliar el acceso no implica solamente disponer de tecnología: también requiere contar con equipos profesionales suficientes y con una organización que permita sostener la atención.

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"Durante mucho tiempo discutimos la detección temprana sin saber con qué recursos contábamos realmente", explicó Alejandra Sánchez Cabezas, directora de Surcos. Según señaló, conocer dónde están los equipos y cómo funcionan permite identificar dónde se pueden otorgar nuevos turnos, reparar equipamiento detenido o aprovechar infraestructura ya disponible.

El siguiente paso, planteó, será analizar qué ocurre con las mujeres una vez que deciden realizarse una mamografía: cuánto deben esperar, cómo acceden al turno, dónde se realiza el estudio y cuánto tiempo pasa hasta obtener un resultado. Ese recorrido puede ser determinante para que una enfermedad sea detectada a tiempo.

El Mapa Mamográfico puso además el foco en un aspecto menos visible, pero fundamental: la digitalización de la atención.

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El 66% de los centros públicos cuenta con historia clínica informatizada y casi la mitad tiene sus registros conectados con el resto de la red provincial. Esto permite que los antecedentes de una paciente puedan ser consultados desde distintos establecimientos del sistema.

A su vez, el 50% de los establecimientos está incorporado al SITAM, el Sistema de Información de Tamizaje. La herramienta permite registrar y seguir los estudios de detección temprana a nivel nacional.

El relevamiento también identificó 157 unidades asistenciales que ya cuentan con la infraestructura necesaria para integrar las imágenes mamográficas a los registros digitales, aunque su utilización todavía es incipiente.

La digitalización abre la puerta a herramientas como las segundas lecturas, las consultas a distancia y la auditoría de los estudios sin necesidad de realizar nuevas inversiones en equipamiento.

El panorama que surge del relevamiento es heterogéneo. Las diferencias entre provincias no se explican solamente por la cantidad de mamógrafos, sino también por el grado de organización de sus sistemas sanitarios, la tecnología disponible, la incorporación de herramientas digitales y la existencia de programas específicos de cáncer de mama.

En materia normativa, 20 de las 24 provincias adhirieron a las leyes nacionales de cáncer de mama, mientras que 18 cuentan con programas creados por ley o decreto.

Cinco jurisdicciones —Buenos Aires, Entre Ríos, Misiones, Neuquén y Santa Fe— alcanzan niveles altos en el Índice de Jerarquía Institucional elaborado por el estudio, que combina la existencia de estructuras organizativas y marcos normativos.

El mapa también deja planteado un problema sobre el que todavía existe poca información pública: el sector de obras sociales y medicina privada. Allí fueron identificados 1.094 mamógrafos, pero no existe actualmente un registro público nacional que permita conocer de manera sistemática su localización, disponibilidad y aporte a las estrategias de tamizaje.

En algunas regiones, señala el informe, el sistema público continúa siendo el único prestador efectivo para muchas mujeres. Por eso, conocer y articular todos los recursos disponibles podría ampliar las posibilidades de acceso.

El relevamiento no busca solamente contar mamógrafos. Su principal aporte es mostrar qué hay detrás de cada equipo: tecnología, profesionales, turnos, sistemas de información, programas de búsqueda activa y capacidad para sostener el seguimiento de una paciente.

Para Florencia Mezzadra, gerenta de Fundación Instituto Natura, contar con un diagnóstico federal confiable permite diseñar políticas públicas con mayor impacto y avanzar en la articulación entre el Estado, el sector privado y las organizaciones de la sociedad civil.

El estudio fue realizado entre agosto y diciembre de 2024 y tuvo una etapa de validación durante 2026. Incluyó una encuesta de 37 variables aplicada equipo por equipo en el sector público y más de 40 entrevistas con equipos de gestión provinciales.

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