El crédito se convierte en deuda: la morosidad de las familias alcanza niveles críticos
Un informe de CEPA muestra que cada vez más hogares recurren al financiamiento para sostener el consumo cotidiano, mientras crece la cantidad de familias que no logra pagar sus obligaciones.

La pérdida de poder adquisitivo empieza a reflejarse con fuerza en el sistema financiero. Las familias se endeudan cada vez más para sostener sus gastos y una proporción creciente ya no consigue pagar sus créditos.
Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), en junio de 2026 la morosidad del sector privado con los bancos llegó al 7,6%, uno de los niveles más altos de las últimas dos décadas. Entre las familias, la irregularidad trepó al 12,8%, frente al 2,5% de octubre de 2024.
El deterioro es todavía mayor entre los proveedores no financieros de crédito, como billeteras virtuales y plataformas digitales. Allí, la mora familiar pasó del 7,3% en noviembre de 2024 al 30,1% en junio de 2026. Al sumar bancos y billeteras, CEPA estima una morosidad de los hogares cercana al 15,5%.
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El fenómeno tiene un impacto directo sobre la actividad económica. Cuando los bancos restringen el crédito, las familias buscan financiamiento en billeteras, financieras y comercios, generalmente con tasas más altas y condiciones de pago más exigentes. De esta manera, el endeudamiento termina funcionando como un mecanismo para sostener el consumo ante la caída de los ingresos.
El volumen de personas involucradas también marca la dimensión del problema: 20,97 millones de deudores tienen compromisos con bancos y billeteras, de los cuales 5,91 millones se encuentran en mora. Solo las billeteras virtuales concentran 2,90 millones de deudores morosos.
CEPA vincula esta dinámica con la pérdida de poder adquisitivo. Desde la asunción de Javier Milei, el salario registrado perdió 8,7% de capacidad de compra, mientras que con otra metodología utilizada por el organismo la caída llega al 18,7%.
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El mapa regional agrega otra señal de alerta. El informe ubica al sur del NOA y el norte de Cuyo entre las zonas con mayores niveles de morosidad, con La Rioja, Catamarca, San Luis y San Juan entre las provincias más afectadas. Aunque el estudio no publica un indicador específico para Tucumán, el deterioro impacta sobre el consumo y, por esa vía, sobre comercios, servicios y empresas vinculadas al mercado interno.
El dato también es relevante por su impacto generacional: los menores de 34 años representan el 38,7% de los deudores morosos y el 72,6% de ellos registra incumplimientos con billeteras virtuales.
Para las economías regionales, el problema excede al sistema financiero. Cuando una parte creciente de los ingresos familiares se destina a pagar deudas, queda menos capacidad para consumir, invertir y sostener la actividad comercial. El crédito puede amortiguar una caída de ingresos en el corto plazo, pero una morosidad creciente termina convirtiéndose en un nuevo límite para la recuperación económica.
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