El aire de Tucumán, bajo la lupa: qué encontraron al analizar las partículas en el aire

María Marta Sáez presentó en el foro de META un análisis que detectó valores por encima de lo recomendado por la OMS en 30 de las 64 semanas estudiadas. En una de ellas, los hospitales de la capital recibieron 329 consultas respiratorias.

Por María José Monteros3 min de lectura
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El aire de Tucumán, bajo la lupa: qué encontraron al analizar las partículas en el aire
El aire de Tucumán, bajo la lupa: qué encontraron al analizar las partículas en el aire

Resumen para apurados

Antes de su exposición y empezar a hablar de sensores, gráficos y partículas, María Marta Sáez propuso un ejercicio: invitó al público a respirar unos segundos, con los ojos abiertos o cerrados. Después dejó una pregunta en el aire: ¿cuántas veces al día pensamos en qué estamos respirando?

"Todos los días respiramos 11.000 litros de aire, aproximadamente. Y cada vez que nosotros respiramos, no nos preguntamos qué respiramos", dijo la biotecnóloga, integrante de Breathe to Change y colaboradora del Laboratorio de Estudios Atmosféricos del Inquinoa, de la UNT y el Conicet. Su exposición abrió el foro "¿Tucumán respira?", organizado por META Tucumán, y puso los datos locales en el centro del debate en el Hilton. 

La expositora llegó con un estudio que comparó mediciones de calidad del aire con registros de consultas por patologías respiratorias en hospitales de San Miguel de Tucumán y explicó que, dentro de las 64 semanas epidemiológicas analizadas, en 30 se superó el valor recomendado por la Organización Mundial de la Salud. En la semana 32, los hospitales recibieron 329 consultas por problemas respiratorios.

Sáez mostró las dos series en un mismo gráfico: las mediciones de material particulado y las consultas hospitalarias. Según explicó, los picos de partículas coincidían con un aumento de las atenciones. 

"Estos datos nos sirven, por ejemplo, para generar alertas tempranas, para establecer patrones y para preparar el sistema de salud antes de determinados picos", señaló. Esa información podría ayudar a anticipar necesidades de camas, personal y equipamiento en los hospitales.

El material particulado fue uno de los conceptos clave de la charla y se trata de partículas sólidas o líquidas que quedan en el aire. Algunas son tan pequeñas que pueden permanecer en la atmósfera durante mucho tiempo, desplazarse a grandes distancias e ingresar al organismo. La especialista explicó que las partículas más finas pueden alcanzar los alvéolos y pasar al torrente sanguíneo.

La presentación también mostró que el problema no se distribuye de manera pareja durante todo el año. A partir de los registros de 2024 y 2025, la investigadora describió una estacionalidad: cerca de seis meses con mejores condiciones y otros seis con mayor concentración de contaminantes. La etapa más comprometida coincide, explicó, con la estación seca y con la actividad de fuentes como el transporte, las chimeneas de los ingenios y las quemas.

En Tucumán, además, la geografía influye en la dispersión. "Tenemos un cordón montañoso hacia el oeste que impide que el viento disperse los contaminantes", dijo Sáez. La falta de lluvias, los vientos débiles y las bajas temperaturas pueden combinarse con las emisiones y sostener el material particulado en el aire.

La exposición tuvo un ejemplo que cruzó fronteras: un registro elevado de septiembre de 2024 mostró que las partículas asociadas a los incendios de la Amazonía, entre Brasil y Bolivia, llegaron hasta Tucumán. "Lo que se emite en un lado, el viento lo traslada y llega a otros lugares", resumió la investigadora. 

María Marta aclaró que los datos que el público consulta en la plataforma de sensores son indicativos y sirven para tomar decisiones cotidianas. Para definir políticas de largo plazo, en cambio, hace falta un análisis científico más amplio. En su exposición afirmó que la Argentina todavía no cuenta con un índice nacional de calidad del aire y que el equipo toma como referencia herramientas de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos y las guías de la OMS.

La charla no terminó en el diagnóstico porque la expositora propuso cuatro acciones: informarse sobre la calidad del aire, cuidar especialmente a niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas, evitar las quemas y elegir otros medios de transporte cuando sea posible. También destacó que en 2025 unas 60.000 hectáreas de caña se cosecharon sin fuego, como resultado del trabajo conjunto entre productores, ingenios, organismos públicos y equipos técnicos.

"Si el fuego atraviesa nuestra cultura y aprendimos a hacer fuego para sobrevivir, quizás este es el momento en donde también aprendamos a usarlo de otra manera", planteó. Para Sáez, medir es el primer paso para entender qué pasa y decidir qué hacer. El siguiente depende de una tarea compartida: "El aire es algo que compartimos".

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