Del sur de Italia a Catalunya: otro juego de espejos entre Diego Maradona y Lionel Messi
Treinta y seis años después de la semifinal de Italia 90, otro argentino vuelve a quedar en el centro de un debate sobre identidades nacionales. Esta vez no es Maradona en Nápoles, sino Messi frente a una Catalunya dividida entre el rechazo a España y el cariño por el ídolo del Barcelona.

Treinta y seis años después de la semifinal de Italia 90, otro argentino vuelve a quedar en el centro de un debate sobre identidades nacionales. Esta vez no es Maradona en Nápoles, sino Messi frente a una Catalunya dividida entre el rechazo a España y el cariño por el ídolo del Barcelona.
Si los caminos de Messi y Maradona parecen unidos por hilos invisibles, la final del domingo ofrecerá otro juego de espejos entre los dos máximos futbolistas de la historia.
"Durante 364 días del año los llaman terroni y ahora les piden que sean italianos". Diego Maradona calentaba la previa de la semifinal del Mundial de Italia 90. Argentina estaba a punto de enfrentar al seleccionado local, candidato al título y de paso arrollador hasta los cuartos de final. El escenario sería el San Paolo, la casa del Napoli, donde todavía hoy Maradona es venerado como un semidiós.
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Terroni es una palabra despectiva, utilizada históricamente desde el norte de Italia hacia los habitantes del sur. "Ahora todos les piden a los napolitanos que sean italianos... Nápoles ha sido marginada por el resto de Italia. La han condenado al racismo más injusto", seguía Diego, filoso, con la habilidad estratégica de un consultor de campañas. Buscaba que Argentina fuera local en Nápoles y ponía sobre la mesa los insultos, las banderas y los cánticos con los que había convivido durante sus años en el Calcio, en cada visita de su equipo al norte del país.
La historia es conocida. "Maradona, Napoli ti ama, ma l'Italia è la nostra patria", se leyó en una bandera desplegada en el San Paolo el día del partido. Contundente, las cosas en su lugar. Después llegó el "siamo fuori della Coppa", la final con Alemania y, tiempo más tarde, el abrupto final de Maradona con la camiseta celeste del Napoli, acaso también un vuelto por todo aquello.
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Si los caminos de Messi y Maradona parecen unidos por hilos invisibles, la final del domingo ofrecerá otro juego de espejos entre los dos máximos futbolistas de la historia. Como ocurrió con Diego hace 36 años, un argentino volverá a poner a prueba el corazón de su patria adoptiva. Esta vez no será Nápoles, sino Catalunya. Sin "Ñ".
Pero la pregunta admite un matiz. No se trata simplemente de si los catalanes prefieren a Messi o a España. "La discusión está mal planteada si es Messi o España. Para muchos independentistas, el rechazo a la selección española pesa más que cualquier otra cosa", explicó Agustín Guazzone, director del medioArgentinos en Catalunya. "Hay quienes quieren que gane Argentina aunque Messi no jugara. La selección española está muy asociada a una idea de España con la que muchos catalanes no se sienten identificados. Messi suma, claro, pero es un plus."
Maradona condujo al Napoli a la etapa más gloriosa de su historia. Ganó dos de los cuatro scudetti que ostenta el club y también su único título internacional, la Copa UEFA 1988-89.
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Javier Ferreyra, otro periodista argentino radicado en Barcelona, comentó: "Argentina le dio el DNI a Messi, pero los catalanes le dieron el pasaporte. Durante muchos años, fue una especie de 'orgullo catalán'. La realidad es que acá se lo defendía cuando muchos argentinos lo criticaban por no cantar el himno y, hoy, esos catalanes, nos exigen definiciones, quieren que digamos en voz alta que la discusión Messi-Maradona ya dejó de ser una discusión".
"Por eso los catalanes lo sienten un poco como ese hijo que creció en casa y que un día se fue. Hay orgullo por verlo triunfar, pero también una especie de síndrome del nido vacío: la sensación de que sigue siendo de ellos, aunque ahora sus alegrías ocurran con otro escudo", agregó.
El paralelo con Nápoles tiene diferencias evidentes, pero también algunos puentes. En ambos casos, un futbolista argentino terminó convertido en un símbolo que excede al fútbol y quedó atravesado por debates de identidad mucho más profundos.
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Maradona condujo al Napoli a la etapa más gloriosa de su historia. Ganó dos de los cuatro scudetti que ostenta el club y también su único título internacional, la Copa UEFA 1988-89. Messi, por su parte, conquistó 35 títulos con el Barcelona, incluidas cuatro Champions League, y con 26 goles es el futbolista que más veces convirtió frente al Real Madrid.
A diferencia de Maradona, Messi nunca alimentó esa tensión. Nunca pidió apoyo contra España ni hizo guiños al independentismo catalán. Pero la historia terminó colocándolo, otra vez sin proponérselo, en el centro de una discusión sobre pertenencias nacionales. Esa identidad diferenciada sigue atravesando la vida política, la cultura y también el fútbol. Lo resumió meses atrás Ricardo Darín cuando le preguntaron si su nieto sería argentino o español. "Ni argentino ni español; me parece que será catalán", respondió el actor, reflejando una identidad que muchos habitantes de la región reivindican por encima de la nacionalidad española.
Como ocurrió con Diego hace 36 años, un argentino volverá a poner a prueba el corazón de su patria adoptiva. Esta vez no será Nápoles, sino Catalunya. Sin "Ñ".
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Los napolitanos todavía conservan estampitas de Maradona, mantienen un santuario que se convirtió en atracción turística y muchos se visten de celeste y blanco cuando juega la Selección argentina. Festejan los triunfos como si estuvieran en cualquier esquina de Buenos Aires. Una forma, quizá, de saldar 36 años después aquel desaire del San Paolo.
En tanto, más cerca del obelisco, Jordi Mateu, del Casal de Catalunya de Buenos Aires, señaló en diálogo con Ámbito: "Si bien en la Selección de España ('el Imperio, despectivamente hablando', dijo) hay diez jugadores del Barça, no me influye. Sólo demuestra que hasta en el deporte contribuimos más que proporcionalmente al Imperio. No sólo en fútbol. En tenis con Rafael Nadal y hasta en motos. Y económicamente, con el 18% del territorio, aportamos el 25% de PBI del Reino. Mi dilema sería entre la Seleción de Cataluña y Argentina. Pero con la de España, no. Ningún dilema".
Las diferencias entre Nápoles y Catalunya son muchas, aunque también existen algunos vasos comunicantes. Tanto Italia como España atravesaron procesos de unificación que integraron distintos reinos hasta conformar los Estados nacionales modernos. Antes de la unificación italiana de 1861, Nápoles pertenecía al Reino de las Dos Sicilias. Si se retrocede aún más, había formado parte de la Corona de Aragón, nacida en 1137 de la unión dinástica entre el Reino de Aragón y el Condado de Barcelona. Un guiño de la tumultuosa historia europea.
Catalunya, por su parte, proclamó unilateralmente su independencia en 2017, una declaración que no fue reconocida por ningún Estado y que el Tribunal Constitucional español declaró contraria a la carta magna. Esa identidad diferenciada sigue atravesando buena parte de la vida política y también del fútbol.
"Hay dos tipos de catalanes frente a este partido", resumió el periodista Alex Favieri, dirigente de San Lorenzo de Catalunya. "Está el que nunca hincharía por España y entonces quiere que gane Argentina, independientemente de Messi. Y está el hincha del Barcelona que acompaña a España porque muchos jugadores fueron formados en La Masia. En ese caso, Messi suma, pero no el motivo principal."
Incluso aparecen otros condimentos. "Muchos se terminaron subiendo a Argentina después del triunfo sobre Francia", cuenta Favieri. "Acá tampoco sobran los simpatizantes franceses."
Otro argentino que lleva medio siglo viviendo allí también percibe esa dualidad. "Llegué a Barcelona a fines de 1976. He vivido más tiempo en Catalunya que en Argentina", señaló el hombre, radicado en la región desde hace casi cincuenta años. "El sentimiento hacia la selección española es de rechazo, aunque no absoluto, porque buena parte del plantel es catalán y eso condiciona. Al mismo tiempo, el cariño por Messi sigue siendo enorme por todo lo que le dio al Barça."
Ferreyra, en tanto, se animó a una analogía: "San Martín se formó militarmente en el ejército español y después utilizó todo lo aprendido para luchar contra la Corona española por la independencia. Messi se formó futbolísticamente en Barcelona y ahora todo lo que aprendió acá puede llevarlo a enfrentarse y ganarle a España. No es una traición. Es la historia de alguien que vuelve a encontrarse con el lugar que lo formó, pero defendiendo definitivamente el lugar al que pertenece". Y, dice, entre risas, que a dos cuadras de su casa en Barcelona hay un busto de San Martín y que el tucumano Gerardo Pisarello Prados es el reemplazante natural de Ada Colau y candidato a ser el próximo Alcalde de Barcelona.
Treinta y seis años después del desafío que Maradona lanzó desde Nápoles, otro argentino vuelve a quedar, acaso sin proponérselo, en el centro de una discusión que excede largamente al fútbol. Entonces fue el sur de Italia. Ahora es Catalunya. Dos historias distintas. Dos identidades diferentes. Y otro juego de espejos entre Diego y Messi.
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