De la posesión al gol: el problema que San Martín arrastra y deberá resolver frente a Tristán Suárez
El equipo de Orfila suele controlar la pelota, pero necesita mayor claridad, asociaciones y contundencia para transformar ese dominio en victorias.

Resumen para apurados
San Martín llega a la visita del sábado a Tristán Suárez con una cuestión que Alejandro Orfila deberá resolver más allá del resultado: cómo transformar la posesión en peligro real. El problema no es conseguir la pelota -el equipo promedia 54,1% de posesión en el torneo-, sino qué ocurre cuando atraviesa la mitad de la cancha y debe encontrar el pase que rompa una defensa. Esa superioridad no se traduce en gol: San Martín convierte apenas 0,84 tantos por partido de media. Contra Güemes de Santiago del Estero volvió a aparecer esa dificultad, pero no nació en La Ciudadela y puede ser decisiva en las nueve fechas que quedan.
Ya en el debut contra Patronato hubo una señal: San Martín manejó la pelota, pero le faltaron imaginación y precisión en el último tercio. El 0 a 0 anticipó una sensación que se repetiría: dominio territorial sin recompensa. Contra Tristán Suárez, en la décima fecha, ocurrió algo todavía más elocuente. El "Lechero" cerró espacios y San Martín nunca encontró continuidad en sus ataques. El dato lo confirma de manera literal: llegó a jugar dos tramos de ese partido con un hombre de más -incluidos los minutos finales, con el rival reducido a nueve- y ni así logró abrir el marcador. Otro empate sin goles que expuso la misma dificultad.
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Ese antecedente pesa ahora porque el rival vuelve a ser el conjunto de Ezeiza, aunque el escenario será distinto: esta vez San Martín jugará de visitante ante el líder de la zona B, que no tendrá la misma obligación de replegarse que aquella tarde en Tucumán. Pueden aparecer espacios que permitan a Orfila desarrollar una faceta más natural: atacar con metros por delante.
La temporada ofrece pruebas de que San Martín juega mejor cuando el rival no cierra todo. La victoria 2 a 0 sobre Gimnasia de Jujuy, entonces líder, fue la mejor demostración: hubo intensidad, asociaciones y mejor uso de los espacios. Algo similar pasó en el 2 a 0 a Nueva Chicago y en el 2 a 1 a Atlético de Rafaela.
El contraste aparece en otros partidos: sufrió para construir ante la presión de Agropecuario, y frente a Atlanta perdió el control y dependió de envíos largos e intentos individuales.
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Con Orfila, el diagnóstico no cambió del todo. Tras el 1 a 1 con Güemes, reconoció que el equipo tuvo dominio pero no lo trasladó al último tramo. "No fuimos claros para generarle situaciones de gol bien concretas", explicó. Admitió además que tener la posesión no significa dominar desde lo creativo, y planteó la necesidad de encontrar "los caminos y los argumentos" para revertirlo.
Matías Ignacio García coincidió con el análisis del DT. "Nos falta un poco en los últimos metros, un poco en la definición". Bruno Cabrera también. "En los últimos metros nos falta ahí un detalle mínimo". Ambas declaraciones explican por qué la posesión, sola, no alcanza: con 54% del balón en promedio, San Martín está lejos de la efectividad que ese dominio debería garantizar (0,84 goles a favor contra 0,79 en contra por partido).
El equipo necesita mejorar la calidad de sus ataques, no el tiempo de posesión: mejores movimientos sin pelota, más presencia en el área y decisiones más rápidas cuando aparece una ventaja, sin caer en el centro frontal o el pelotazo por ansiedad.
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El sábado puede ser la oportunidad para comprobarlo. Tristán Suárez exige más por la tabla, pero también ofrece un contexto distinto al que San Martín suele encontrar en La Ciudadela: si aprovecha los espacios, sabrá si el problema estaba solo en los rivales cerrados o si es algo más profundo.
San Martín debe demostrar que puede manejar ambos escenarios. El objetivo no es solo competir contra el líder, sino medir cuánto le falta. Porque quedan nueve fechas y ya lleva cuatro sin ganar de local, lo que lo dejó afuera del Reducido y lo obliga a ganar los cuatro partidos que le restan en Tucumán. No alcanzará con tener la pelota: hará falta ese pase, esa asociación y esa decisión que conviertan el dominio en ocasiones y las ocasiones en goles. El desafío frente a Tristán Suárez será ese: que la pelota deje de ser una posesión y se convierta en una herramienta para ganar.
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