Daniel González Isolio, de UdeSA: "La estabilidad es una condición necesaria, aunque no suficiente"
El decano de la Escuela de Negocios de la Universidad de San Andrés defendió el rol de la educación y analizó el impacto de la inteligencia artificial. Las oportunidades en sectores estratégicos y las condiciones que necesita la Argentina para atraer inversiones y desarrollar empresas.

El decano de la Escuela de Negocios de la Universidad de San Andrés defendió el rol de la educación y analizó el impacto de la inteligencia artificial. Las oportunidades en sectores estratégicos y las condiciones que necesita la Argentina para atraer inversiones y desarrollar empresas.
La inteligencia artificial, la biotecnología y la convergencia entre disciplinas están redefiniendo el mundo de los negocios. Daniel González Isolio analizó qué perfiles profesionales demandará esa transformación y cómo puede aprovecharla la Argentina.
Lainteligencia artificial (IA), la tecnología y la transición energética abren nuevas oportunidades para los negocios, pero también plantean desafíos para la Argentina. En un mundo atravesado por cambios tecnológicos y tensiones geopolíticas, Daniel González Isolio advirtió en la entrevista con Ámbito que el país cuenta con talento y capacidad emprendedora, aunque necesita estabilidad económica y financiamiento para transformar ese potencial en inversión, empresas y empleo.
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Decano de la Escuela de Negocios de laUniversidad de San Andrés (UdeSA), donde también es profesor de Finanzas, González Isolio es licenciado en Economía por la Universidad Católica Argentina, tiene un MBA del IAE Business School y un doctorado en Dirección de Empresas de la Universidad del CEMA. Con experiencia en gestión académica, analizó el impacto de la IA en el empleo, las habilidades que demandará el futuro y las condiciones necesarias para que el capital humano argentino se convierta en un motor de desarrollo.
Daniel González Isolio señaló que la volatilidad económica dificulta las inversiones de largo plazo y limita el desarrollo de emprendimientos y pymes. Además, explica por qué el talento argentino necesita financiamiento y reglas previsibles para crecer.
Periodista: En un escenario internacional atravesado por la transformación tecnológica, las tensiones geopolíticas y la reconfiguración de la economía, ¿cómo analiza la posición de la Argentina y qué oportunidades y condicionantes identifica hoy para el desarrollo de los negocios?
Daniel González Isolio: Estamos atravesando una revolución tecnológica muy importante, a la que se suman cambios demográficos, tensiones geopolíticas y una creciente polarización. Todo eso modifica los negocios y genera oportunidades, pero también riesgos. En la Argentina se agrega una discusión sobre la matriz productiva: qué sectores queremos desarrollar y qué modelo vamos a sostener. Hay muchas puertas abiertas, pero también incertidumbre.
P.: ¿Cómo impacta la inteligencia artificial en el empleo y en las habilidades que necesitan las empresas?
D.G.I.: La IA está aumentando la productividad, reemplazando tareas y habilitando nuevos modelos de negocios. En general, las revoluciones tecnológicas afectan primero los eslabones de menor valor agregado. Cuanto más cerca está una persona de crear valor, menos expuesta queda. Por eso, quienes lideren empresas y organizaciones van a necesitar una formación más amplia, flexibilidad, pensamiento crítico y capacidad para imaginar nuevos negocios.
La IA puede potenciar a una persona formada, pero es un riesgo enorme cuando se la utiliza para delegar el pensamiento. Tenemos que aprender a usarla, no evitarla. El desafío es entender cómo aprovecharla para transformar una propuesta de valor.
P.: ¿Qué hace la Universidad de San Andrés para adaptar su formación a estas transformaciones y a las necesidades del sector productivo?
D.G.I.: En la Escuela de Negocios buscamos formar a quienes van a crear valor: empresarios, emprendedores y futuros líderes. Nos definimos como una universidad de excelencia, con un portafolio diversificado. En posgrado tenemos 11 maestrías y un doctorado, además de programas como el MBA. También desarrollamos propuestas vinculadas con tecnología, inteligencia artificial, negocios digitales, salud, innovación y organizaciones sin fines de lucro.
Estamos muy conectados con el sector empresarial para identificar necesidades. Lanzamos hace cuatro años un Master in Management con distintas orientaciones y este año incorporamos minería y energía, porque son sectores que crecen y necesitan profesionales preparados. También impulsamos la formación en gobierno corporativo. Buscamos acompañar los cambios de la matriz productiva sin perder la esencia de una educación de excelencia.
P.: ¿Qué habilidades van a diferenciar a los profesionales en este nuevo escenario?
D.G.I.: El manejo de la IA va a ser cada vez más intuitivo. Si todos saben utilizarla, no va a ser un factor de diferenciación. Lo importante es el pensamiento crítico, la capacidad analítica, el liderazgo y la experiencia para conectar conocimientos. En la universidad también trabajamos sobre los fundamentos: nuestros estudiantes de negocios cursan materias de filosofía, historia, economía, matemática y pensamiento computacional. La innovación aparece muchas veces cuando se cruzan disciplinas y formas distintas de pensar.
La Universidad de San Andrés (UdeSA) combina formación académica, investigación e innovación, con especial atención a la articulación entre el conocimiento, los negocios y el desarrollo emprendedor.
P.: ¿La Argentina es un semillero de emprendedores?
D.G.I.: En términos de talento, los argentinos tenemos habilidades extraordinarias. Estamos acostumbrados a adaptarnos, asumir riesgos y cambiar frente a contextos difíciles. Pero para hacer un negocio hacen falta dos recursos clave: personas y dinero. En el primero tenemos fortalezas; en el financiamiento estamos más débiles.
Desde la universidad trabajamos para fortalecer ese ecosistema. Tenemos una competencia de startups que conecta emprendedores con el sector privado. Los ganadores de los últimos dos años recibieron más de un millón de dólares en financiamiento. También creamos un centro de capital privado y financiación de negocios, porque es fundamental que los emprendedores puedan demostrar que sus proyectos son financiables.
P.: ¿Qué condiciones necesita el país para que ese talento se traduzca en empresas, inversión y empleo?
D.G.I.: La primera condición es un entorno macroeconómico estable y previsible. Si alguien invierte capital a diez años y las reglas cambian cada cuatro, es muy difícil desarrollar un negocio. Después necesitamos que el ahorro se transforme en inversión productiva y que el Estado y el sector privado trabajen en conjunto. Las pymes son fundamentales para la economía y muchas veces no desaparecen por falta de capacidad, sino porque el contexto económico y financiero termina asfixiándolas.
Si alguien quiere emprender acá, tiene que preguntarse en qué contexto va a desarrollar su proyecto. Puede tener cierta claridad sobre el próximo año, aunque sabemos que un año electoral puede traer volatilidad, pero después aparece una incertidumbre mayor: quién va a ganar y qué matriz productiva va a impulsar. Mientras eso no esté resuelto, tenemos una desventaja importante. La estabilidad es una condición necesaria, aunque no suficiente.
P.: ¿Cuánto pesa la falta de previsibilidad económica en las decisiones de inversión y la proyección de negocios?
D.G.I: Si logramos financiar el capital humano que tenemos, las oportunidades para los emprendimientos y las pymes argentinas son enormes. El talento existe, pero muchas empresas desaparecen no por errores de sus dueños, sino porque las condiciones económicas y financieras las asfixian.
Para invertir y desarrollar negocios se necesita previsibilidad: si una empresa inmoviliza capital durante diez años, no puede enfrentar un cambio de modelo económico cada cuatro. La volatilidad interna se suma a la incertidumbre tecnológica, demográfica y geopolítica global y se convierte en un obstáculo para la inversión.
P.: ¿Qué debe mirar la Argentina de las experiencias mundiales en materia de estabilidad, planificación y previsibilidad para el desarrollo de los negocios?
D.G.I: Miremos el caso de China, un ejemplo interesante porque, más allá de las diferencias que podamos tener desde Occidente, ofrece estabilidad y claridad sobre el rumbo económico. Un empresario que invierte allí tiene mayor visibilidad sobre el largo plazo.
A veces nos detenemos demasiado en la discusión ideológica sobre los modelos y perdemos de vista una cuestión central: cualquiera sea el camino elegido, necesita continuidad y previsibilidad para generar inversiones, financiar negocios y desarrollar un ecosistema productivo.
Daniel Gonzalez Isolio es Lic. en Economía por la Universidad Católica (Argentina), cuenta con un MBA por el IAE Business School - Universidad Austral (Argentina), y es doctor en Dirección de Empresas por la Universidad del CEMA (Argentina).
P.: ¿Dónde están las oportunidades más destacadas para la Argentina hoy?
D.G.I.: En energía, minería, agro, economía del conocimiento y biotecnología. Tenemos investigación científica, emprendedores y capital humano para competir internacionalmente. Las oportunidades también están en la intersección entre disciplinas: combinar ciencia, tecnología y negocios para desarrollar soluciones innovadoras. La universidad tiene un papel importante en la formación de esos perfiles y en la generación de conocimiento.
P.: Entonces, ¿cuál es la principal deuda que impide aprovechar ese potencial?
D.G.I.: Tenemos el ecosistema científico, el ADN emprendedor y el tejido social. Nos faltan estabilidad económica y financiamiento. Si logramos resolver esos problemas y contamos con el liderazgo adecuado, la Argentina tiene grandes oportunidades.
Me gustaría tomar un poco de distancia para contextualizarlo. Hay un libro muy interesante, "El gen" (de Siddhartha Mukherjee), cuyo autor plantea tres grandes conceptos que cambiaron la humanidad: el átomo, el bit y el gen. Cuando lo leía, pensaba inmediatamente en su relación con los negocios. El átomo representa la revolución industrial: la energía, la fuerza, la materia y la posibilidad de producir a escala. Hoy estamos atravesando la revolución del bit y del gen.
P.: ¿Cómo se explica eso en el caso argentino?
D.G.I.: La transformación atraviesa distintos sectores en los que la Argentina tiene oportunidades. La energía es uno de ellos, pero también hay un potencial importante en todo lo relacionado con la biotecnología. En el país existe muy buena investigación de base y hay emprendedores con capacidad para desarrollar proyectos. Si logramos unir ciencia, emprendedurismo y financiación, las oportunidades son enormes.
En el mundo del bit, las aplicaciones más directas están en la tecnología y la inteligencia artificial. Ya te conté algunas de las iniciativas que estamos desarrollando en la universidad. En el mundo del gen, tenemos una carrera de Ingeniería en Biotecnología y, desde la Escuela de Negocios, estamos empezando a lanzar propuestas que conectan las ciencias biológicas con los negocios. Creo que las oportunidades van a aparecer precisamente en esas intersecciones.
P.: ¿En un contexto de transformación tecnológica, ¿cuáles considera que son los pilares fundamentales para preparar a la sociedad para el futuro y qué papel deben cumplir la formación profesional y la educación en ese proceso?
D.G.I.: En una sociedad hay dos elementos fundamentales: el capital intelectual y el tejido social. Cuesta muchísimo construirlos y, una vez que se deterioran, es muy difícil volver a hacerlo. Por eso tenemos que impulsar, recuperar y fortalecer esas dos dimensiones para que se conviertan en motores del desarrollo argentino.
Vamos hacia un mundo de personas muy formadas, en el que la inteligencia artificial trabaje para los seres humanos y no las personas deleguen su pensamiento en la IA. También vamos hacia un mundo en el que los profesionales van a trabajar cada vez más en la intersección de distintas disciplinas.
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