Crecer en Argentina no significa cerrar empresas ¿Quién paga el costo de la transición? Cerrar empresas no es sanear la economía
La transición económica en Argentina impacta fuertemente en las PyMEs y el empleo formal, generando un debate sobre el costo real de la estabilización macroeconómica.

La transición económica en Argentina impacta fuertemente en las PyMEs y el empleo formal, generando un debate sobre el costo real de la estabilización macroeconómica.
Las PyME no piden protección piden una oportunidad, pero el contexto de apertura y caída del consumo dificulta salir adelante.
Argentina consiguió algo que durante años parecía imposible, comenzar a ordenar sus cuentas públicas y desacelerar la inflación. Es un cambio profundo y necesario, pero existe una pregunta que empieza a ser inevitable ¿qué está pasando con la economía real mientras la macroeconomía se estabiliza?
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Porque una cosa es corregir los desequilibrios acumulados durante años y otra muy distinta es creer que el mercado, por sí solo y de manera instantánea, puede reconstruir las capacidades productivas que se destruyen durante esa transición.
Hoy los datos reflejan una Argentina a dos velocidades, caracterizada por una clara heterogeneidad sectorial.
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Por un lado, crecen con fuerza los sectores vinculados a la generación de divisas y las grandes inversiones. Agroindustria, Energía y Minería muestran incrementos de 45%, 18,5% y 15,7%, respectivamente.
Por otro lado, las actividades que concentran buena parte del empleo urbano enfrentan una realidad mucho más dura donde la Industria Manufacturera cayó 9,5%, la Construcción 14,2% y el Comercio 4,9%.
El resultado es contundente, más de 217.000 empleos asalariados formales registrados perdidos y aproximadamente 31.500 empresas empleadoras cerradas, equivalentes al 6,3% del entramado PyME nacional.
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La pregunta, entonces, no es si Argentina necesita cambiar su estructura productiva, la pregunta es si podemos permitirnos que ese cambio ocurra destruyendo empresas, empleos y conocimientos a una velocidad mayor que la capacidad de crear nuevas oportunidades.
Hay una idea tentadora en los procesos de transformación económica que es, si una actividad deja de ser competitiva, los recursos simplemente migrarán hacia otra más rentable.
En los libros de economía puede parecer sencillo, pero en la vida real no. Una PyME que cierra no vuelve a abrir automáticamente cuando las condiciones mejoran. Una máquina vendida como chatarra no reaparece cuando vuelve la demanda. Un proveedor que desaparece no se reconstruye en seis meses.
Y un trabajador especializado tampoco puede trasladar automáticamente décadas de experiencia de una fábrica metalmecánica o textil hacia la minería, la energía o el software.
Según informes elaborados FECOI, pasar de un empleo industrial formal a la informalidad o al cuentapropismo puede significar una pérdida de entre 30% y 50% del ingreso familiar real. En el caso de una empresa, cerrar o reconvertir una planta puede implicar liquidar pasivos que absorben entre 20% y 35% del patrimonio neto.
Por eso, detrás de cada punto de caída de la industria o del comercio hay algo que no aparece inmediatamente en las estadísticas que es, el capital que se destruye, conocimiento que se pierde y familias que reducen su nivel de vida.
La apertura de la economía puede mejorar la oferta, reducir costos y permitir que empresas y consumidores accedan a productos más competitivos. Pero también puede acelerar la reconversión de empresas industriales hacia la comercialización de bienes terminados importados.
Estadísticas oficiales registran la incorporación de más de 4.900 empresas importadoras en rubros de consumo final. El fenómeno no es necesariamente negativo en sí mismo pero el problema aparece cuando la sustitución de producción nacional por importaciones no es acompañada por la creación de actividades de mayor productividad capaces de absorber a los trabajadores desplazados.
Porque importar un producto puede ser relativamente sencillo, pero reemplazar el empleo y las capacidades productivas que desaparecen es mucho más difícil.
Los sectores que hoy lideran la economía son estratégicos para el futuro argentino, pero tienen una característica que no podemos desconocer, son intensivos en capital y presentan una capacidad limitada de absorción masiva de mano de obra.
Agroindustria, Energía y Minería aportaron en conjunto cerca de 38.500 nuevos puestos de trabajo formales. La cifra resulta insuficiente frente a los empleos perdidos en los sectores más intensivos en trabajo.
Esto obliga a abandonar una falsa dicotomía, hoy no se trata de elegir entre minería e industria, entre exportaciones y mercado interno, o entre eficiencia y protección, se trata de construir una economía donde los sectores que generan divisas puedan crecer y, al mismo tiempo, traccionar al resto del entramado productivo.
Desde FECOI no proponemos congelar una estructura productiva del pasado ni sostener artificialmente empresas inviables. Proponemos algo mucho más simple, que las empresas que pueden sobrevivir, invertir y generar empleo tengan las condiciones para hacerlo.
Agenda de FECOI para las PyMEs
1. Aliviar la presión tributaria y proteger el capital de trabajo
La primera urgencia es financiera. Una empresa que tiene una deuda fiscal no necesariamente es una empresa inviable. Muchas veces es una empresa que atravesó años de inflación, caída de ventas y falta de crédito y que necesita tiempo para recuperarse.
FECOI propone suspender durante un año nuevos juicios de ejecución fiscal y medidas cautelares para empresas que mantengan al menos el 90% de su nómina. También limitar los embargos bancarios al monto reclamado más un 15% para costas.
A esto debería sumarse una moratoria excepcional, con condonación del 100% de multas y hasta el 80% de intereses resarcitorios para Micro y Pequeñas empresas, planes de hasta 96 cuotas y seis meses de gracia.


2. Simplificar y diferenciar el sistema tributario
No se puede pretender que una microempresa soporte la misma lógica tributaria que una gran corporación. FECOI propone una escala progresiva de Ganancias, con alícuotas del 20% para Micro y Pequeñas empresas, 25% para Medianas Tramo 1 y 30% para Medianas Tramo 2.
También plantea avanzar en la eliminación gradual del Impuesto a los Débitos y Créditos bancarios y excluir a las PyMEs de los regímenes de retenciones y percepciones nacionales y provinciales, con una revisión del SIRCREB.
Porque cuando el sistema tributario inmoviliza capital de trabajo, termina castigando precisamente a quienes más necesitan liquidez.
Lo mismo ocurre con el empleo. Si queremos que las empresas vuelvan a contratar, hay que reducir el costo de incorporar trabajadores. Por eso proponemos reducciones escalonadas de contribuciones patronales para nuevos puestos de trabajo, con una reducción del 100% para jóvenes de 18 a 25 años, del 75% para trabajadores de 25 a 30 y del 50% para quienes tienen entre 30 y 40 años.
No se trata de subsidiar eternamente el empleo, se trata de hacer posible que vuelva a crecer.
3. Sin crédito no hay reconversión
Hay una contradicción que Argentina debe resolver, se le pide a la PyME que sea más productiva, que incorpore tecnología, que exporte, que se reconvierta y que compita internacionalmente, pero muchas veces se le niega el instrumento básico para hacerlo, el crédito.
Por eso FECOI propone recuperar el Cupo MiPyME en los encajes bancarios, implementar una Carpeta Crediticia Única y desarrollar líneas de inversión a 36 meses respaldadas por FOGAR y las SGR.
También resulta necesario adaptar los incentivos a la escala PyME, reduciendo los umbrales de acceso al RIMI a USD 50.000 para Microempresas y USD 200.000 para Pequeñas empresas, con mecanismos de amortización acelerada.
4. Integrar a las PyMEs a las grandes inversiones
Y si Argentina quiere que las grandes inversiones en energía, minería e infraestructura generen un verdadero entramado nacional, debe incorporar a las PyMEs a esas cadenas de valor.
Los grandes proyectos pueden ser una enorme oportunidad para proveedores locales. Pero para eso hay que evitar que una PyME financie gratuitamente a una gran empresa o al propio Estado.
FECOI propone que el Estado y las grandes empresas deben pagar las facturas de las PyMEs en un plazo máximo de 30 días, mientras que los saldos técnicos de IVA deberían poder recuperarse en un plazo de 60 días.
No se trata de frenar el cambio, sino de hacerlo posible
La Argentina necesita más inversión, mayor productividad, nuevas exportaciones y una estructura económica capaz de generar divisas.
Pero también necesita evitar que la transición hacia esa nueva economía implique la destrucción innecesaria de empresas, empleos y capacidades productivas que luego serán muy difíciles de reconstruir.
La estabilidad macroeconómica es indispensable, sin cuentas públicas ordenadas y sin inflación controlada no existe inversión sostenible.
Pero tampoco existe desarrollo si la estabilización se traduce en una economía real cada vez más pequeña, con menos empresas, menos empleo formal y menor capacidad industrial.
Desde FECOI creemos que llegó el momento de pasar de la etapa del ajuste a la etapa de la construcción.
Una construcción que no significa volver atrás, sino crear las condiciones para que miles de PyMEs puedan adaptarse, invertir, contratar y competir.
Porque una economía puede estabilizarse cerrando empresas, pero un país no se desarrolla cerrando empresas.
El verdadero éxito de la transformación será que la nueva Argentina no tenga que elegir entre estabilidad y producción, entre eficiencia y empleo, entre exportar y producir.
La Argentina que necesitamos es aquella en la que la estabilidad macroeconómica deje de ser el punto de llegada y se convierta, finalmente, en el punto de partida para volver a crecer.
Pte De Federación Gremial de Comercio e Industria Rosario
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