Cedears: se incorporarán al mercado ETFs que replican a la soja y el maíz
La nueva propuesta permite tomar exposición al precio internacional de los principales granos desde una cuenta bursátil local. Además, suma una vía de diversificación y cobertura frente a movimientos del dólar financiero.

La nueva propuesta permite tomar exposición al precio internacional de los principales granos desde una cuenta bursátil local. Además, suma una vía de diversificación y cobertura frente a movimientos del dólar financiero.
Los nuevos Cedears amplían las alternativas para invertir en granos y sumar cobertura frente al dólar financiero.
El menú de Cedears sumará dos nuevos instrumentos directamente vinculados con el precio internacional de los principales granos. Se trata de los certificados de los ETFTeucrium Corn Fund (CORN) y Teucrium Soybean Fund (SOYB), fondos estadounidenses que siguen la evolución del maíz y la soja mediante contratos de futuros negociados en Chicago.
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La novedad amplía las alternativas para inversores y empresas que busquen tomar exposición financiera al complejo agrícola en dólares, sin operar directamente futuros. También abre una nueva herramienta frente a las opciones disponibles en A3, aunque con diferencias importantes en materia de cobertura, liquidez y tratamiento cambiario. En particular, al tratarse de Cedears, no son compatibles con el MULC para personas jurídicas, un punto relevante para las empresas agropecuarias.
El Teucrium Corn Fund (CORN) ingresará con un ratio de 4 Cedears por cada cuota del ETF y busca acompañar la evolución del precio del maíz mediante contratos de futuros negociados en el Chicago Board of Trade.
El fondo no compra maíz físico ni acciones de compañías agrícolas. En cambio, distribuye su exposición entre tres contratos de futuros con distintos vencimientos: aproximadamente 35% en diciembre de 2026, 30% en marzo de 2027 y 35% en diciembre de 2027, mientras mantiene efectivo y equivalentes como respaldo de esas posiciones. De esta forma, evita concentrarse únicamente en el contrato más próximo y reparte el riesgo a lo largo de distintos puntos de la curva.
Esa estructura implica que CORN no replica de manera exacta el precio spot del cereal. Su rendimiento depende tanto de la evolución del maíz como de la forma de la curva de futuros y de la diferencia de precios entre los contratos que mantiene y aquellos que debe renovar a medida que se acercan los vencimientos.
El Teucrium Soybean Fund (SOYB), que llegará con un ratio de 5 a 1, utiliza una lógica similar para seguir la evolución de la soja. Su cartera también se distribuye entre tres futuros negociados en Chicago, con alrededor de 35% en noviembre de 2026, 30% en enero de 2027 y 35% en noviembre de 2027, además del efectivo utilizado como colateral de esas posiciones.
En ambos casos, por lo tanto, el inversor obtiene exposición financiera al precio internacional del grano y a distintos tramos de su curva de futuros, sin necesidad de operar directamente derivados ni administrar las garantías que exige ese mercado.
En Wall Street, los dos fondos vienen mostrando rendimientos positivos en el último año, aunque con diferencias. CORN acumula cerca de 15% en doce meses, mientras SOYB avanza más de 20%, en línea con el movimientos de los granos. En horizontes más largos, sin embargo, sus resultados son más moderados, en parte porque la renovación periódica de los contratos puede sumar o restar rendimiento según cómo esté configurada la curva de futuros.
Por esa razón, CORN y SOYB aparecen principalmente como instrumentos de exposición táctica, diversificación o cobertura financiera, más que como una inversión tradicional de largo plazo. Su desempeño no depende únicamente de hacia dónde se mueva el precio del maíz o la soja, sino también de cómo evolucionen los distintos vencimientos que integran cada cartera.
CORN y SOYB permiten seguir el precio internacional del maíz y la soja a través de una cartera de futuros con distintos vencimientos.
La llegada de estos instrumentos se produce además en un momento de recuperación de los precios agrícolas, aunque con fundamentos distintos para cada grano. La soja acumuló una mejora cercana al 20% en lo que va del año, mientras que el maíz avanzó alrededor de 13%, según Delphos Investment.
Para la consultora, el movimiento se enmarca en una combinación de problemas climáticos, tensiones geopolíticas y dificultades logísticas que también impulsaron con mucha mayor fuerza al trigo.
En el caso de la soja, uno de los principales factores de sostén fue la aceleración de la demanda china. En este sentido, la Bolsa de Comercio de Rosario señaló que China pasó de representar apenas 7% de los compromisos de soja 2026/27 a comienzos de julio a explicar 48% hacia mediados de agosto, con 5,69 millones de toneladas compradas.
Al mismo tiempo, el mercado argentino llega con una cosecha 2025/26 estimada por GEA-BCR en 51,5 millones de toneladas, mientras para la próxima campaña se proyectan unas 48 millones.


En maíz, la oferta argentina también alcanzó niveles elevados. La BCR elevó su estimación para la campaña 2025/26 a 70,5 millones de toneladas, mientras julio marcó un récord histórico de exportaciones. Para 2026/27, en cambio, la entidad proyecta una producción cercana a 66 millones de toneladas, con una reducción del área sembrada.
En paralelo, las últimas proyecciones del USDA (Departamento de Agricultura de Estados Unidos) reforzaron un escenario diferente para cada cultivo. Para el maíz, el organismo elevó la estimación de producción global, pero recortó los stocks finales de Estados Unidos, lo que sostuvo las cotizaciones al mostrar un balance doméstico más ajustado. En soja, en cambio, la mayor oferta proyectada y un nivel de existencias más holgado limitaron parte del impulso alcista.
Así, aunque ambos granos vienen recuperándose, el maíz encuentra hoy un respaldo más claro en la relación entre oferta y demanda, mientras la soja enfrenta un techo mayor por la abundancia prevista para la campaña 2026/27.
A esto se sumaron factores climáticos en Estados Unidos y Europa, junto con las dificultades asociadas a la guerra entre Rusia y Ucrania y al transporte de granos desde la región del Mar Negro. Para Delphos, la combinación constituye "otro shock externo positivo para nuestro país", ya que Argentina llega de campañas con producciones elevadas y ahora suma mejores precios internacionales.
El cierre de Ormuz sumó tensión a la logística global y reforzó la presión sobre los mercados de commodities.
La llegada de CORN y SOYB incorpora una nueva forma de tomar posición sobre el precio internacional del maíz y la soja desde el mercado local. A diferencia de los futuros y opciones tradicionales, estos instrumentos permiten acceder a los granos a través de Cedears, con una lógica más cercana a la de una inversión financiera que a la de una cobertura productiva directa.
En Argentina, el mercado de derivados agropecuarios ya tiene un desarrollo importante a través de A3 Mercados. Durante 2025 se negociaron cerca de 89,6 millones de toneladas de granos mediante futuros y opciones, un récord histórico y aproximadamente 35% más que el año anterior. La soja concentró 51,3 millones de toneladas, seguida por el maíz con 27,9 millones y el trigo con 10,4 millones.
Ese crecimiento también se refleja en la campaña nueva. Hacia mediados de agosto, las ventas de maíz 2026/27 alcanzaban 2,14 millones de toneladas, con cerca del 70% ya negociado a precio firme, mientras el contrato abril llegó a tocar u$s199 por tonelada, su máximo desde el inicio de la negociación.
La principal diferencia está en el tipo de cobertura que ofrece cada instrumento. Los futuros y opciones de A3 permiten cubrir de manera más directa el precio de la producción argentina, ya que están vinculados con contratos locales y, en determinados casos, contemplan entrega física.
Para un productor que busca fijar el valor de una cosecha futura, ese calce entre el contrato financiero y el activo que efectivamente comercializa sigue siendo una ventaja relevante.
CORN y SOYB, en cambio, permiten exponerse al mercado internacional de los granos mediante un Cedear. Eso implica que su precio en pesos depende de dos variables: por un lado, de la evolución del ETF en Wall Street y, por otro, del tipo de cambio implícito de los Cedears.
De esta manera, además de acompañar los movimientos del maíz o la soja, pueden aportar cierto grado de cobertura frente a una suba del dólar financiero.
Esa doble exposición es una de sus principales particularidades. Si el precio internacional del grano sube y al mismo tiempo aumenta el dólar financiero, ambos movimientos pueden potenciar el valor del Cedear en pesos. En sentido contrario, una caída del ETF puede compensar parte del efecto cambiario, por lo que no se trata de una cobertura pura ni del commodity ni del dólar.
A su vez, los Cedears ofrecen una operatoria más sencilla para determinados inversores, ya que no requieren administrar garantías ni márgenes diarios propios del mercado de futuros.
Por eso, más que competir de manera directa con A3, CORN y SOYB aparecen como instrumentos complementarios. Los futuros siguen siendo más precisos para cubrir producción local, mientras que los nuevos Cedears amplían las alternativas para quienes buscan combinar exposición a commodities agrícolas, diversificación internacional y cobertura frente al dólar financiero.
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