"Backrooms" vuelve a los cines tucumanos en una versión extendida
El terror que se esconde en el subconsciente.

Resumen para apurados
Hay películas de terror que buscan sobresaltar al espectador con golpes de efecto, monstruos o escenas sangrientas. Backrooms, en cambio, apuesta por algo mucho más inquietante: el miedo a los espacios vacíos, a lo familiar que de pronto deja de tener sentido y a la sensación de estar atrapado en un lugar que parece surgir directamente del subconsciente. Esa es una de las razones por las que la película se convirtió en una de las experiencias más originales del género en los últimos años y por las que su edición extendida, que llega hoy a los cines de la provincia, representa una buena oportunidad para volver a recorrer ese inquietante laberinto.
La historia tiene un origen poco habitual. Nació a partir de la leyenda urbana de internet conocida como The Backrooms, un fenómeno que comenzó con una imagen de oficinas amarillentas y pasillos interminables publicada en un foro y que, con el tiempo, fue creciendo gracias a miles de relatos creados por la comunidad. Ese universo encontró una nueva dimensión cuando el joven realizador Kane Parsons, que apenas era un adolescente cuando comenzó el proyecto, publicó una serie de cortometrajes en YouTube usando animación y efectos digitales. Su trabajo llamó la atención por su calidad cinematográfica y terminó convirtiéndose en la base para una película.
También te puede interesar: La Justicia interviene en un caso que involucra a una menor con resultado positivo para cocaína
Pero más allá de su origen viral, lo más interesante de Backrooms es su lectura simbólica. Las habitaciones repetidas hasta el infinito, los pasillos que parecen no conducir a ninguna parte y las arquitecturas deformadas pueden interpretarse como una representación del inconsciente. Cada espacio transmite una emoción distinta: ansiedad, desorientación, nostalgia o miedo. Es un terror que no necesita explicar demasiado porque funciona como los sueños, donde las reglas cambian constantemente y todo parece tener un significado oculto.


En ese aspecto, la película dialoga con conceptos del psicoanálisis. El espectador nunca termina de comprender por completo qué está viendo, del mismo modo que rara vez puede interpretar un sueño mientras lo está viviendo. Las pistas aparecen dispersas en pequeños detalles, objetos fuera de lugar, sonidos, luces o cambios casi imperceptibles en la escenografía que cobran sentido recién cuando la historia avanza.
Por eso Backrooms es una película que invita a ser revisitada. En un primer visionado domina la incertidumbre y la tensión. En el segundo aparecen conexiones que antes pasaron inadvertidas y comienzan a revelarse símbolos, referencias y patrones escondidos entre los escenarios. La edición extendida profundiza todavía más esa experiencia, incorporando momentos que enriquecen la construcción de ese universo inquietante y permiten descubrir nuevas capas de interpretación.
También te puede interesar: Investigan el robo y la golpiza a un hombre en Tilisarao
En tiempos en los que buena parte del cine de terror apuesta por fórmulas conocidas, Backrooms propone una experiencia distinta: menos preocupada por asustar de manera inmediata y más interesada en instalar una incomodidad que permanece mucho después de terminada la función. Quizás esa sea su mayor virtud. Como ocurre con los sueños más extraños, uno sale del cine con la sensación de que todavía quedaron rincones sin explorar. Y justamente por eso, volver a entrar en ese laberinto puede resultar incluso más fascinante que la primera vez.
- #espectaculos
- #backrooms
- #vuelve
- #cines
- #tucumanos
- #version
- #extendida
- #tucuman


