Antonio De Matos, coleccionista de arte santiagueño, expone "El legado de una pasión"

Por Emilio Marcelo Jozami / De la Redacción de EL LIBERAL

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Antonio De Matos, coleccionista de arte santiagueño, expone "El legado de una pasión"
Antonio De Matos, coleccionista de arte santiagueño, expone "El legado de una pasión"

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Antonio De Matos, coleccionista de arte santiagueño, expone "El legado de una pasión" Antonio De Matos, coleccionista de arte santiagueño, expone "El legado de una pasión"

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La muestra "El legado de una pasión", del coleccionista de arte santiagueño Antonio De Matos, continuará abierta hasta el próximo jueves 10, en Casa-Taller RS, Emiliano Santillán 2458, B° Sarmiento.

En una entrevista exclusiva con EL LIBERAL, el también politólogo, gestor público y escritor habló sobre su pasión por el arte, por los maestros santiagueños de la plástica que lo influyeron y por una pasión que no cesa.

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- ¿Cómo nace tu pasión por el coleccionismo de arte?

Decía en la presentación de la muestra, medio en serio y medio en broma, que el coleccionismo me tomó por sorpresa. Parafraseando a la calle: "Me hice coleccionista con el cuadro del lunes". No tuve un plan personal, deliberado, de adquirir obras en vistas a armar una colección; ni siquiera mostrar en una sala o en un museo a escala doméstica. Todo fue una feliz idea de Rodolfo Soria y Enzo Palavecino, que me propusieron darle visibilidad a un acervo particular, que técnicamente puede considerarse una colección.

- ¿Cuánto ha influido tu hermano Álvaro en cultivar este amor por las artes plásticas?

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La influencia de mi hermano Álvaro de Matos fue total. Tuvimos la dicha, junto a mi primo Sergio, de crecer bajo su poderoso y dulce influjo. Fue tutor, referente, el educador sentimental insuperable en mi vida. Recuerdo que en la casa de calle Urquiza, que alquilábamos, colgó los trabajos de Alfredo Gogna y Horacio Abate, los primeros cuadros en un hogar de clase media, que solo vestía sus paredes, hasta entonces, con fotos de familia, cuadros decorativos y espejos.

- ¿Qué obras de artistas santiagueños forman parte de tu colección y porqué los elegiste?

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Alfredo Gogna y Horacio Abate, que luego fueron mis profesores, ya estaban en mi hogar, como te decía. Mi primera adquisición fue un retrato que me hace Olga Correa de Álvarez. Me pide un día si quería posar y voy a su taller dos sábados consecutivos... Después, con los años, la curiosidad y la vanidad me llevan a comprarlo. En esos años de formación visito los talleres de Gogna, Abate, Ricardo Touriño y Juan Carlos Bejarano. A Juan, que era unos años mayor al resto del curso, lo visitábamos en su taller, en la Rodriguez, fascinados con el artista en ciernes. Eran frecuentaciones de mucho provecho para mí; recuerdo un viaje a Buenos Aires, junto a los profesores "Negro" Trejo y Rodolfo Soria, a ver la muestra de Chagall en el Museo Nacional de Bellas Artes. Un deslumbramiento: el viaje en tren desde La Banda, el folklore del viaje..., después Buenos Aires por primera vez, imaginate, la bohemia artística de la gran ciudad ante los ojos de un adolescente ávido de todo.

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- ¿Estas obras forman parte de un proyecto específico de coleccionismo?

Haciendo cuentas, salvo el retrato de Olga Correa, a los demás trabajos los fui adquiriendo cuando ya estaba en la universidad. Ya estaba en otra etapa, en otro contexto familiar: había fallecido mi hermano dos años antes de mi egreso. Adquirirlos, ahora que lo pienso, me sirvió para seguir en contacto con ese mundo, con ese pasado reciente en el que había sido inmensamente feliz. Mi proyecto, mientras estudiaba en la Academia, era seguir la carrera de crítico de arte. Me entusiasmaba la idea, había logrado destreza en reconocer escuelas, técnicas y sumaba lecturas obligatorias en historia del arte. Ese entreno me facilitó mucho las cosas para acercarme a las obras, elegirlas y comprarlas si tenía posibilidades. Aparte, los artistas de los que tengo obras, fueron profesores, o compañeros/amigos, como Christian Varas.

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La propuesta de la muestra me ayudó a reflexionar sobre el valor de la colección. Del valor patrimonial en sí, y del valor que ésta adquiere fuera de mi casa, en un lugar de acceso público como es la Casa-Taller RS. Es un cambio sustantivo, del que uno es consciente recién cuando ve gente que no es del circuito habitual, o personas del ambiente descubriendo trabajos de colegas en etapas desconocidas.

- ¿Existe un concepto determinado que une a las obras de tu colección?

Elijo las obras con el mismo sentido hedonista que recomendaba Borges para la lectura. Tienen que atraerme, fascinarme; disfruto que me produzcan ese placer físico, espiritual. Por formación y ejercicio puedo obtener más información de una pintura, por ejemplo, pero en el movimiento de predilección entran también elementos inconscientes, puramente subjetivos. Y un dato más: el impacto y el placer trascienden las posibilidades reales que disponga para la obra. No importa que no esté el espacio físico ¡ya!, la comunicación se ha establecido. Tampoco tengo la lógica del decorador - con perdón de los decoradores - de plantearme si hay juegos o rupturas de tonos y estilos con otros objetos de la casa. Eso carece de importancia.

- ¿Adquieres pensando en el gusto de la gente o con la convicción de cómo dialoga una pieza nueva con las que cuentas en tu colección?

Comprar una obra de arte o muchas obras de arte no equivale a poseer una colección. Te lo dice alguien que, por modestia o distracción, se enteró sobre la hora del asunto. Los móviles para comprar son diversos, y hay gente que procura el asesoramiento de expertos para invertir en lotes de obras o colecciones completas. O sea, que se puede ser coleccionista teniendo escasos saberes en la materia. Es bueno evitar la romantización de la actividad... Personalmente preferiría que haya muchos coleccionistas, como don Ernesto Barbieri, un mecenas que tuvo esta provincia allá por las décadas del 20, 30, del siglo pasado, un modesto comerciante comprometido con el fomento de las artes y la cultura santiagueña.

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