Alerta por la campaña de maíz en el NOA: altos riesgos, rindes dispares y rentabilidad al límite

Desde la Asociación de Productores Agrícolas y Ganaderos del Norte se advirtió que la combinación de plagas, costos logísticos y una presión fiscal asfixiante configuran un escenario crítico de cara al próximo ciclo. La Bolsa de Comercio de Rosario y la Bolsa de Cereales de Bueno…

Por David Correa7 min de lectura
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Alerta por la campaña de maíz en el NOA: altos riesgos, rindes dispares y rentabilidad al límite
Alerta por la campaña de maíz en el NOA: altos riesgos, rindes dispares y rentabilidad al límite

Desde la Asociación de Productores Agrícolas y Ganaderos del Norte se advirtió que la combinación de plagas, costos logísticos y una presión fiscal asfixiante configuran un escenario crítico de cara al próximo ciclo. La Bolsa de Comercio de Rosario y la Bolsa de Cereales de Buenos Aires confirman el diagnóstico.

La producción de maíz atraviesa uno de los momentos de mayor fragilidad en el NOA y NEA.

La campaña maicera 2025/2026 en el Noroeste dejó un balance complejo, marcado por una profunda disparidad productiva y una ecuación económica frágil. Así lo planteó la Asociación de Productores Agrícolas y Ganaderos del Norte (APRONOR) y pese a que el volumen general se ubicó cerca de la media zonal, remarcó que la realidad de los lotes mostró contrastes extremos, condicionados por factores sanitarios, ambientales y estructurales que golpearon de manera despareja a los productores de la región.

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El informe de la entidad que aglutina a productores de la región identificó a Dalbulus maidis y al complejo del achaparramiento del maíz como la principal limitante del ciclo, a lo que se sumaron la presión de Spodoptera frugiperda y lo que APRONOR describió como un evidente quiebre de la tecnología BT (cultivos agrícolas modificados).

El cuadro sanitario se agravó con factores climáticos adversos, con días nublados y con baja radiación lumínica en marzo -justo en el período crítico del cultivo- y vientos fuertes hacia el final del ciclo, que provocaron la caída de plantas y mazorcas. Frente a ese escenario, los productores debieron priorizar híbridos con mayor tolerancia, ajustar las fechas de siembra y sostener un monitoreo constante para no perder potencial de rinde.

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Pero el problema más grave, según APRONOR, no fue sanitario sino económico. Los incrementos sostenidos en los costos de producción, traccionados con fuerza por el aumento del gasoil, encarecieron tanto la cosecha como el transporte, al punto de convertirse en el factor que más golpea la rentabilidad de la región. "El impacto del flete se tornó crítico porque el 33% del volumen total de cada camión se destina exclusivamente a cubrir el traslado hasta los puertos, obligando al productor a afrontar el resto de los insumos de alto valor con el 66% restante", indicó a Ámbito Javier Martínez, secretario de APRONOR.

Esa distorsión estructural hizo que, incluso en los lotes con buenos rendimientos, la rentabilidad terminara siendo baja o directamente negativa, en particular bajo la modalidad de arrendamiento, transformándose en el principal foco de atención de cara a la campaña que viene, apuntó.

La salida de la cosecha también chocó con barreras operativas concretas debido a que las lluvias excesivas dejaron a la vista la falta de inversión y el deficiente mantenimiento de la infraestructura vial, lo que complicó el tránsito de camiones desde los lotes, se agregó desde la entidad. Y a esto se sumaron problemas de recepción y almacenamiento en los acopios locales -agravados por la elevada humedad del grano al momento de la cosecha-, además de tarifas logísticas elevadas que le restaron competitividad a toda la región.

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Para APRONOR, el maíz sigue siendo irremplazable en el esquema productivo del NOA.

El diagnóstico de APRONOR no es una excepción regional, ya que coincide con lo que viene relevando la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), a través de su Guía Estratégica para el Agro (GEA). Según sus últimas estimaciones, a las que accedió este medio, el maíz 2025/26 alcanzaría un nuevo récord de producción a nivel nacional, cercano a las 70,5 millones de toneladas, sobre una superficie sembrada de 11 millones de hectáreas. Sin embargo, ese volumen resultó menor al esperado inicialmente por el impacto combinado de la chicharrita y el spiroplasma asociado al achaparramiento, que le habría restado al país cerca de 2 millones de toneladas en el ciclo.

El propio informe de la BCR resume la magnitud del problema económico en la mirada de los técnicos consultados. Desde Chaco se remarcó que el maíz tiene la rentabilidad más baja de los últimos diez años. Allí calculan que sostener un esquema de cinco aplicaciones para controlar la chicharrita insume unos U$S 55 por hectárea, un gasto que hace apenas dos años era manejable desde lo técnico pero que hoy, sumado al resto de los costos, empuja al cultivo al límite de lo rentable.

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Ese combo de plaga y flete ya se refleja en las decisiones de siembra. Para la campaña 2026/27, la BCR proyectó una caída interanual del área maicera del 7,3%, equivalente a 600.000 hectáreas menos a nivel nacional, con el norte del país -NOA y NEA- entre las zonas donde el ajuste aparece más marcado. Aun así, con unas 10,4 millones de hectáreas previstas, seguiría siendo la segunda mayor siembra de maíz de la historia argentina, muy por debajo del récord de la campaña que se está cerrando.

El retroceso del maíz tiene, además, la contracara de que buena parte de esas hectáreas migrarían hacia la soja, cultivo que según las mismas proyecciones de la BCR ganaría alrededor de 600.000 hectáreas y volvería a crecer en área después de varias campañas en retroceso, señal de que los mayores costos logísticos y sanitarios están reordenando el mapa productivo del norte.

El relevamiento de precampaña de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) aporta una mirada algo más moderada a nivel país pero confirma el mismo fenómeno regional. La entidad porteña estimó de manera preliminar que el área por sembrar de maíz -sin considerar el cereal de consumo propio- sería de 8,40 millones de hectáreas para la campaña 2026/27, prácticamente sin cambios respecto del ciclo anterior e igualando la superficie del ciclo 2023/24.

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Esa estabilidad, sin embargo, esconde un fuerte reacomodamiento regional porque mientras algunas zonas núcleo ganarían hectáreas, el norte vuelve a quedar del lado de la retracción. "En el norte del área agrícola, tanto en el NOA como en el NEA, se proyecta una reducción del área destinada a maíz respecto de la campaña 2025/26, siendo más marcada hacia el NEA", señala el informe de la BCBA.

El propio relevamiento porteño identificó al gasoil como uno de los factores más determinantes de esa retracción porque, según su informe, el combustible fue el insumo que más se encareció, con una suba interanual del 48,7% que golpeó de manera directa la competitividad de la producción en el NOA y el NEA, justamente las regiones más alejadas de los puertos y, por lo tanto, más expuestas al costo del flete.

Para APRONOR, el maíz sigue siendo irremplazable en el esquema productivo del NOA porque el aporte de rastrojo bajo siembra directa protege los suelos de la erosión hídrica, incrementa la materia orgánica, mejora la infiltración de agua y funciona como herramienta clave de rotación para controlar plagas como el picudo negro de la soja.

De cara al ciclo 2026/2027 y bajo la influencia del fenómeno de El Niño -que en la región reduce las chances de un año seco-, el sector apuesta a estrategias de mínima labranza para evitar la degradación de los suelos. Pero las perspectivas advierten sobre un escenario de alto riesgo, ante la previsión de una primavera húmeda y una presión de chicharrita que no da tregua.

"Cada año que pasa quedan menos productores en pie. Producir a más de 900 kilómetros de los puertos, con condiciones climáticas adversas, una presión fiscal asfixiante, sin líneas de crédito accesibles y con costos logísticos confiscatorios, transforma al norte en una picadora de capital de trabajo.

Advertimos que el negocio maicero hoy tiene nula rentabilidad y pone en riesgo la rotación indispensable para nuestros suelos. Necesitamos previsibilidad, reglas claras y urgentes políticas estructurales si queremos seguir apostando al desarrollo productivo del norte argentino", señaló Macarena Ramos, vicepresidenta de APRONOR.

El planteo de APRONOR y los datos de la BCR y la BCBA describen el mismo diagnóstico. Es decir, un cultivo que a nivel país produce récords o se mantiene estable en superficie pero que en el norte pierde terreno campaña tras campaña, empujado por los fletes, la chicharrita y una ecuación de costos cada vez más difícil de cerrar.

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