Alejandro Werner: "La designación de Tenreyro no tiene nada con la relación del FMI con la Argentina"
Según el ex director para el Hemisferio Occidental del organismo, el país necesita sostener los lineamientos del programa económico instrumentado por el presidente Javier Milei para un crecimiento sostenido.

La semana que pasó dejó una noticia que ha convulsionado al mundo de las finanzas. La economista tucumana Silvana Tenreyro fue designada como economista jefa en el Fondo Monetario Internacional (FMI), cargo que asumirá el 10 de agosto en reemplazo del francés Pierre-Olivier Gourinchas, que volverá al ámbito académico. Paralelamente, el Gobierno nacional anunció que, a fines de mes, vendrá al país la directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva, como una señal a las medidas adoptadas por el presidente Javier Milei. Una y otra situación no tienen conectividad estrecha, al decir de Alejandro Werner, ex director para el Hemisferio Occidental del Fondo, que siguió muy cerca los programas acordados con la Argentina. "La designación de Silvana Tenreyro no tiene nada que ver con la relación del FMI con la Argentina", dijo el economista argentino, radicado en México, durante una entrevista telefónica con LA GACETA. Desde Washington, donde reside laboralmente, el economista dejó en claro una cuestión: el plan económico diseñado por Milei va en la senda correcta y las reformas estructurales planteadas deben continuar, más allá de quién resulta vencedor en las elecciones generales del año que viene.
-Con su experiencia en el FMI, ¿qué significa este cargo que se le asignó a Tenreyro en el organismo?
-Grandes académicos macroeconómicos del planeta han pasado por el cargo de Economista jefe del Fondo. El caso de Michael Mussa, Maurice Obstfeld y Olivier Blanchard. ESto es un reconocimiento a la carrera de Silvana, que es espectacular y creo que es merecido también. Dentro de la institución, ese cargo de Consejera Económica y Directora del Departamento de Investigación significará tomar las riendas de las publicaciones periódicas de coyuntura sobre la macroeconomía mundial, que gozan de la mayor reputación global, como el de Perspectivas que se publica semestralmente durante las reuniones anuales y de primavera del Banco Mundial y del FMI. También los análisis a cinco años del comportamiento de la actividad, con visión de largo plazo. Eso no es menor, ya que lleva bajo la lupa el comportamiento de las políticas económicas y financieras de los grandes países con influencia global. Y coordina el informe del sector externo, con el que se analice el balance de los países miembro y evitar posibles desbalances que tornen frágil a la economía internacional. Todo esto contribuye a que los países tomen decisiones para evitar movimientos súbitos en el tipo de cambio, en las tasas de interés y en eventuales cambios en los mercados financieros internacionales. Toda la agenda de investigaciones la lleva el departamento de Research. A su vez, contribuye al diseño de políticas de reestructuraciones de deuda y cómo deben llevarse a cabo.
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-Todo esto conlleva a un conocimiento integral tanto de mercados consolidados como también de los emergentes...
-En su rol de Economic Counsellor, Tenreyro se convertirá en la asesora principal de la Managing Director, Kristalina Georgieva. Los que ocupan ese cargo tienen conocimientos profundos de investigación de mercado. Por ejemplo, Olivier Blanchard fue un gran macroeconomista europeo y académico con conocimiento pleno sobre Europa y así brindaba las recomendaciones primero a Dominique Strauss Kahn y luego a Christine Lagarde. En mi paso por el Fondo, observé que entonces había economistas jefes con más fortaleza en economías avanzadas que en las emergentes. Tenían más input en las discusiones sobre esas cuestiones. En el caso de Tenreyro, el Fondo contará con una economista más balanceada, con una académica que creció en la economía europea, pero con un conocimiento importante en el desenvolvimiento de los mercados emergentes. Tal vez va la Argentina, pero no pueda negociar por aquellas cuestiones de conflicto de intereses. No es su rol, además, desde el punto de vista operativo. Sin embargo, veo en ella a una economista que puede dar sus puntos de vista en cuestiones relevantes y valiosas para América latina y los emergentes.
-¿Es casualidad que la nominación de Tenreyro se realice justo cuando la Argentina tiene una cartera de más de U$S 55.000 millones en el Fondo y una veintena de programas ejecutados?
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-Creo que es casualidad. Esto es un reflejo de la carrera de Silvana y que nada tiene que ver con la situación y con la relación de la Argentina con el FMI. Lo que probablemente refleja es que Kristalina Georgieva quiera tener un ojo en los mercados emergentes, que no sea solamente el de un experto en economías avanzadas. Que la búsqueda recaiga en una argentina no tiene nada que ver con las decisiones estratégicas del organismo, sino con las habilidades de la profesional seleccionada. Es cierto que en las últimas dos décadas, en la institución se ha dejado un poco de lado el conocimiento de las economías emergentes y se volcó más a consolidar la situación de las economías avanzadas. No hay que perder de vista el contexto. Veníamos de una crisis financiera global, entre 2007 y 2008, y luego pasó la pandemia de la Covid. Llevamos casi 20 años en los que el driver y gran parte de los análisis y problemas estuvieron dentro de lo que se conoce como The Great Moderation (N.de la R.: un concepto económico que describe un período de estabilidad macroeconómica que, se caracteriza por una reducción notable en la volatilidad en el PBI, la producción industrial y la inflación, desde mediados de la década de 1980 hasta la crisis de 2008), con bajas tasas de interés, baja inflación y crecimiento. En ese período de crisis global, el Fondo se metió en Europa, vino la Covid y se sucedieron las crisis argentinas, la de Ecuador, Egipto y Ucrania. En consecuencia, creo que Georgieva ha considerado que ahora se necesita una Chief Economist emergente, como lo fue en su momento Jacob Frenkel (un israelí que ocupó esa posición entre 1987 y 1991), que tenga el conocimiento de las dos parte del mundo. En eso, insisto, Silvana tiene una trayectoria sin discusión, ya que se mueve entre esos dos mercados. No creo que tenga nada que ver su ascendencia. Lo que es importante es que es la primera economista de un país proveniente de los mercados emergentes como el de Argentina, más allá de la experiencia de Israel. Hablo de los casos de América latina, como Brasil o México. Tampoco podemos perder de vista la etapa de India, con Raghuram G. Rajan como economista jefe (2003-2007).
-¿Cómo debe interpretarse la visita que, a fines de mes, realizará Kristalina Georgieva a la Argentina?
-En otros períodos también se registraron visitas de directores gerentes del Fondo. Por caso, Michel Camdessus llegó a la Argentina durante la presidencia de Carlos Menem. El francés tuvo mucha interacción con el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo. Fue una relación buena y muy cercana. Otra visita fue la de Christine Lagarde, en varias oportunidades, cuando Mauricio Macri era el presidente argentino. Construyó agendas bilaterales en el marco de los programas. Estuve en esas reuniones, con cenas en la Quinta de Olivos, encuentros con autoridades del Banco Central y con empresarios del país. Creo que la visita de Kristalina cumple dos funciones. Una hacia la Argentina, en la que, dentro del portafolio, se observa la situación que enfrenta el país con una economía que va a dos velocidades, en la que no están creciendo las actividades más intensivas en torno de la generación de empleos. En cierto sentido, me da la impresión que el Fondo cree que se está desarrollando una transición importante y que avala uno de los objetivos buscados. Los procesos no son lineales y surgen algunas dudas porque la inflación no baja 30 puntos porcentuales cada año; es más lento y luego se estabiliza. La situación en la Argentina no es diferente a la trayectoria que siguen en otros ejercicios de estabilización exitosos. El rebote es importante, pero también se toma en cuenta el ciclo político en la Argentina. Para una transformación tan profunda como la que se está observando en el país, resulta relativamente corto un período de gestión de cuatro años para desarrollar el plan. Otros casos, como por ejemplo México al que conozco de cerca, tienen seis años de gobierno. Hacer presencia puede ser interpretado como una señal interna del FMI hacia el programa económico actual para una transformación más profunda. El segundo objetivo es más bien hacia el Fondo, mostrando a los accionistas que la directora gerente estuvo en un país en el que el FMI tiene la mayor exposición financiera. Es una demostración que, pese a la era de los zoom con los que se mantienen los debates desde Washington, se viaja a un país a constatar los datos que los equipos recabaron. Tratará de mostrar a los grandes accionistas que estuvo en contacto directo con el Presidente, con los empresarios y que le tomó el pulso a lo que los equipos informaron. No hay que perder de vista que se viene un año complejo, de elecciones. De allí que Georgieva crea que es conveniente tener los cables a tierra, desarrollando sus propias relaciones. En resumen, un objetivo es hacia la sociedad argentina y el otro hacia la membresía del Fondo.
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-¿Cuáles son los desafíos y las oportunidades que se les presentan a la Argentina?
-Diría que hay tres. Estratégicamente, la Argentina está bien posicionada, siendo una economía basada en recursos minerales, con potencial desarrollo del área energética. Adicionalmente, tiene la dinámica agropecuaria. Argentina se vuelve una contraparte relevante en términos de productividad por el tamaño del mercado para potenciar su futuro. Además es confiable en la oferta de productos primarios, energía, minerales y alimento porque no está en el centro de algún conflicto geopolítico que lleve a suspender, por ejemplo, sus exportaciones. La parte agropecuaria tiene el potencial de siempre, con cierta estabilidad que puede derivar expansiones. Un segundo aspecto está vinculado con el proceso de estabilización de la economía, Más allá de la simpatía o no que se pueda tener con el presidente Javier Milei, la gran mayoría de los economistas destaca el proceso de ajuste importante que tiende a llevar al país hacia una flexibilización cambaria con una política monetaria moderna para un mercado emergente. Lo mismo que la idea de aplicar reformas en la carta orgánica del Banco Central. Esa es la parte macro, aquello que todo el mundo decía que iba a hacer, pero que hoy, objetivamente, lo está concretando Milei, con un nivel de convencimiento en la parte fiscal, con aquello de achicar el tamaño del sector público. Una economía como la Argentina no puede vivir con el 40% del PBI en gasto público, ya que ahoga la economía y mata al sector privado y a la productividad; no hay manera de hacer corrección fiscal con una base tributaria que tenga que financiar un 40% el gasto público con el PBI. Eso es la base de la transformación de la macro en la economía argentina. Esto lo está desarrollando el Presidente junto con su ministro Federico Sturzenegger. Y lo tercero para destacar es que Argentina se ha convertido en uno de los pocos mercados emergentes donde ves a un presidente que está convencido de la agenda económica que quiere instrumentar. Tiene un conocimiento y convencimiento analítico y empírico y no viene de una conveniencia política.
-¿Qué es lo que se modifica con esa visión?
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-Tal vez el Presidente cree que para él cumplir su agenda económica es bueno, pero el convencimiento viene del estudio y del análisis de lo que necesita la Argentina. No es un Presidente que cada dos meses está pensando en qué avanzar en la política y, al final del día, debilita el programa de estabilización, con desviaciones que llevan a lograr algún objetivo político a tres, seis o nueve meses. Cualquier gestión, después de hacer esto, puede decir que está lejísimo de donde quería estar desde el punto de vista de su política económica. Los mercados entienden eso y luego dicen que esa política no sirve. No es el caso de la ruta elegida por el presidente Milei. Creo que esas tres condiciones posicionan a la Argentina ante el mundo, siendo un mercado con materias primas estratégicas y que tiene un potencial de desarrollo importante, con amplio apoyo presidencial. Obviamente que el riesgo político sigue gravitando por encima de todo lo que podemos decir acerca de la inversión. La gran reforma estructural de la Argentina es que las próximas elecciones, no por necesidad ni por hartazgo social, se desarrollen por convencimiento y se vote por una posición política convencida en mantener el core del modelo económico actual. Si se va en esa dirección, el país tiene futuro y el del bueno. Si por razones de corrupción, biológicas o sociales, la sociedad argentina quiere modificar ese modelo, la economía sufriría mucho, ya que el costo sería alto. En suma, la reforma estructural que falta para la Argentina es una elección en la que se imponga una opción que mantenga los grandes lineamientos económicos actuales. Después de ocho año de transformaciones, la Argentina estará bien posicionada y mostrando señales muy claras de crecimiento y de desarrollo que puedan convertirla en una historia de éxito en América latina. De otro modo, el país volverá a aquella historia de ciclos económicos cambiantes que se han observado a lo largo de las últimas cinco décadas.
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